En la asamblea de Podemos Aragón del 15 de marzo, a la que asistí como militante, la secretaria general, Ione Belarra, reiteró con absoluta rotundidad la negativa de Podemos al aumento de los gastos militares, tanto si la propuesta pasa por el Parlamento como si pretenden hacerlo a “escondidas”. Lo reiteró hasta el punto de que dedicó el 95% de su discurso a este tema.
La escuché atentamente y estoy totalmente de acuerdo, ninguna pega en ese sentido. Sin embargo (y es una contradicción porque he dicho que sin ninguna pega), en mi opinión faltan argumentos.
No faltó el argumento de que los gastos en armamento se harán a costa de los servicios públicos, por mucho que se empeñe P. Sánchez en hacernos creer lo contrario. A eso ya nos tiene acostumbrados. Lo harán seguro, él o quien venga detrás de él. En el mejor de los casos, no habrá el aumento presupuestario en esos servicios públicos. Aumento absolutamente necesario en sanidad (cada vez se precariza más en beneficio de la privada), educación, dependencia, infraestructuras (algunas carreteras piden inversión agritos), etc.
En ese argumento hay que insistir y se insiste, pero me parece insuficiente. ¿POR QUÉ?: Porque los nuevos señores de la guerra (Von der Leyen, Borrell, P. Sánchez, el nuevo Napoleón Macron, etc.) son expertos en juegos malabares y van a intentar embaucarnos con el peligro de invasión, por parte de Rusia, de una parte de Europa y con que, para intentar evitarlo, si hacen falta sacrificios se hacen. Todavía no se han metido a fondo en esos argumentos y ya ha calado esa idea en la población y en las encuestas de opinión, pero cuando lo hagan de verdad nos van a achicharrar hasta hacernos creer que los sacrificios merecen la pena.
Y a eso me refiero cuando digo que hay que ir también a otros argumentos. A que es mentira que haya el mínimo riesgo de una invasión de Rusia a corto o medio plazo. Y si se refieren al largo plazo, nadie sabe lo que puede pasar, y menos después de lo que estamos viendo con Trump y el giro que está dando la situación geoestratégica y la propia evolución de las posiciones en relación a la guerra de Ucrania. Lo que hace cuatro días era blanco, ahora es negro. No tienen vergüenza. Y nosotros a verlas venir.
En última instancia, a largo plazo puede pasar cualquier cosa, hasta que el cambio climático se nos lleve a todos por delante. En cambio, no hacer nada por evitarlo. Mejor sería reducir los gastos militares y dedicarlos a combatir el cambio climático.
Son mentiras, insisto, porque de entrada, Putin no es tan malo como dicen. Ni lo era cuando tenía acuerdos comerciales muy favorables para Europa, que con la guerra hicieron volar por los aires (de ahí la provocación), ni es tan malo ahora. Quizás la nueva amistad de Trump le convierta en lo que dicen que es. Por aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”.
Tampoco es creíble que en los planes de Rusia esté el deseo de invadir ningún país, ni siquiera de su entorno. Lo de Ucrania es otra historia muy diferente a lo que nos han vendido. Lo de Ucrania tiene que ver con que querían meter a la OTAN en las puertas de Moscú, incumpliendo las promesas hechas a Gorbachov, en relación con la disolución del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS. Y tiene que ver con la defensa de la población rusa del Donbás, masacrada (14.00 muertos) por el régimen de Zelenski, entre 2014 y 2022, tras la entrada en vigor de un alto el fuego. Incluso después de ser firmado el acuerdo de Minsk el 15 de febrero de 2015. Un año antes, el 2 de mayo de 2014, se produjeron los asesinatos de Odessa, en donde una muchedumbre marchó por las calles en apoyo al referéndum. Atacados por parte de la ultraderecha abiertamente nazista y fuertemente armada, tuvieron que refugiarse en la casa de los sindicatos que fue incendiada con ellos dentro, con un saldo de 14 muertos y medio centenar de heridos. Así funcionaba la Ucrania proatlantista.
