La nueva normalidad

Esto es la nueva normalidad: mascarillas obligatorias, higiene continua de manos, distancia física de seguridad, evitar prácticas de riesgo (aglomeraciones ruidosas en espacio cerrados y mal ventilados, reuniones numerosas, concentraciones sin respetar la distancia física, etc.) y rebrotes permanentes, muchos rebrotes más o menos controlados de un virus silencioso e invisibles, altamente contaminante, destructivo de la salud y la vida, de la economía y la cohesión social. Es y va a ser por mucho tiempo la nueva normalidad, que no es igual para todos. El virus no entiende de clases sociales ni de edades, pero no afecta a todos por …

Esto es la nueva normalidad: mascarillas obligatorias, higiene continua de manos, distancia física de seguridad, evitar prácticas de riesgo (aglomeraciones ruidosas en espacio cerrados y mal ventilados, reuniones numerosas, concentraciones sin respetar la distancia física, etc.) y rebrotes permanentes, muchos rebrotes más o menos controlados de un virus silencioso e invisibles, altamente contaminante, destructivo de la salud y la vida, de la economía y la cohesión social.

Es y va a ser por mucho tiempo la nueva normalidad, que no es igual para todos. El virus no entiende de clases sociales ni de edades, pero no afecta a todos por igual. Las mascarillas son mucho más caras para la gente que tiene un Ingreso mínimo vital o una pensión mínima (entre un 4 y un 2% de los ingresos mensuales). Ni la higiene la pueden garantizar igual todos los ciudadanos. Ni la reclusión es igual en una casa de 40 metros cuadrados con humedades y mal ventilada que un piso de 80 metros o más, bien ventilado etc. La nueva normalidad sí que entiende de clases sociales.

Este virus pone de manifiesto, levanta el velo que ocultaba, para el que no quería verlo, numerosas contradicciones de nuestras vidas, de nuestro sistema económico y social. Denuncia a gritos situaciones que pretendíamos ocultas, ignoradas por el pensamiento dominante.

En la pandemia hemos aplaudido a los trabajadores del sistema sanitario y, por extensión, a todos los trabajadores de los servicios “esenciales” de alimentación, transporte, cuidados, limpieza, etc. Ahora urge entrar en la “nueva normalidad” y ahí empiezan las contradicciones: ¿salud o economía? Qué salud, para quién (¿salud y asistencia sanitaria universal?) y para qué (los primeros sistemas contributivos de salud protegían a los trabajadores y sus familias para garantizar una pronta vuelta al trabajo y la reproducción con garantías de salud de la mano de obra). Qué economía, para quién (¿garantizando recursos vitales mínimos para toda la población?) y para qué, ¿el beneficio y la acumulación privada o la garantía de una vida digna para todas y todos? Si primero ha de ser la salud y la asistencia sanitaria universal, las políticas públicas y las elecciones colectivas deben ir en esa dirección. Subordinando la economía a las necesidades de toda la población.

Este virus nos ha descubierto algo de lo que todo el mundo era secretamente consciente, que hay temporeros recogiendo fruta en los campos. Siempre ha habido temporeros. La mayor parte de las veces en muy malas condiciones de trabajo y de vida, alimentación y alojamiento. Sobre todo, desde que son extranjeros, inmigrantes y, muchas veces, sin papeles, sin derechos, por tanto. Ah, pero ahora son capaces de infectar a las buenas gentes nacidas en este país de toda la vida. De necesarios pero ignorados han pasado a ser peligrosos y contaminantes, visibles y culpables. ¿Culpables ellos, trabajadores necesarios para tener una fruta en nuestra mesa?  ¿No acabamos de acordar que lo primero es la salud y que todo el mundo tiene derecho a ella? ¿Son culpables de tener que trabajar y vivir en condiciones que ponen en riesgo su salud y la de su entorno? ¿O son seres humanos, trabajadores esenciales, con papeles, con derechos, en igualdad de condiciones que cualquier ciudadano?

Otro foco de rebrotes es el ocio nocturno, los botellones, la juventud. Cuánto tiempo hace que los jóvenes demandan mejores condiciones de ocio y tiempo libre, espacios adecuados y atractivos, actividades lúdicas creativas, ¿divertidas y no de ocio consumista y segregador? Pero ahora parecen ser culpables de poner en riesgo la vida de sus padres y de sus abuelos. Son unos irresponsables. Y todo por culpa de un virus que nos pone delante algo que no queríamos ver. ¿Queremos una juventud sana, responsable y divertida sin recursos para lograrlo?

