La solidaridad de un pueblo que lucha

Hace unas semanas y en el marco de las fiestas patronales que celebramos en Zaragoza, Casa Palestina de Aragón fue nombrada como hija predilecta de la ciudad. Dicho reconocimiento no puede entenderse sino como la consecuencia del trabajo desarrollado por la asociación en las últimas décadas, labor intensificada en los dos últimos años en respuesta al genocidio sufrido por el pueblo palestino, su pueblo. En este último tiempo, Casa Palestina ha sido punta de lanza, portavoz y dinamizadora de lo mejor que podía ofrecer la clase popular zaragozana: su solidaridad. Pero el trabajo de la comunidad palestina organizada en torno …

Hace unas semanas y en el marco de las fiestas patronales que celebramos en Zaragoza, Casa Palestina de Aragón fue nombrada como hija predilecta de la ciudad. Dicho reconocimiento no puede entenderse sino como la consecuencia del trabajo desarrollado por la asociación en las últimas décadas, labor intensificada en los dos últimos años en respuesta al genocidio sufrido por el pueblo palestino, su pueblo. En este último tiempo, Casa Palestina ha sido punta de lanza, portavoz y dinamizadora de lo mejor que podía ofrecer la clase popular zaragozana: su solidaridad.

Pero el trabajo de la comunidad palestina organizada en torno a la Casa Palestina ha ido mucho más allá de la denuncia o defensa de sus propios intereses como pueblo, ya que no ha dejado de enriquecer el tejido asociativo y barrial en nuestra ciudad, convirtiéndose en todo un referente en la defensa y promoción de los derechos humanos, en la lucha contra la xenofobia, en la solidaridad internacional y en la defensa de la fraternidad entre pueblos, oponiéndose frontalmente a quienes pretenden enfrentarnos por nuestro origen o etnia y a quienes defienden el odio y tratan de normalizar las violaciones más flagrantes de los derechos humanos, como medio para mantener sus privilegios.

Casa Palestina no es la casa solamente de los palestinos, es la casa del pueblo zaragozano. Es prueba viviente de la hospitalidad de las personas que saben que, cuando has dejado atrás tu hogar, es importante crear espacios de convivencia que puedas llamar tuyos, y de este, o de aquél. Espacios de vida que sean del pueblo.

Pero volvamos al hecho que motiva estas líneas. Lamentablemente, tras el reconocimiento la reacción (nunca este término fue tan oportuno) no se ha hecho esperar, se ha desatado la furia en los sectores más derechistas que, sin que medie casualidad alguna, son los que apoyan abiertamente al sionismo en nuestro país.

Este odio hacia todo lo que significa y defiende Casa Palestina se ha materializado en la bochornosa (y cutre) campaña de difamación y acoso contra Ibrahim Abiyat, presidente de Casa Palestina, llegando al punto de convocar una rueda de prensa para
difamarle en las propias puertas de la sede de la institución.

Tras la especialmente bochornosa y cobarde actuación de los diputados de Vox Santiago Morón y David Arranz en la puerta de la sede de Casa Palestina, este pasado jueves 30 de octubre el grupo ultra presentará una moción en el Ayuntamiento de Zaragoza para intentar declarar a Ibrahim Abiyat persona Non Grata.

Este ataque no es el primer intento de desarticular, anular y desprestigiar a Casa Palestina, como tampoco es novedosa la rápida respuesta del tejido social y popular de nuestra ciudad, que ha arropado rápidamente a Casa Palestina y su presidente.

Porque ante el verdadero terrorismo, aquél que ejercen el sionismo y la extrema derecha, al pueblo sólo le queda plantarse de manera unida y consecuente. La clase obrera zaragozana ha estado a la altura y lo seguirá estando.

Estos hechos son prueba objetiva de que se está siguiendo el camino correcto, de que las movilizaciones masivas están neutralizando la propaganda y la desinformación y del peligro que supone que exista una organización independiente capaz de aglutinar a una multitud de sensibilidades políticas, sindicales y sociales para defender causas justas como lo hace la Casa Palestina. Todo esto es una prueba de que se está haciendo daño al sionismo.

Y no nos cabe ninguna duda de que éstas embestidas, al igual que los ataques que se han llevado a cabo anteriormente, no sólo están abocadas al fracaso, sino que acabarán reforzando el ya amplio apoyo de la sociedad aragonesa tanto a la causa del
Pueblo palestino, como a la propia Casa Palestina. ¡Manos fuera de la Casa Palestina!

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