Altavoz

La Habana, calle Zulueta

Ha muerto Fidel y con él se va el impulso justiciero de una voluntad empeñada en hacer siempre actual una revolución que tiene ya 57 años. Una voluntad que ha puesto “su proceso” por encima de muchas otras consideraciones, demasiadas y demasiado trágicas a veces, a nuestra vista… pero las cosas son más complejas. Hay que mirar con otros ojos.
| 30 noviembre, 2016 11.11

Imagino a La Habana, desperezándose de sus noches más inquietas de estas últimas décadas. Imagino a La Habana con su pálpito caliente de ciudad, de urbe tropical siempre en marcha, orgánica, como un ser vivo, con su cadencia estridente, horrible y amable, al tiempo, sin reconocerse estos días y mirándose otra vez a sí misma en un espejo que ya no le devuelve la misma imagen hace años… Una vez han constatado que lo sagrado “ha sido profanado” y lo sólido “se disuelve en el aire” de la historia.

La Habana es una ciudad hermosa, lineal, blanca y sucia al tiempo, de arquitectura hermosa y verdadera, que no se esconde, donde el valor de uso prima sobre el valor de cambio en los espacios urbanos y en las viviendas, y que, aunque pobres en su mayoría, los edificios habaneros transmiten una sensación de verdad, de ausencia (relativa) de espectáculo, en ese sentido todo lo que vives en Cuba tiene la impronta de lo auténtico, de experiencia verdadera que no se oculta. Un urbanismo que ha devenido en valiente a base de usarse con imaginación y voluntad. Lo que hace de La Habana un ejemplo de buena arquitectura y de buen urbanismo es esa verdad, esa autenticidad  y lo que hace que la isla atrape es el desarrollo natural de la vida en un ritmo continuo y la “relativa” ausencia de la presión del espectáculo y del fetichismo de la mercancía. La experiencia urbana de La Habana es una experiencia de calidad humana, de gentes menos escindidas en sus vidas a pesar de todo.

La calle Zulueta de La Habana no es una más de las hermosas calles del casco viejo, es una calle singular por muchos motivos… Se urbanizó en el espacio que dejaron las antiguas murallas que defendían la ciudad de los ataques ingleses o de los corsarios, sería algo parecido a nuestro Coso: Hoy oficialmente se llama Agramonte… pero los habaneros y habaneras la siguen llamando Zulueta, no sé si es en la ignorancia de a quien se refiere esa calle, (lo dudo), más bien es la “fuerza de la costumbre” y esa compleja dicotomía de la cultura popular de rebeldía y subsidiariedad de la historia oficial. Zulueta fue un personaje realmente siniestro y un ejemplo muy significativo de la última etapa de la dominación colonial española de la Gran Antilla.

Y el caso es que la muerte de Fidel pone en debate muchas cuestiones, las actualiza, y desde esta península hacemos siempre un enorme ejercicio colectivo de olvido (¿Será porque tenemos practica?) y la calle Zulueta, una vez más La Habana, nos lo coloca delante de la oscuridad, de la catástrofe como constante de nuestra historia, de ese montón de cascotes de derribo, de pedazos de humanidad destruida, de dignidad humana rota que están en el origen de nuestro relativo bienestar colectivo.

Julián Zulueta, alcalde de La Habana, el último “gran negrero” (también fue traficante de trabajadores libres sin salario como los coolíes chinos que importó a la Isla), amasó una gran fortuna con la trata de esclavos, y también, con el trabajo esclavo que junto con su hermano y otros familiares del Clan Zulueta repatrió muy tempranamente a España, pero también y en mayor cantidad a Londres (como vemos el patriotismo entonces también se separaba del beneficio económico). Supo ver bien, el clan de los Zulueta, el destino de la Isla y la crisis económica por la caída del precio del azúcar. (Ángel Bahamonde, José Cayuela)

Julián Zulueta formaba parte de una hornada de emigrantes españoles que llegaron allí con la intención de amasar dinero muy rápidamente y por cualquier medio, y que, usaron el trafico negrero[1] como medio de acumulación originaria, tanto de recursos como en la constitución de una posición de dominio político en el conjunto de la sacarocracia criolla y, en general, sobre toda la oligarquía cubana. Usando para ello medios como la corrupción y el soborno, la mayoría de los capitanes generales que gobernaban la isla obtenían un porcentaje por “bozal”[2] desembarcado… también lo obtenían los Borbones ese peaje, eso sí, siempre a través de testaferros.