Otra contradicción. En tiempos de neoliberalismo, de libertad de enriquecerse sin trabas, ha tenido que venir el Estado a rescatar nuestras vidas. Un Estado intervencionista para salvar una sociedad individualista y una economía neoliberal y competitiva. Un Estado que dicen autoritario que ha dirigido nuestras vidas hasta el más mínimo detalle: no salgas de casa, sólo para trabajar si eres de servicios esenciales, ahora sólo de 8 a 10 pero sólo en tu entorno, ahora sólo dentro de la provincia, ahora sin mascarilla si puedes mantener la distancia de seguridad, ahora con mascarilla obligatoria en todo tiempo y lugar. Al final, se aplana la curva de la pandemia, empieza a descender y todo queda en manos de la responsabilidad individual. El individuo soberano y omnipotente. Es tu responsabilidad. Y tú culpa. Con qué medios, con qué recursos.

No se ha dicho tanto que la curva de crecimiento de la pandemia es importante, pero es mucho más la capacidad de respuesta del sistema sanitario. Un sistema sanitario público potente es capaz de detectar a tiempo y frenar la pandemia. En primera fase el sistema en general y el hospitalario en particular no estaba preparado después de tantos años de privatizaciones, recortes y precarización del personal y fue desbordado. En la desescalada, la respuesta pasa a manos de la atención primaria y de cada una de las Comunidades autónomas, impacientes por retomar sus competencias y demostrar cómo son más capaces que la Administración Central de frenar al virus y aplanar la curva, garantizando a la vez la economía, el turismo, bares y terrazas abiertas…. ¿Salud o economía?

Atención primaria para contener al virus y sus rebrotes. Atención primaria, la cenicienta del sistema. En el sistema hospitalario hay jerarquías, investigación, alta tecnología, intervenciones espectaculares, prestigio, negocio, la niña mimada del sistema y este virus la desbordó. La Atención primaria es, sobre todo, mano de obra, trabajo de proximidad, atención personal y personalizada, precarizada después de tantos recortes, nada espectacular. Y ahora debe frenar el virus. Con el personal disponible, con derecho a vacaciones, más los rastreadores. Test masivos y rastreadores para controlar los rebrotes. La nueva normalidad. Cada comunidad autónoma a su manera y según sus capacidades y previsiones. En España una media de 11.970 habitantes por cada rastreador. En Madrid o Cataluña más de 30.000, en Aragón 9.303 habitantes por rastreador (El País, 19 de julio, 2020) No somos los peores. ¡Qué bien! Con una capacidad de vigilancia limitada. En Corea del Sur, paradigma de las políticas de test masivos y rastreo, son capaces de identificar y seguir a 11 contactos por cada positivo registrado. En España 1 contacto de media, con enormes diferencias entre las CCAA. En Canarias y Ceuta, 6; en Madrid o Cataluña en torno a 1. En Aragón 4 con datos del 15 de julio (Informe nº 34 del 15 de julio del Centro Nacional de Epidemiología y Público, 20 de julio, 2020) No está mal. No somos los peores. Pero, ante todo, responsabilidad individual.

Por supuesto. Frente al virus, responsabilidad individual. Pero responsabilidad individual bien informada, bien formada (¿es útil la mascarilla, cualquier mascarilla, ¿cómo usarla?), con apoyo en redes sociales y vecinales. También con sanciones si es necesario. Sanciones concretas, proporcionadas, selectivas. También hay prácticas de riesgo que deben evitarse, incluso perseguirse. Pero sin culpabilizar a colectivos concretos y precarios o precarizados, como jóvenes o temporeros.

Y, además de responsabilidad individual, sistema sanitario público potente y, en este momento, Atención primaria reforzada, capaz de realizar cuantas pruebas y rastreos sean necesarias. Así debe la nueva normalidad.

Para aprender, para mejorar nuestras vidas individuales y nuestra vida colectiva. Resolviendo las contradicciones ahora más evidentes por la pandemia. Salud para la vida y economía para las personas y para la vida. Temporeros como seres humanos con derechos y servicios públicos gratuitos y compartidos. Jóvenes con alternativas de ocio y tiempo libre creativo, divertido, solidario y no consumista. Estado democrático que garantiza derechos y servicios públicos universales a disposición de toda la ciudadanía. Responsabilidad individual informada, apoyada en servicios públicos y colectivos para una sociedad solidaria y cada vez más igualitaria y madura. La nueva normalidad para una sociedad y una economía al servicio de los seres humanos. La nueva normalidad que hay que producir entre todos. Con la acción colectiva y en común.

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