Luisa Carrasco formaba parte de un piquete informativo que se encontraba a la puerta de la factoría Yuma para informar al resto de trabajadoras que no se habían sumado a la huelga, así como para animarles a que se sumaran a la acción emprendida por trabajadores del sector de la marroquinería de Zaragoza.
En esta situación llegó al lugar un automóvil conducido por una trabajadora de la misma empresa. Las componentes del grupo de información que se hallaban ante la puerta le pidieron que detuviera el automóvil. La conductora, a quien acompañaban otras jóvenes, en vez de detener el vehículo lo aceleró y arrolló al grupo que se hallaba en la puerta. Como consecuencia de esta acción, Luisa Carrasco resultó gravemente herida en la cabeza, falleciendo posteriormente.
El hecho que produjo la muerte violenta de la joven Luisa Carrasco acaeció, en el barrio zaragozano de Valdefierro en las inmediaciones de la carretera de Madrid, y en el lugar en el que se alzaban las factorías de Benedi y Yuma, dedicadas a la producción de textiles para camping y deporte, adscritas ambas al mismo grupo empresarial.
Luisa estaba con sus hermanos mayores, María del Mar de quince años y Luis de diecisiete en el piquete informativo de la fábrica dónde trabajaban como adultos con un salario mínimo de 300 pesetas.
La primera versión que publicó en su día el diario El País fue que Luisa pretendía entrar a trabajar y fue atropellada por un vehículo conducido por una integrante de un piquete informativo. Hecho muy inverosímil ya que lo habitual en una huelga es que los piquetes informativos se concentren en las puertas de los centros de trabajos para evitar que los trabajadores accedan a los mismos.
El informe oficial de comandancia de la Guardia Civil se limitó a calificar el hecho de mero accidente de tráfico, sin realizar ninguna otra clase de interpretación sobre su origen o motivación. Por su parte, el entonces gobernador civil de Zaragoza, Francisco Laina García, calificó, el atropello que causó la muerte a la joven trabajadora de Yuma, como un accidente fortuito registrado en unos momentos de tensión entre los trabajadores en huelga de Yuma y un grupo de compañeros que pretendían incorporarse al trabajo.
Luisa pertenecía a una humilde familia, que habitaba una modesta vivienda del Barrio Oliver, era la tercera de diez hermanos y su padre se encontraba en situación de paro.
La huelga se había radicalizado y la patronal no reconocía como representantes de los trabajadores a CSUT (Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores), que años después se integró en CGT, y prefería negociar con CCOO y UGT a pesar de no tener implantación en el sector. La mayoría de sus trabajadores vivían en los barrios de Valdefierro y Oliver, dos suburbios entonces duros y abandonados.
Miles de personas asistieron al entierro y se manifestaron por el barrio tras el funeral. La vivienda de la autora del atropello fue apedreada. Como tantas otras muertes de la transición quedó impune, juzgada con un mero accidente de tráfico que en esos años era simplemente una falta leve.
Se llamaba Luisa Carrasco, tenía 14 años, y en junio de 1978 falleció tras ser atropellada cuando formaba parte de un piquete informativo, en la empresa Yuma donde trabajaba como aprendiza. Otra historia desconocida de la memoria obrera aragonesa muy pronto en @arainfonoticias pic.twitter.com/0ve1Gc5SPn
— Alberto Ezquerra (@Albertoezq) June 4, 2024
Información extraída de: Revista Triunfo. (1978) Nº 804. La Unión del Pueblo. Nº 59 22/06/1978. El País: 15/06/1978. El País: 16/06/1978.