Con el monopolio de la mano de obra esclava, este grupo llamado propeninsular (para diferenciarlo de otras elites más “autonomistas”), agrupaba a otros “hombres de negocios” como Zulueta, controlaban económica y financieramente (muchas de las operaciones de trata se hacían a crédito sobre la cosecha de caña) a las clases dominantes en Cuba al controlar el flujo y reproducción de la mano de obra podían estrangular la acumulación de capital. Jefe del partido español y líder de ese grupo propeninsular que agrupaba a la mayoría de los negreros y banqueros; dinamitó cualquier intento autonomista o de negociación con el independentismo cubano y fue fiero defensor del mantenimiento del estatus colonial de la Isla hasta el punto de organizar y armar cuerpos de voluntarios irregulares que supusieron un enorme refuerzo de 26.000 hombres armados y entrenados al margen del ejército español, pero que se desplegaban en el marco estratégico diseñado por del ejército español para combatir y controlar a los rebeldes demócratas como Martí.

Zulueta, más tarde nombrado Marques de Álava por Mª Cristina de Borbón[3], y su clan familiar tienen una historia que merece más atención. La historia de cómo se forjaron muchas de las grandes fortunas capitalistas en España. Aquí solo pretendemos llamar la atención sobre la necesidad de situar históricamente nuestra relación con Cuba, que con Cuba, en esta península del sur de Europa, tenemos muchas cuentas que cerrar y muchos balances que hacer y como muestra vale el botón de que el capital extraído por el trabajo esclavo y por la misma trata, por los negreros, está en el origen de grupos financieros como La Caixa o el Banco de Bilbao; en reformas urbanas como las del barrio de Salamanca en Madrid y otras ciudades; en grandes fortunas muy significativas como las de la familia del exdiputado del PP y actual miembro de Vox, Vidal Cuadras o la de las hermanas Koplowitz; en el origen del primer ferrocarril español[4]. La sangre de la tortura, de la negación de la humanidad y de la crueldad humana más sangrante en la explotación del hombre por el hombre: la esclavitud y el tráfico de seres humanos, esta en el origen, y no tan lejano, de gran parte del desarrollo capitalista español. Si los herederos de aquello trabajadores esclavos reclamaran -con razón- los salarios que se les deben de aquellos decenios de trabajo forzado… El crack estaba asegurado. Todos los españoles nos hemos beneficiado, de un modo u otro, de esa práctica odiosa.

La incapacidad de virar de política, el fracaso del sexenio democrático y la preeminencia de la concepción del saqueo en el modo de negocio de las elites españolas, entre otras cosas, llevaron al callejón sin salida de 1898, que es la fecha mítica desde donde miramos en España la historia y, ese ciclo que se abrió entonces, se cierra en 1959 abriendo una nueva vía en ese callejón sin salida en el que dejamos Cuba, asunto que por lo visto y al ver hablar a Margallo, todavía no entendemos o asimilamos. Algo similar a lo que pasa con el Pueblo Saharaui ahora, detrás de todo eso está la secular incapacidad de la oligarquía española de sacar provecho económico a largo plazo y “constructivo” a un dominio político siempre cruel, caprichoso, saqueador y por tanto… Siempre despótico.

Todavía darían las elites españolas al mundo una última muestra de su crueldad y del rencor estéril en el que se mueven sus pensamientos… «Las reconcentraciones» del capitán general de la isla, Valeriano Weyler, que provocaron más de 400.000 muertos entre la población civil por hambre, mal trato y enfermedades, fundamentalmente entre 1896 y 1897. Antecedentes históricos de los campos de concentración y exterminio.

¡Hasta el último hombre y la última peseta! Bramaba Cánovas en Madrid, pero el ciclo de la movilización por la independencia había comenzado ya hacía mucho, y las cuentas lo dicen, que el saqueo económico ya estaba hecho y finiquitado por aquellos negreros del partido español mucho antes de 1898. A Cuba le tocaba vivir todavía varios decenios en un plano subalterno de poderes externos; políticos y fácticos[5]. En 1926 nacería en Brían, en la entonces provincia de Mayarí, Fidel Castro, en un país empobrecido, dependiente, donde el trabajo sin salario o en durísimas condiciones era, todavía algo relativamente normal en el Oriente y  en otras provincias retrasadas, y donde, los lazos de servidumbre de los antiguos esclavos con sus antiguos amos, todavía no se habían disuelto. A él le toco (y el agridulce balance de eso sería de para mucho más que este texto), el destino de ser uno de los instrumentos del pueblo cubano para remover los obstáculos que impedían avanzar sus esperanzas: dignidad, libertad e independencia como pueblo y como nación, y en mi opinión, la asunción jacobina y sin reservas de ese papel (real o simbólico) es el que básicamente ha mantenido a Fidel en ese lugar privilegiado de la política mundial durante decenios.