De esto se hablaba, poco pero se hablaba, en algunos medios y algunas tertulias al principio de la guerra. Con el paso del tiempo han impuesto el relato monocorde: que Putin es un dictador, un genocida, un criminal capaz de matar en cualquier lugar del mundo, y que Rusia quiere someter a toda Europa al más puro estilo colonialista o imperialista, como hacían las potencias occidentales. Y mira por donde, estos mismos días nos cuentan que ahora, con Trump, EEUU y Rusia quieren repartirse Ucrania.
Pero, ¿en qué quedamos: el malo no era Putin? Pues parece que el cotarro lo sigue dirigiendo Trump, pero “obligando” a Europa a ser el gendarme en la defensa de Ucrania, corriendo con el gasto de armarse hasta los dientes y en disposición de aportar incluso soldados a la contienda. Y eso mientras Trump sigue diciendo que quiere conseguir la paz en cuatro días. Esto parece una broma de mal gusto, si no es porque la idiotez de los dirigentes europeos nos puede costar muy caro. Claro, nos costará muy caro a los de siempre, a los de abajo. Los de las élites no ponen sacrificios y mucho menos vidas humanas.
Volviendo un poco a lo de Putin. Tampoco se trata de que haya que ser ingenuos: Putin no es ningún santo. Todo el mundo sabe lo que hace en Rusia con la democracia, los derechos humanos y civiles y el respeto a las minorías. Es un dictador que hace elecciones Pero en ese aspecto, tenemos en occidente y en Oriente Medio unos cuantos como él o parecidos y son nuestros amigos. Y no es por justificarlo, pero una cosa es eso, por muy grave que sea, y otra que nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino, con todo lo que nos echen, como si fuéramos imbéciles. Aunque quizás lo seamos y por eso nos tratan como tales.
Si no fuera así nos mentirían, pero nos daríamos cuenta de que en la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no hay un afán de invadir por invadir, o porque hay un dirigente que sueña todas las noches con invadir países vecinos porque le gusta simplemente. O porque los rusos han sido siempre así, un pueblo invasor por naturaleza, y ahora le ha tocado a Ucrania y luego nos tocará a otros.
Eso nos están diciendo en realidad para engañarnos y meternos en una nueva y más intensa carrera armamentística, nos cueste lo que nos cueste.
Y esa visión de Rusia que nos están poniendo ante nuestros ojos está fuera totalmente de la realidad. En efecto, en la historia de Rusia no es fácil encontrar ninguna invasión o agresión a otros países, más allá de las excursiones bélicas de Iván el Terrible hacia el este. Lo que Rusia ha librado es muchas y costosísimas guerras defensivas. Ese es el caso de la invasión de Rusia por parte de Suecia en 1788, solo porque a Gustavo III le acuciaban los problemas internos y necesitaba desviar la atención de la oposición hacia otro lado. Esto es muy frecuente en política. Defensiva fue la guerra en el caso de la invasión napoleónica. Lo mismo se puede decir de la guerra ruso japonesa que conmocionó al mundo en los inicios del siglo XX. Es verdad que el régimen zarista estuvo a favor de la Primera Gran Guerra, pero tampoco fue Rusia quien la inició. Fueron las potencias centroeuropeas, los imperios austrohúngaro y prusiano, los que, con sus ansias expansionistas, la provocaron. Y fue el pueblo ruso el que, al grito de PAN, PAZ y LIBERTAD, se levantó contra la guerra y mandó al régimen zarista al baúl de la historia. Incluso tras el triunfo de la revolución bolchevique, se produjo en el partido un dramático debate sobre si había que exportar la revolución a otros países y se impuso la tesis consistente en que había que consolidar la revolución propia y dejar que la revolución en otros países la hicieran los pueblos de esos países. Esta decisión se adoptó aun a costa de una fuerte división del partido bolchevique y del movimiento comunista internacional. Y cómo no recordar la segunda Guerra Mundial. No haría falta decirlo, pero no fue, en este caso la URSS, quien agredió sino justo lo contrario, fue la agredida junto con más de media Europa. Le costó 20 millones de muertos pero contribuyó de manera decisiva a la derrota del nazismo.
