#Elecciones28A  Política

La ultraderecha que está en Madrid la tendrás muy pronto aquí

Bueno, pues ya están aquí. En Andalucía ya lo sabían. Pero parece que el resto del Estado español ha necesitado verlo, sufrirlo más bien, para creerlo. Pero en Aragón, ¿hemos entendido algo?
| 29 abril, 2019 19.04
La ultraderecha que está en Madrid la tendrás muy pronto aquí
Acto de VOX en Vistalegre. Foto: VOX

La noche electoral de este 26 de abril ha sido una de las más seguidas en los últimos años. Era de esperar, después de que la jornada arrojara  una participación del 75,75%. La fragmentación del voto y la esperada irrupción de Vox hacían la espera de los resultados especial. ¿Hasta dónde podría llegar la soflama nacionalista de Santiago Abascal y los suyos? ¿Cuánto perdería el PP con Casado a los mandos? ¿De qué tamaño será la hostia de Unidas Podemos? ¿Le valdría a Rivera con su impertinencia para ganar votos? ¿Sánchez puede resistir a los mandos? Mil preguntas había por responder.

En mi caso el interés primordial era ver con qué cantidad de escaños entraban los fachas en el Congreso de los Diputados. Como ya anuncié, había ejercido el voto contra Vox. No me interesaba si ganaba o no la opción que había elegido. Tampoco lo que fuera a hacer su cabeza de lista. Voté por el mero hecho de participar en la “fiesta de la democracia” –si me hubiera tomado un chupito cada vez que lo escuché ayer, qué pedo gente, qué pedo– y de sumar para restar porcentaje y escaños a la ultraderecha. A mí lo que me interesaba anoche era saber si la ultraderecha de la banca, los de abajo los impuestos viva la tauromaquia, llegaban a ser cuartos o por el contrario todo era un bluf, potenciado por las redes sociales y por los grandes medios de comunicación. Ni una cosa ni otra.

“No os preocupéis porque esto no ha hecho más que empezar”, comenzaba su intervención Javier Ortega Smith, lo que denotaba que la irrupción no era la esperada en las filas de Abascal, lo que no quita para que el tema siga siendo igual de serio, y como tal debe tomarse. Que una opción ultraderechista como la que representa Vox haya obtenido 24 escaños, o lo que es lo mismo, el 10,76% de los votos, o lo que sigue siendo lo mismo, pero asusta más, 2.677.173 votos, ha de hacer que se enciendan todas las alarmas. La ultraderecha entra en el parlamento con un numerosísimo grupo que, por un lado, conseguirá que se legitime ante la población su mensaje xenófobo, sexista, homófobo, clasista e identitario, al disponer –todavía más– del altavoz mediático que le da representación pública, y por otro lado, ante un hipotético gobierno de “izquierdas”, ya sea del PSOE en solitario o en un posible pacto con Unidas Podemos, continuará dictando la línea argumental en la que se moverá la oposición de derechas.

Después de comprobar que aquello iba para adelante me centré en mi ciudad. Por aquello de ser lo que más le toca a uno en el día a día. Con Zaragoza me pasa un poco que la quiero y la odio, a veces a partes iguales. 49.027 votos ha obtenido Vox. Me sorprendí pero poco. Por casualidad tengo un sobrino del 2001 que alcanza la mayoría de edad este año, aunque no ha podido votar aún. Hace meses que me había comentado que entre sus compañeros de clase y del equipo de fútbol muchos son los que iban a votar a Vox. La mayoría pertenecen a barrios rurales del norte de la ciudad y se muestran abiertamente taurinos, anticatalanistas y en contra del feminismo. Bueno, en contra del “lobby feminista” en palabras de Abascal. Esas conversaciones, sumadas a mi vida diaria y a las estadísticas de voto por barrios –con valores en torno al 10% en feudos tradicionalmente obreros como Las Fuentes y Torrero y en torno al 15% en otros más pijos como Universidad o Centro–, demuestran que el voto a Vox es ciertamente transversal, con hedor a Brummel, con medida de la virgen rojigualda, pero transversal al fin y al cabo. Si me enfadaba esa corriente reaccionaria en mi ciudad, más subió la exasperación cuando pensé en la arrogancia de la izquierda a la hora de tensar sus cuerdas. Pensé en mis padres preguntándome quien son cada uno en cada lista para saber a quién votar. Imaginé el repaso que le puede pegar la derecha.

