Las muertes por accidente laboral son un problema estructural y este 2024 ya han muerto 13 personas en Aragón

Muere un trabajador en un accidente laboral en una fábrica de Verallia en Cuarte de Huerva y, con esta, ya son 13 las muertes por accidente laboral en lo que llevamos de año y la segunda en 24 horas, ya que este lunes murió cerca de Valareña, en el término municipal de Exeya, otro trabajador tras sufrir un accidente con el camión que conducía.

Las muertes por accidente laboral son un problema estructural y este 2024 ya han muerto 13 personas en Aragón
Foto: Umit Yildirim en unsplash

Las muertes por accidente laboral no son algo aislado ni marginal, sino que son un claro problema estructural. El año pasado fallecieron por causas laborales 41 personas en Aragón y 721 en el Estado español. Y, a nivel mundial, según datos del 2023 de la OIT, cerca de tres millones de personas mueren al año como consecuencia de accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo y 395 millones de trabajadores sufrieron lesiones laborales no mortales. Asimismo, según cifras del Ministerio de Trabajo, desde 1988 ha habido más de 42.000 muertes en el ámbito laboral en el Estado español.

Sin embargo, tras una muerte por accidente laboral, no se visualizan las causas reales que han podido detonar en dicha muerte. El miedo a perder el empleo, la medicación que toman de forma habitual muchas trabajadoras en los call centers para combatir la ansiedad, las nulas condiciones laborales de las personas inmigrantes sin papeles que recogen la fruta de sol a sol, el acoso laboral constante, las jornadas interminables, etc, son violencias totalmente normalizadas en nuestras sociedades. Violencias que, posteriormente, muchas de ellas derivan en muertes laborales.

Un estudio mundial realizado entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), concluyó que “la exposición a largas jornadas laborales (≥55 horas/semana) es común y causa grandes cargas atribuibles de cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares”. Dicho estudio señaló, además, que “las jornadas laborales prolongadas provocaron 745.000 defunciones por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica en 2016”.

Una terrible realidad que muchas veces se maquilla o se le quita importancia, asumiendo discursos que hablan de estas muertes laborales como “una tragedia” o como una “una catástrofe”. Términos que contribuyen a generar un marco mental en donde dichas muertes son vistas como sucesos inevitables y, por lo tanto, se invisibiliza la responsabilidad política que habría tras ellas. Pero no, las muertes por accidente laboral no son ni una tragedia ni una catástrofe; son producto de la violencia estructural sobre la que se configura el modelo de relaciones laborales capitalista y, evidentemente, tiene responsables.

Pero, para erradicar esta violencia laboral, no basta, simplemente, con exigir medidas políticas al gobierno de turno, sino que hay que combatir esta violencia desde el primer momento en que se verbaliza. Ya que, la muerte por accidente laboral es la culminación de todo un proceso de violencia contra la clase trabajadora que tiene su origen y legitimación inicial en la palabra. Veamos algunos ejemplos:

  • Gerardo Díaz Ferran, expresidente de la CEOE (año 2010): "Hay que trabajar más y ganar menos para salir de la crisis".
  • Joan Roig, presidente de Mercadona (año 2012): "Que piensen más en los deberes que en los derechos".
  • Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid (año 2024): “La gente prefiere no trabajar”.
  • Felipe González, expresidente del gobierno español (año 2011): “No podemos vivir 30 años más que hace solo 60, o 70 u 80, trabajar 20 años menos y creer que es viable cualquier tipo de sistema de pensiones".
  • Pepe Álvarez, secretario general de UGT (año 2023): “Una persona que rechaza una oferta de trabajo, ofreciéndole formación y teniendo cualidades y cualificaciones para poder hacerlo, desde luego es una persona que si está recibiendo un subsidio público, ya sea de desempleo o ingreso mínimo vital (IMV), el país debe plantearse si debe seguir cobrándolo o no".

Estas declaraciones pueden parecer anecdóticas o, hasta en cierta medida, irrelevantes, pero son un ejemplo que representa muy bien el sentido común neoliberal asumido, por supuesto, por la derecha y la extrema derecha, pero también por gente y líderes supuestamente progresistas. Unos discursos propagados en los medios de comunicación que son la punta del iceberg de un sistema que criminaliza y culpabiliza a las personas trabajadoras de su situación, y que sigue sin cuestionar el modelo de relaciones laborales actual construido bajo los cimientos de las miles y miles de personas que siguen perdiendo su vida en el trabajo.

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