La viejuna expresión de un otoño caliente

Los acontecimientos sociales, económicos, culturales, políticos, climáticos etc. Se desarrollan a tal velocidad que el lenguaje es incapaz de generar palabras para las nuevas realidades y conceptos que se crean. La viejuna expresión de “un otoño caliente”, con la que desde el mundo sindical se anunciaban movilizaciones a la vuelta del verano, se ha quedado desfasada por varias razones: La primera, por el cambio climático, los otoños ya son calientes, aunque pueden ser de cualquier manera, tal es el grado de disparidad climática que en cualquier estación del año se puede dar un sinfín de climas, eso sí, extremos. El …

Pedro Lobera

Los acontecimientos sociales, económicos, culturales, políticos, climáticos etc. Se desarrollan a tal velocidad que el lenguaje es incapaz de generar palabras para las nuevas realidades y conceptos que se crean.

La viejuna expresión de “un otoño caliente”, con la que desde el mundo sindical se anunciaban movilizaciones a la vuelta del verano, se ha quedado desfasada por varias razones:

La primera, por el cambio climático, los otoños ya son calientes, aunque pueden ser de cualquier manera, tal es el grado de disparidad climática que en cualquier estación del año se puede dar un sinfín de climas, eso sí, extremos.

El siguiente desfase es el cultural, puesto que las expresiones que hacen referencia a cuestiones climáticas, de naturaleza o sobre cultivos, están basadas en una sociedad agrícola y rural, que está muy bien que sigan ahí para no olvidar nuestras raíces, pero en la actualidad el desconocimiento de esas referencias no son entendidas por un amplio sector de la población mayoritariamente urbano.

En cuanto a los acontecimientos económicos poco que decir, nada se ajusta a sus previsiones, solo hay una certeza: que la clase obrera siempre sale perjudicada.

Las cuestiones políticas van a su marcha, la suya propia, intentado poner parches a unos pinchazos muy gordos, pero siguen perdiendo aire, bueno sí que es verdad que algunas intentan arreglar las cosas, aunque hay otros que siembran clavos y cristales para que pinchemos.

Lo más preocupante es el momento social, en la calle hay un amplio sentimiento de inconformidad, descontento, rebeldía, pero que “inexplicablemente” acaba en frustración, desánimo, miedo, incertidumbre.

Éste es un coctel muy bien preparado para sedarnos, lleva los componentes necesarios y en su justa medida para conseguir el efecto deseado, una sociedad domesticada, el Soma de “Un mundo feliz”.

Ahora nos toca a las que intentamos mejorar el mundo buscar esa fórmula que haga despertar a la sociedad, que fácil es decirlo, lo digo y ya está todo solucionado.

En realidad, debemos de seguir trabajando contra las injusticias del modo que sepamos o podamos, buscando la colaboración intergeneracional, sin adanismos y sin abuelos cebolleta.

En la parte que me toca, en lo sindical, las tropelías que se cometen en el mundo laboral hay que atacarlas en el día a día, pero es verdad que el movimiento sindical aragonés no institucionalizado debería de repensar algunas estrategias conjuntas, que marquen un punto de inflexión frente a una situación que se presenta muy compleja.

Cada sindicato hace su trabajo como su organización decide, pero es necesario visualizar movimientos más amplios, para que las personas trabajadoras visualicen que somos un colectivo diverso pero amplio. Con el objetivo de que nos sintamos más protegidas en las luchas del día a día.

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