La derecha quiere borrar años de trabajo feminista: el ataque a la ley del "solo sí es sí"

Este lunes escuchamos a Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y candidato a la presidencia del Gobierno español, anunciar su voluntad de derogar la ley del "solo sí es sí". Y surge la pregunta: ¿Qué quieren poner en el centro para distinguir entre abuso y violación? ¿La largura de la falda, el escote, el estado de ebriedad, si la víctima pidió ayuda, si forcejeó lo suficiente? Porque esto es, precisamente, lo que el feminismo no va a permitir. El consentimiento (no las circunstancias, no los prejuicios, no la moral de otros)  es el eje que debe vertebrar nuestro marco legal. …

Elena Tomás

Este lunes escuchamos a Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y candidato a la presidencia del Gobierno español, anunciar su voluntad de derogar la ley del "solo sí es sí". Y surge la pregunta: ¿Qué quieren poner en el centro para distinguir entre abuso y violación? ¿La largura de la falda, el escote, el estado de ebriedad, si la víctima pidió ayuda, si forcejeó lo suficiente? Porque esto es, precisamente, lo que el feminismo no va a permitir. El consentimiento (no las circunstancias, no los prejuicios, no la moral de otros)  es el eje que debe vertebrar nuestro marco legal.

Esta ley es pionera en el mundo: reconoce y garantiza el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias sexuales. Por fin, España visibiliza formas de violencia sexual antes silenciadas, prioriza el consentimiento y deja atrás la distinción aberrante entre abuso y violación. Así ampliamos el marco de la Ley 1/2004 para incluir casos como los de Laura Luelmo, Diana Quer, las víctimas de las manadas y a miles de mujeres que, dentro o fuera de la pareja, han sufrido violencias ignoradas durante décadas. Es, también, la ley del “No es abuso, es violación” y la del “Hermana, yo sí te creo”.

Lo verdaderamente revolucionario de la ley del "solo sí es sí" es su enfoque integral. No se limita a endurecer penas, porque no es esa la vía feminista, sino que impulsa un cambio radical en la atención, prevención, concienciación y acompañamiento de víctimas. Por fin, los poderes públicos tienen la obligación de ofrecer servicios especializados y centros de crisis 24 horas. Porque los derechos de las mujeres nunca más se perderán en callejones oscuros y porque millones de voces que pedían justicia fueron integradas en esta ley, España daba ejemplo al mundo.

Esta norma nació de la calle, de los gritos de “Yo sí te creo”, de las movilizaciones feministas, del trabajo de juristas y de un Gobierno comprometido. Constituye una respuesta moderna, a la altura de los estándares internacionales y adapta el marco legal a las realidades y demandas de la sociedad, situando a España en la vanguardia de las políticas de igualdad.

España deja de ser opaca ante la violencia sexual. Las cifras son escandalosas: una de cada 20 mujeres en Europa ha sufrido una violación; en nuestro país, el 13,7% de las mayores de 15 años han sufrido violencia sexual, y el 6,7% han vivido agresiones fuera de la pareja. Durante años, los delitos contra la libertad e indemnidad sexual no han dejado de crecer, pero buena parte de estas violencias ni siquiera aparecían en la legislación.

La ley del "solo sí es sí" erradica la distinción entre abuso y agresión. Basta un acto realizado sin consentimiento para que sea entendido como agresión. Así, nunca más las Laura Luelmo, las Diana Quer y otras tantas mujeres quedarán fuera del amparo de la ley. Cumplimos con los tratados internacionales, como el Convenio de Estambul, y con nuestra Constitución.

El énfasis es claro: atención, prevención, servicios especializados, intervención desde la educación, los servicios sociales, los cuerpos de seguridad y el ámbito sanitario. No se trata sólo de castigar, sino de prevenir y acompañar. Porque las víctimas no quieren caminar solas. Ahora, esta ley garantiza que ninguna vuelva a sentirse sola.

Además, considera formas de violencia antes olvidadas: el acoso callejero, la violencia en el espacio público, en el trabajo, en el ocio… Por primera vez, las mujeres encuentran en la ley una respuesta a la violencia sexual fuera del ámbito de la pareja.

Frente a las tentaciones de la derecha y la extrema derecha de volver al pasado, de cargar sobre las mujeres la responsabilidad (“¿cómo iba vestida?” “¿había bebido?”), la ley del "solo sí es sí" coloca el consentimiento en el centro y, con él, el derecho a disfrutar de nuestros cuerpos, espacios y libertades. ¿Realmente queremos volver a preguntar si la víctima se lo buscó, si iba sola, si llevaba la falda demasiado corta? Eso es lo que representa la  degradación que el PP y Vox defienden: dar cobertura a la cultura de la sospecha, del machismo y del silencio.

Esta ley es resultado de años de lucha, de millones de voces pidiendo justicia. Reconoce hasta 11 supuestos de violencia sexual, pone fin al agujero negro legal que invisibilizaba a miles de víctimas y dota a nuestro país de herramientas modernas y garantistas. No sólo aplicamos penas sino acompañamiento, prevención y reparación.

Los derechos de las mujeres nunca más volverán a perderse en callejones oscuros. Millones de voces fueron escuchadas, y esta ley es la ley del "solo sí es sí" y del "hermana, yo sí te creo".

Quieren retroceder para que todo dependa, otra vez, del prejuicio y la moral ajena. Pero la ley del "solo sí es sí" es la garantía de que el consentimiento es el único centro. Nosotras ya hemos dicho basta. No vamos a retroceder.

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