Luego vino la partición del mundo en dos bloque, la guerrea fría y todo lo demás. Pero eso es otra historia.
Con este somero repaso a la historia, hecho a vuelapluma, a los que deseamos la paz no nos cuesta mucho esfuerzo pensar que la invasión de Ucrania (vamos a llamarla así para que no se molesten demasiado los señores de la guerra) fue un acto en defensa propia. Llegar a la invasión puede que fuera un error, pero desde el momento en que ves que te quieren meter en las puertas de Moscú a la OTAN, a la que sacaron de la UCI precisamente para esto, un país históricamente agredido algo tendrá que hacer.
Claro, los señores de la guerra, ni pueden ni quieren ni les interesa ver las cosas con este cristal. No tendrían ningún recorrido en su escalada belicista. Pero aun así, no tiene ninguna explicación mínimamente presentable esta obsesión por presentar a Rusia como una potencia que no piensa más que en invadir países vecinos, así porque le apetece y aunque le cueste muy caro en vidas humanas y recursos económicos. Es un insulto a la inteligencia; y si no fuera tan peligroso sería cosa de risa.
Bueno, que es todo mentira. Todo consiste en que hay que inventarse guerras (muchas de ellas por desgracia se hacen realidad) para seguir vendiendo armas, y para “lavar” el cerebro de la población, para conseguir que se olviden de sus problemas reales y de sus responsables. Todo en beneficio de una seguridad imaginariamente amenazada.
Cuando digo todo, es todo: son los servicios públicos, la dignidad y hasta la libertad. Porque también nuestro derecho a defendernos lo pondrán en cuarentena si toca.
Ahora, con esta nueva y peligrosísima actitud de la América de Trump y el ardor gurrero de los señores de la guerra que han despertado en Europa, todo lo que pueda pasar es imprevisible. Pero no será nada bueno como los pueblos europeos no opongamos una resistencia feroz a sus intenciones.
Es verdad que en este contexto de pensamiento único que han creado, resulta duro ir contra la corriente dominante con estos argumentos y razonamientos. Pero alguien tiene que empezar a hacerlo. De no ser así, siempre prevalecerá la mentira, y será imposible salir de este bucle.
Combatir estas mentiras es difícil, de acuerdo. Pero como dice Nieves Concostrina, también es difícil afirmar en Aragón que la virgen no vino a Zaragoza, y menos en carne mortal, y sin embargo, si toca, hay que afirmarlo porque es la pura realidad.
En fin, que con estos y otros argumentos hay que desmontar todas estas mentiras o nos comerán el tarro y acabaremos creyendo que el peligro ruso es tan real que merecerá la pena que renunciemos a los servicios públicos, incluida alguna parte de las pensiones. Y si tienen que recurrir a endurecer la ley mordaza, en vez de derogarla, lo harán. Porque en esta dinámica bélica, para disuadir al enemigo ruso, ahora es el 2% del PIB, luego será el 3, después el 5….
¿Que si hay alternativa? Efectivamente la hay: cultivar la culturan de la PAZ, no creerse las mentiras, combatirlas donde sea y exigir que se haga uso del diálogo y la diplomacia, si en algún momento surgen diferencias entre países.
Por eso ha sido muy oportuna la campaña que la asamblea ciudadana de Zaragoza contra las guerras y por la PAZ, ha desarrollado los meses de enero y febrero. Así es como PARAREMOS LAS GUERRAS Y GANEREMOS LA PAZ. Mejor regaderas que misiles.





