Los negros domésticos del jardín europeo

04 enero, 2024. 12:15

Había dos clases de negros: el negro de la casa y el negro del campo. Y el negro de la casa siempre cuidaba la casa de su amo. Cuando el negro del campo se salía mucho de la línea, él lo ponía de nuevo en la plantación. El negro de la casa podía hacer esto porque vivía mejor que el negro del campo. Comía mejor, se vestía mejor y vivía en una casa mejor. Él vivía al lado de su amo, en la azotea o en el sótano. Él comía la misma comida que su amo, y se ponía la misma ropa. Y hablaba como su amo, con buena pronunciación. Amaba a su amo más de lo que su amo se amaba a sí mismo, por eso no quería que le pasará nada a su amo. Cuándo su amo estaba enfermo decía ¿qué pasa jefe, estamos enfermos? Cuando la casa del amo se incendiaba, él trataba de apagar la casa, él no quería que la casa del amo se quemará. Él nunca quería que la casa de su amo fuera amenazada, él la defendía más que su amo. Ese era el negro de la casa.

Pero también existían los negros del campo que vivían en chozas, no tenían nada que perder. Se vestían con la peor clase de ropa, comían la peor comida y vivían en un infierno; ellos sentían el ardor del látigo. Ellos odiaban a su amo. Lo odiaban de verdad. Cuando el amo estaba enfermo rezaban para que muriera. Cuando la casa estaba ardiendo rezaban para que llegará viento fuerte. Siempre había más negros en los campos que en la casa. Esa es la diferencia entre los dos. Hoy en día todavía existen los negros de la casa y los negros del campo.

[...]

Igual que el amo de aquellos tiempos usaba al negro doméstico para mantener a raya a los negros del campo, el mismo viejo amo tiene hoy a negros para mantenernos a raya a tí y a mí, para tenernos controlados, mantenernos pasivos, pacíficos, no violentos…

Malcolm X, Mensaje a las bases.

Perdón por la extensión de la cita. Pero pocos símiles más acertados pueden existir para describir la actitud de la izquierda parlamentaria en estos días que corren. A toda la izquierda parlamentaria me refiero, según las coordenadas, cada vez menos útiles, de la geografía parlamentaria. No podemos ser el negro de la casa. No podemos ser los que digamos qué bueno es el amo socioliberal, queremos al amo. Hay que proteger al amo socioliberal, porque hay un amo aún peor. Hay un amo aún peor que no nos perdonará ningún latigazo, porqué hay que reconocer, te dirán orgullosos y triunfalistas, que el amo actual nos perdona alguno. Hay un amo aún peor que se comerá sus sobras para estar más gordo en vez de dárnoslas. El amo actual nos deja elegir al verdugo que nos explotará, el amo que puede venir no nos dejará elegir. El negro de casa le tiene miedo al amo que puede venir, pero ama a su amo actual.

Y si el amo nos quiere mandar a la guerra si acaso cuando estemos sirviendo su cena, sin levantar la vista del suelo y guardando el respeto hacia sus tradiciones y normas le preguntaremos educadamente si podemos no ir a la guerra; su respuesta será que para seguir teniendo nuestro lecho en la azotea o el sótano de la casa debemos ir a la guerra. Iremos a la guerra; lo dice el amo.

El negro de la casa dedicará sus esfuerzos a limpiar, ordenar, a rogarle al amo unos gramos más de pan u otra manta mugrienta para su lecho. El negro de la casa acabará diciendo al negro del campo que si él no está en la casa es porque no se porta bien con el amo. Le dirá que el amo atiende a razones, el amo es un señor blanco ilustrado, el amo quiere protegernos, el amo cree en la democracia y si el amo protege las vallas de la plantación es por el bien de los negros; ya que lo que hay más allá de la plantación es la salvaje selva. El negro de casa dirá que hemos luchado mucho para que unos pocos negros, los que se lo merecen, los que trabajen mucho y bien, lleguen a dormir en la casa del amo; y que si nos comportamos mal con el amo los echará de la casa y nunca jamás ningún negro saldrá del campo. Nos dirá que si levantamos la voz, que si nos rebelamos estamos poniendo en riesgo las concesiones del amo.

El negro de la casa acabará hablando solo para otros negros de la casa. Porque aunque negro, su vida es hablar con el amo, imitar al amo en su vestimenta, en su forma de andar, de comer y hasta de pensar. El negro de la casa que en su origen era un negro del campo, deja de ser un negro del campo.

Mientras tanto los negros del campo y los negros de más allá de la plantación siguen sufriendo latigazos. Millones de familias con problemas para pagar la casa, trabajadores que siguen siendo despedidos por una miseria aunque en su contrato ponga “contrato indefinido”, trabajadores que ven como suben los bienes básicos como la luz, el aceite, el azúcar, el pan, la fruta, la carne o el pescado y sus salarios no, o que ven como sin alternativas de transporte cada vez les cuesta llenar más el depósito del coche para ir a trabajar. Jornadas extenuantes, horas extras sin pagar, dedos chafados por máquinas, muertos por trabajar bajo olas de calor, vidas segadas, literalmente, por la precariedad laboral, etc. Crisis de cuidados. La salud mental bajo mínimos. La sanidad pública en serio peligro de desaparecer. Más allá de la plantación decenas mueren todos los días en las aguas del mediterráneo, Israel cometiendo un genocidio en Palestina con el apoyo de la OTAN y la UE (con la participación de España y el beneplácito de su Gobierno), la barbarie generalizada en buena parte del mundo, tasas de explotación nunca vistas en la historia del capitalismo etc. Y el medio arrasado como siempre por la voracidad del capital.

Con limitadas y honrosas excepciones a nivel local y regional no hay hoy negros del campo en las instituciones que planteen transformar la realidad, realidad capitalista e imperialista. Negros de la casa rebotados vendrán ahora a los campos con discursos radicales. Pero al negro del campo no se le engaña, solo quieren volver al calor de la casa del amo.

Los negros del campo somos los que sufrimos la explotación en nuestras carnes. Los negros del campo sabemos que somos iguales que los negros que hay más allá de los límites de la plantación. Los negros del campo siempre somos más. En la casa del amo no cabemos todos y aunque cupiéramos nos da igual porque no queremos vivir con, ni cómo el amo. Odiamos al amo. Los negros del campo necesitamos nuestra organización y nuestro partido, no nos valen los partidos de los negros de la casa. No hemos venido aquí para hacernos un hueco, ni para mejorar la casa del amo. Hemos venido para tirar la casa abajo y poner al amo a trabajar.

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