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La izquierda aragonesa entre el gobernismo y la restauración

Nos encontramos en una situación política complicada, un contexto en el que hay una bajada de confianza en las denominadas fuerzas del cambio y un aumento electoral de la extrema derecha. Las elecciones autonómicas del domingo 26 de mayo arrojaron unos resultados en Aragón en los que el bloque de derechas (PP + Cs +...
| 1 agosto, 2019 17.08
La izquierda aragonesa entre el gobernismo y la restauración
Foto: @cortes_aragon

Nos encontramos en una situación política complicada, un contexto en el que hay una bajada de confianza en las denominadas fuerzas del cambio y un aumento electoral de la extrema derecha. Las elecciones autonómicas del domingo 26 de mayo arrojaron unos resultados en Aragón en los que el bloque de derechas (PP + Cs + PAR + VOX) superaron al de centro-izquierda (PSOE + Podemos + CHA + IU). Inicialmente pudo parecer que el bloque de las derechas pactaría para quitarle el gobierno a Javier Lambán, pero el rápido acuerdo entre PSOE y PAR bloqueó esa posibilidad.

Los resultados electorales fueron pésimos para la izquierda transformadora, peores incluso de lo que las encuestas apuntaban. A pesar de ello, IU consiguió mantener su único escaño, lo cual le permite continuar con su visibilidad en las Cortes de Aragón y ocupar el espacio que Podemos ha dejado vacío en la izquierda. CHA, aunque hace años que ya no aguanta la etiqueta de izquierda transformadora, ha ampliado a 3 el número de escaños, seguramente por la devolución del voto prestado (y ahora decepcionado) a Podemos en 2015. Por su parte, Alto Aragón en Común no obtuvo los suficientes votos como para entrar en las Cortes.

En cuanto a Podemos, era previsible que su actual dirección iba a llevar a la organización a la domesticación política e iba a priorizar sus intereses personales y el patriotismo de las siglas a gobiernos transformadores. La apuesta de Nacho Escartín, Maru Díaz, Pedro Arrojo y Violeta Barba ya no es de ruptura democrática sino ser únicamente protagonistas de un recambio de élites.

Ante esta situación, queda claro que el resultado de Podemos fue un fracaso enorme en varios ámbitos: fracaso al vaciar el músculo militante de la organización y apartar a quienes no aplaudían a la dirección; fracaso al no conseguir sumar a las confluencias electorales a partidos o plataformas aliadas naturales como Zaragoza en Común, Alto Aragón en Común e IU, sólo consiguiendo sumar a una organización pequeña en Aragón como Equo; fracaso en la manera de relacionarse con el anterior gobierno del PSOE, porque ni logró que implementara políticas progresistas de calado ni atacó de manera dura sus acuerdos neoliberales con la derecha; fracaso electoral al perder casi dos terceras partes del número de votos y de la representación institucional.

Con esta clara derrota, la dirección de Podemos inició una huida hacia adelante para poder salvarse y vender el fracaso como una victoria: sólo formar parte del gobierno podía ser mostrado como un triunfo. En las últimas semanas hemos visto cómo se iba avanzando en las negociaciones del nuevo gobierno hasta que el PSOE ha alcanzado un acuerdo con PAR, Podemos, CHA e IU para mantener la presidencia de Lambán. Eso sí, este nuevo gobierno estará vacío de políticas que beneficien a las clases populares y asume los postulados políticos del PSOE y del PAR, además de crear una alianza con unos socios que nadie hubiera imaginado desde el 15M y el nacimiento de Podemos.

Los documentos pactados para la formación del gobierno incluyen políticas profundamente especulativas y neoliberales como la eliminación del impuesto de sucesiones, el impulso a Motorland y a las estaciones de esquí, la defensa de la escuela concertada y la universidad privada, y otras que servirán para apoyar a la ganadería intensiva y las interconexiones eléctricas con Francia. Todo esto validado ampliamente en una consulta de Podemos Aragón sin conocer puestos concretos dentro del gobierno y con un acuerdo programático vago, lo ideal para que el PSOE lo incumpla sistemáticamente. Las consultas plebiscitarias de Podemos sin debate previo y escondiendo posibles respuestas tienen ya poco valor, son un mero lavado de cara para las decisiones de las cúpulas de turno.

La entrada de Podemos en el Gobierno de Aragón de manera subalterna al PSOE no hace sino blanquear a los dos partidos más clientelares de Aragón, al tiempo que la formación de Escartín pasa a ser partícipe de los favores a las grandes fortunas y a las familias más poderosas de Aragón. También será cómplice de la exaltación españolista rancia que en más de una ocasión han demostrado Lambán y Aliaga, estando este último presente en la foto de la manifestación de Colón junto a PP, Cs y VOX.

Tristemente, esta fiebre por querer ser parte de gobiernos no sólo se ha dado en el ámbito aragonés, sino que también hemos visto algo similar en la conformación del Gobierno de la Diputación Provincial de Zaragoza, al que se ha incorporado el grupo En Común – IU sin que su voto fuera realmente necesario para la investidura y a cambio de medidas de simple gestión sin carácter ideológico o transformador profundo.

El fin de ciclo que se veía venir en el panorama estatal también ha llegado a Aragón. Se ha pasado de querer alcanzar el gobierno como una herramienta más que empujara la transformación social a ser el fin en sí mismo; de saber que más importante que gobernar era tener muy claro para qué y para quién, a simplemente querer ser gobierno renunciando a lo que haga falta; de lanzar consignas como “PSOE y PP, la misma mierda es” a ser la muleta del PSOE constantemente.

Queda claro que el gobernismo diluye la posibilidad de transformación en Aragón. Es necesario no olvidar qué es el PSOE, qué representa dentro del Régimen del 78 y qué podemos esperar de él, no cayendo en subordinaciones y manteniendo la independencia política. Es un error estratégico con consecuencias enormes querer gobernar a toda costa y con cualquier socio. Y no, la entrada en el gobierno de fuerzas potencialmente transformadoras no es la única alternativa a que gobiernen las derechas; plantear así el debate supone eliminar otras posibilidades como apoyar una investidura tras un acuerdo programático y negociar una a una las leyes de la legislatura.

Frente a toda esta deriva política, asimilación institucional y ansia gobernista, debemos construir una alternativa con paciencia y desde las luchas concretas: desde el movimiento feminista y por unas pensiones públicas dignas, desde los conflictos laborales, desde la desobediencia civil en la defensa del territorio, desde la autoorganización de las personas migrantes, desde las movilizaciones estudiantiles contra la privatización y el control de las empresas, desde la resistencia ante los desalojos de los centros sociales, desde el tejido asociativo, desde las reivindicaciones históricas de nuestros pueblos y nuestros barrios.

Sin aumentar la fuerza en la calle y sin la construcción de organizaciones pluralistas y de ruptura será imposible mejorar la correlación de fuerza con la que lograr grandes conquistas sociales.

1 agosto, 2019

Autor/Autora

Turolense, militante de Anticapitalistas. @PabloRochela


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