La escena del sofá

No en este caso no me refiero a Don Juan Tenorio, sino a la Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leven relegada a un enorme sofá lateral mientras su compañero Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel se sentaba junto al Presidente de Turquí Recep Tayyio Erdogan en una visita oficial a Ankara. Muestra tanto esta imagen que no debemos caer en la tentación de quedarnos con la anécdota o lo previsible, Erdogan acaba de sacar a su país del Convenio europeo que hace frente a la violencia machista, alegando que la Convención de Estambul que busca prevenir y …

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No en este caso no me refiero a Don Juan Tenorio, sino a la Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leven relegada a un enorme sofá lateral mientras su compañero Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel se sentaba junto al Presidente de Turquí Recep Tayyio Erdogan en una visita oficial a Ankara.

Muestra tanto esta imagen que no debemos caer en la tentación de quedarnos con la anécdota o lo previsible, Erdogan acaba de sacar a su país del Convenio europeo que hace frente a la violencia machista, alegando que la Convención de Estambul que busca prevenir y combatir tanto la violencia de género como cualquier abuso contra las mujeres en el fondo persigue acabar con la familia tradicional y da alas a la homosexualidad. Un discurso cercano muy cercano al de la ultraderecha europea, o española empeñada en resucitar el concepto violencia intrafamiliar para negar que las mujeres sufren violencia por el hecho de serlo.

Así que el obvio y descarado desprecio a la Presidenta Von der Leven no es noticiable o reseñable, sino coherente con una postura política y personal de considerar a las mujeres inferiores por el hecho de serlo, con absoluta independencia del cargo que ostenten, es un claro mensaje de que ante según quien no sirve de nada haber roto el techo de cristal, eres y siempre serás una mujer.

Lo que es preocupante es la sonrisa relajada del Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, al que le ha costado un par de días reaccionar, manifestando su tristeza por lo sucedido. Él no es un espectador en el “suceso”, él entra en la sala al lado del Presidente turco y se dirige sin problema alguno a una de las dos sillas que tienen enfrente, él se sienta y no dice nada ante la expresión confundida de Von der Leven que no entiende porque hay menos sillas que personas en la reunión y se queda parada en medio de la sala esperando una respuesta que no llega de su compañero, supongo que de Erdogan no la espera, pero ¿de Michel?

Charles Michel no hace nada, no se inmuta, observa como ante la incómoda situación Von der Leven se sienta en un enorme sofá, como asistente de segunda, como privilegiada palmera a un acto que no la reconoce. Y no, no reclamo que se vista de armadura blanca y salve a la doncella desvalida, simplemente que reaccione como lo hubiese hecho de ir acompañado por otro varón, esperar a que traigan otra silla o sentarse a su lado.

Porque claro lo de mantenerse ambos representantes europeos en pie y negarse a mantener la reunión en las condiciones planteadas, eso va mucho más lejos que el enojo de todas y cada una de las mujeres que viven situaciones de desprecio en reuniones, talleres, clases, asambleas… Eso iría de respeto a los derechos humanos y Europa ha renunciado a ellos más allá de sus fronteras, sobre todo en países a los que paga para que se limiten las “invasiones de refugiados”.

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