Concluyo con el siglo pasado, quizás en esta península ibérica de historia tan sufrida y contradictoria, donde “el cortejo victorioso de la clase dominante” (Benjamin) no ha dejado de desfilar frente a nosotras a fuerza de sangre, muerte, guerra y explotación, debíamos tener en cuenta todo el vergonzoso papel de nuestras elites en las aventuras coloniales en el transito del siglo XIX al XX (desastre de Annual) y colocarnos bien en esta cuestión. Entender, por una vez, lo que pasó y lo que está pasando. Hacer al menos balance de nuestro papel y nuestra historia común, antes de apresurarnos a dar lecciones al pueblo cubano de democracia y dignidad, al menos desde abajo… Que cese el ruido unos días.

Esa calle Zulueta; en la que se aposenta con firmeza la embajada española, con sus colas producidas por la escasez de visados[6], sus -pocos- funcionarios españoles invariablemente soberbios y cíclicamente corruptos, con sus muchachos y muchachas orientales encuadrados en la Policía Nacional Revolucionaria, siempre paseando por allí, garantizando suave, aleatoria y severamente el orden de las colas de la escasez programada.

Zulueta se me amanece en la cabeza cada vez que oigo hablar sobre Cuba en España. Frente con frente con la embajada y el consulado español, en Zulueta, esta el Museo de la Revolución, donde está el Granma expuesto, allí a la vista de todas, en una suerte de urna… una señal más en el camino.

La calle, al final, se abre al Mar Caribe y desemboca en esa composición lineal del Malecón de La Habana, rectilíneo puro abierto al mar abierto en todos los sentidos, como un puesto avanzado frente al imperialismo del norte, con la conciencia siempre presente de que a menos de 100 km está Miami. En La Habana todo o casi todo tiene significado, cada lugar, cada espacio, cada parque, cada edificio, cada significante. Es imposible desorientarse.

Lejos de allí pero todavía en La Habana, cruzando el Túnel de La Habana, cerca de la Quinta Avenida, donde en una cuadricula eterna se linean cientos de casas en calles ordenadas por letras y números… Fuimos a comer con unos amigos cubanos, después en el café y el ron, conversando libremente sobre todo, como se habla en Cuba… También sobre Fidel (aunque más bajito)… Un compay no especialmente “adicto al régimen” me dijo mientras sonreía socarronamente: “Mire amigo, los yanquis nunca han entendido a Fidel, el domina todo el campo, ve su jugada y también la del contrario y en algún momento del partido les dice: ¡Pero hombre como me lanzan esa bola alta, juéguenme por aquí, por donde les estoy diciendo… por lo bajo que es donde tienen oportunidades! Fidel se aburre”.

Eso es lo que nos sucede a los blanquitos al llegar a la Antilla o intentar caracterizarla desde fuera: se nos disuelven las palabras, se evaporan los conceptos, si hay un lugar en donde es cierto que la realidad trasciende al concepto… es allí, y así, somos incapaces de elaborar un relato, no podemos nombrar nada, toda la compleja y vibrante realidad caribeña nos supera y descubrimos que no sabemos nada y que allí sólo podemos mirar cómo pasa la vida.

Notas:

[1]  Tráfico ilegal desde 1817 por un acuerdo con Gran Bretaña. Gran potencia económica de la época.

[2] Bozal es como se les denominaba a los individuos en las cuerdas de esclavos.

[3] No se sabe si por el nombre de su Ingenio principal de extracción de azúcar a la caña en Cuba con  más de 500 esclavos o por su provincia natal.

[4] Miquel Biada i Bunyol, conocido por ser el principal promotor del primer ferrocarril peninsular: la línea Barcelona Mataró (1848). Durante su estancia en Cuba su compañía, la Biada y Cía. Se dedica a multitud de transacciones, entre ellas la trata de esclavos africanos, lo que proporciona una gran capital que después invertirá en ferrocarriles.

[5] La enmienda Platt  la United Fruit Company y la Mafia entre otros.

[6] Por experiencia personal y aun con algunos matices… más responsabilidad española que cubana, es España la que no deja entrar, no Cuba la que no deja salir en la mayoría de los casos.

30 noviembre, 2016

Autor/Autora

@lag1977


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