Altavoz

Los nuevos mercaderes

– “Buenos días”- dijo el Principito. – “Buenos días”- dijo el mercader. Era un mercader de pastillas perfeccionadas que calmaban la sed. Uno tomaba una por semana y no sentía la necesidad de beber. – “¿Porque vendes esto?”-, pregunto el Principito. – “Se ahorra mucho tiempo”-, dijo el mercader, “los expertos han hechos varios cálculos....
| 1 agosto, 2019 18.08
Los nuevos mercaderes
Foto: CC.

– “Buenos días”- dijo el Principito.

– “Buenos días”- dijo el mercader.

Era un mercader de pastillas perfeccionadas que calmaban la sed.

Uno tomaba una por semana y no sentía la necesidad de beber.

– “¿Porque vendes esto?”-, pregunto el Principito.

– “Se ahorra mucho tiempo”-, dijo el mercader, “los expertos han hechos varios cálculos. Se ahorraran cincuenta y tres minutos por semana”

-”¿Y que se puede hacer con esos cincuenta y tres minutos por semana?”- pregunto el principito.

– “Cada uno hace lo que quiere….”

– “Si yo tuviera 53 minutos libres -dijo el principito- me acercaría caminando lentamente a una fuente”.

Antoine de Saint-Exupéry. “El Principito”.

Con este extracto de la obra El Principio, comienza uno de los pensamientos de una deliciosa obra de María Novo titulada “Despacio, despacio” en la que la autora lleva a una reflexión acerca de los beneficios que podría tener practicar una desaceleración de nuestros modos de comportamiento, de una serie de actividades que desempeñamos a diario y que no somos conscientes de que realizamos a toda velocidad.

¡Nos falta tiempo!

O a veces, eso creemos…

Por eso, esta creencia tan extendida y en ocasiones real, hace que si un mercader de hoy en día nos ofrece sus mágicas píldoras, o si alguien nos cuenta su experiencia con ellas, hace que automáticamente caigamos en la cuenta de que algo hemos hecho mal si no hemos sucumbido a las magníficas oportunidades de ser felices que la sociedad actual nos ofrece para suplir esa falta de tiempo.

Por ejemplo, las que nos inundan provenientes de las grandes compañías de todos los sectores haciendo que no tengamos que poner el pie en la calle para poder tener lo que realmente necesitamos para ser dichosos, y que muchas de ellas se encargan de recordarnos a través de la publicidad utilizando fórmulas tan impactantes como “ a domicilio” “entrega en 24horas” o “cómodamente en su casa”.

De este modo podemos encontrar la plenitud estando plácidamente en nuestro hogar y sin correr los grandes riesgos que supone cruzar el umbral de la puerta, tener que caminar, saludar y relacionarnos hasta llegar a una incómoda tienda donde es necesario intercambiar una serie de palabras, gestos y hasta saludos con aquella persona que nos deberá de atender para que consigamos nuestro objetivo.

Curioso como esta sociedad actual heredera y parte de este mundo capitalista en el que consumir, poseer y acaparar es sinónimo de ser feliz, crea unos problemas generando unas necesidades, para después aportar soluciones que no hacen sino volver a hacernos sentir mal si no accedemos a ellas…

Y así, nos vemos inmersos en una continua espiral que beneficia especialmente a unos pocos, y en el que la máxima es que no tengamos tiempo o si lo tenemos, no lo usemos para pararnos y pensar.

Como en todos los ámbitos, las nuevas tecnologías y los avances que de ellas se derivan resultan ser un arma de doble filo que sin darnos cuenta nos pone en una incómoda situación por que nos exigiría una reflexión, un pensamiento para el cual normalmente no tenemos tiempo, y que si no la ejercemos nos lleva a convertirnos en meros títeres en manos de aquellos que son los que saben lo que nos conviene.

No quisiera no obstante, poner en duda lo apropiado y útil de determinados servicios y opciones que son de tremenda utilidad aplicado a personas con dificultades, ya sean personales como falta de movilidad debido a alguna enfermedad, a personas dependientes o a aquellas que viven en alguna parte de la España vaciada en la que no hay comercios especializados, farmacias, entidades bancarias o ni siquiera un lugar donde comprar el pan y la leche.

Sin embargo, y paradójicamente, en estos lugares es difícil que las grandes compañías de comercio electrónico aporten las mismas soluciones que en las grandes ciudades por algo que las personas nos empeñamos en no entender: las personas y los lugares lo somos en cuanto que somos RENTABLES…

De este modo, si no tenemos cobertura móvil, o aun menos opciones de tener una conexión a Internet es por que no somos lo suficientemente rentables económicamente hablando, claro.

