La Escuela Municipal de Jardinería ‘El Pinar’, donde ha trabajado y por la que ha luchado mi padre y el resto de sus compañeros durante más de 20 años, se encuentra en riesgo de ser ‘externalizada’. Y, dado que él ya no está aquí para defender lo que consideraba justo e imprescindible en un trabajo que conocía tan bien, voy a intentar recuperar sus palabras.
Esta escuela lleva recibiendo a población en riesgo de exclusión social desde hace más de 45 años, derivada de entidades, de servicios sociales, de salud mental, que en otros centros formativos no son aceptadas o no ‘encajan’. No solo formándola en jardinería y horticultura, sino atendiendo a sus necesidades personales, ofreciéndole vías para la inserción laboral, y lo más importante, la social.
Reducirla a lo que el consistorio llama ‘baja rentabilidad’, sin apenas conocer este servicio, la labor indispensable que realiza, ni a las personas que acuden a este, es demostrar cuanto menos que hay ciudadanos que no merecen atención pública. ¿Desde cuándo lo social es rentable?
Externalizar, o sea privatizar, llámese empresa o fundación, supondrá, que buena parte de sus actuales usuarios quedaran desatendidos, no son ‘rentables’. Hablan de dedicarla solo a personas con discapacidad y que la gestión pase a ATADES, cuando ya hay centros exclusivos para ello como Gardeniers. Si queremos mejorar un servicio público hay que dotarlo con más recursos humanos y materiales para poder atender a más personas y mejor, también con discapacidad, y no privatizarlo como se quiere hacer.
Hablan de ‘aprovechar’ las instalaciones, pero no de lo más importante, la gente que va a quedar desatendida: personas en riesgo de exclusión social, que salen de procesos de desintoxicación, de la cárcel, jóvenes fuera del itinerario de escolarización, de salud mental, usuarias de la Casa de la Mujer, personas que acuden al albergue municipal, inmigrantes sin regularizar… También el grupo de habilidades de mayores, la escuela abierta a colegios, a CTL... Como decía mi padre: “Somos un equipo y juntos vamos a aprender, a compartir y ser mejores personas”. Reducir las personas a números me llena de rabia y de tristeza.
No sé si esto servirá para algo, por lo menos para reflexionar, para que más gente conozca este servicio, y que nuestros gobernantes, servidores públicos, sigan apostando por lo público de verdad. Si hay que hacer mejoras, hagámoslas, pero desde la municipalidad, porque la Escuela de Jardinería ‘El Pinar’ es parte del patrimonio humano de nuestra ciudad.
Os dejo un fragmento que hizo mi padre hace tiempo sobre este lugar:
Allí donde se levantan dos grandes pinos
y otras muchas plantas más
con sus mil distintos tonos de verde
allí se encuentra la Escuela “El Pinar”.
Jardines, setos, rosaledas,
céspedes, huerto, flores y hasta
un estanque con peces de colores
llenan de paz y armonía
a todo aquel que la visita.
Su encanto está en sus plantas
y en los pajarillos que le cantan,
pero sobre todo en las personas
que día a día lo disfrutan,
lo cuidan y lo miman
con su trabajo.
-Fragmento de Pepe Alesón–