Asimilados los primeros sustos busqué el mapa de Aragón. Ese tan increíble en el que puedes comprobar cuál ha sido la opción más votada en cada municipio. Encontré cuatro pequeños pueblos de Teruel en los que Vox había superado al habitual Partido Popular, uno en el Alto Aragón y otros dos junto a la ciudad de Zaragoza. Lo cierto es que 7 de 731 no parece reflejar que el voto de Vox sea rural como se ha hecho creer desde algunos sectores, urbanitas claro.

Gúdar, Cañada de Benatanduz y Villarluengo son tres de esas cuatro localidades turolenses pertenecientes a Maestrazgo y Gúdar-Javalambre, dos comarcas turolenses en las que muchos de sus habitantes entienden la caza y los toros como algo propio, atávico casi, y en las que los mensajes pro-taurino y en defensa de los cazadores de Vox puede haber hecho que más de la mitad de los votantes del PP hayan abandonado su habitual voto por otro que comprenden defenderá algo que entienden como propio.

En cambio, Santa Cruz de Nogueras, en la comarca del Jiloca, no parece tener tan arraigado el sentimiento taurino. Lo mismo ocurre con Pertusa, a orillas del Alcanadre oscense, donde también Vox se ha impuesto a otras opciones de este tradicional feudo de derechas. En ambos pueblos puedo imaginarme conversaciones en las que varios paisanos califican a Casado de “blandengue” y deciden votar en grupo a Vox.

Cerca de la omnipresente Zaragoza dos ejemplos más, y además con más población: La Muela y Cadrete. A orillas de La Uerba, en Cadrete, el PP solía ganar a lo bestia. Ahora, más de la mitad de sus votantes han engrosado el electorado de Vox. Para quienes hemos defendido la causa antifascista desde hace años Cadrete nos huele a concierto nazi y a locales y naves donde reunirse. El caso de La Muela es similar pese a que sus vecinos hayan convivido con el caso de corrupción más grande de la historia de Aragón. Vamos, que al final el votante del PP se ha pasado a Vox. Pero La Muela y Cadrete tienen otras similitudes: las dos han duplicado su población en el plazo de quince años y las dos han visto como arribaban a sus municipios una serie de individuos de clase media aspiracional que, aunque hubieran preferido vivir en Montecanal, han tenido que irse unos kilómetros más lejos a plantar su unifamiliar.

En resumen, lejos del peligro que suponen la normalización del lenguaje y los gestos fascistas en el parlamento, la jornada no fue más que la comprobación de que la ultraderecha residía en el electorado del Partido Popular –también entre nosotras–, solo que ahora ha perdido el miedo a autodefinirse “facha”, a lanzar soflamas propias de otros siglos, a ser tremendamente agresiva, de momento solo en lo verbal, con todo lo diferente, a gritar mucho y a movilizarse a miles. Pero también fue la constatación de que el bipartidismo todavía no está muerto y que, al igual que nos equivocábamos al augurar al PSOE un futuro como el del PASOK, nos equivocaremos si pensamos que el PP está muerto. De hecho, si lo pensamos bien, la única formación que está salivando ante el escenario de un PP moribundo es Vox.

Ahora quienes participan de formaciones de izquierda, y no hablo del PSOE, deberán tomar cuenta de lo sucedido. Para ver si lo que entre todas, con o sin pinza en la nariz, hemos parado en las urnas, son capaces de pararlo en las instituciones.

29 abril, 2019

Autor/Autora

Redactor. Integrante del Consello d’AraInfo. @maconejos


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