Nos encontramos de este modo como veíamos, con que las nuevas tecnologías consiguen acentuar una de las premisas que el capitalismo primero a través de la producción en masa, y más tarde la publicidad, consiguieron imponer en nuestros esquemas mentales y es el hecho de crearnos necesidades que no lo son, de modo que sintamos la sensación de que sin ellas no podremos jamás ser felices….

Una compañía multinacional nos ha hecho ver en los últimos años que gracias a sus cápsulas de café mágicas podemos tener en nuestra casa en pocas horas, cuales píldoras que quitan la sed, algo cercano a la excelencia…

Ofrecen servicios de entrega a domicilio incluso en menos de dos horas lo cual habla muy bien de dicha empresa, así que llevado por la curiosidad me convenzo de que mi felicidad puede estar más cerca, aunque pronto se esfuma cuando tengo que introducir mi código postal y recibo un mensaje amable y jovial que me dice que …no me pueden dar servicio… así que tendré que hacer eso tan desagradable y antediluviano de salir a la calle, ir a una tienda, o al bar del pueblo, pedir un café en la barra y tener que soportar esa horrible experiencia de socializar y tener que intercambiar alguna palabra con alguna de las personas que encuentre por el camino o en el mismo bar… ufff…. ¡Asco de vida!

Qué pena no vivir en una de esas ciudades a las que te llevan el café a casa en un momento y curiosamente, son las que concentran el mayor número de boutiques que esa firma tiene distribuidas por el territorio nacional.

Yo trabajo en el mundo de la logística y el transporte desde hace veinte años… he vivido y vivo en las prisas continuas…

Es indudable que en los últimos años el desarrollo del comercio electrónico ha permitido a muchas personas y empresas ofrecer sus productos y servicios a un mayor número de personas puesto que cualquier producto está, a través de Internet, visible en todo el mundo y esto ha sido algo que ha servido de revulsivo a pequeños productores, artesanos y comerciantes que ven ante si la oportunidad de vender en el mundo entero.

Por supuesto para las empresas de transporte supuso posibilidades de ganar dinero, nuevas opciones de desarrollo que aparecen como “oportunidades” (nótese que cuando hablamos de oportunidades siempre hay un concepto implícito… y es el de oportunidades de negocio, de ganar dinero, no de ser más felices, de mejorar las condiciones de trabajo disponiendo de más tiempo para estar con los hijos etc.).

Pero sería también importante pensar, reflexionar y ser consciente de lo que hay detrás de estas nuevas formas de consumo que hacen que estas empresas cuenten con personas y vehículos dedicados a servir a un publico que se ha acostumbrado a exigir cada día más que se reduzcan los tiempos y los precios al tiempo que se aumenta la calidad de los productos y el servicio…

Miles de trabajadores, repartidores, personal de atención al cliente y seguimiento, sufren cada día unas condiciones más precarias y estresantes de trabajo.

A día de hoy repartidores que hace años hacían 70 repartos al día, han pasado a gestionar hasta 120 entregas, lo que se complementa con recogidas y siempre bajo una presión a través de unos horarios que comienzan a las 6 de la mañana y se alarga durante más de 12 horas con el agravante de que trabajan conduciendo un vehículo, muchas veces pesado.

Recientemente tuve la oportunidad de hablar con un viejo colega del sector con años de experiencia al volante y detecté el hartazgo y la desesperación de un conductor que comienza a las 6:30, acaba hacia las 20:30 y que pasado un rato compartiendo su experiencia y contándome las vicisitudes de su día a día, llegó a confesarme que no era feliz.

No es habitual lo que voy a decir y a mucha gente le podrá parecer hasta raro … pero ahí va..
¿Y si reflexionamos? ¿Y si dedicamos un poco de nuestro tiempo a pensar si hacemos un correcto uso de las nuevas formas de consumo y de la tecnología buscando lo que nos aporte para ser más felices?

Quizás entendamos y seamos por fin conscientes de que estamos en manos de un eficaz sistema que nos dirige sin que lo pongamos en duda. Nos genera necesidades, nos impone un esquema en el que nos falta tiempo, tiempo de calidad que jamás utilizamos para pensar por que estamos ocupados en evadirnos a través de nuestros dispositivos móviles pidiendo cápsulas de café o prendas de vestir que llegarán de otro continente y que nunca nos pondremos, y finalmente nos aporta soluciones a los problemas que nos han generado y que redundan en lo mismo, en que ese sistema se retro-alimente.

En definitiva un sistema que se muestra infalible gracias a personas que, como nosotros, nos dejamos llevar sin pensar.

Quiero pensar que a lo mejor un día nos dirigimos a la fuente como la de El Principito en forma de pequeño comercio, de tienda o de bar y compramos o nos tomamos un café junto a un repartidor que milagrosamente ha acabado su jornada laboral y que tiene también la opción de intercambiar unas palabras, pensamientos o un simple saludo.

1 agosto, 2019

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