La crítica simplista a Syriza

Todo el mundo es libre de criticar, es cierto. Yo cometo errores constantemente y me gusta, no mucho, que me los critiquen. Incluso Syriza los comete, no está demás advertirlo.

Foto: Agencias

Rápidamente se enchufaron muchas a sus pantallas de móvil de última generación para criticar sin pudor, y en muchas ocasiones sin conocimiento, lo que consideraban una traición del gobierno de Syriza a su pueblo. Así, sin más meditación, algunas bajo las comodidades energéticas de una luz, que este acuerdo no cortará a ningún griego, pusieron a funcionar su esperpéntica maquinaria en las redes sociales.

Todo el mundo es libre de criticar, es cierto. Yo cometo errores constantemente y me gusta, no mucho, que me los critiquen. Incluso Syriza los comete, no está demás advertirlo. Sin embargo, parece poco efectivo y un flaco favor que se reproche el principio de acuerdo, todavía sin cerrar, desde sectores de la izquierda de toda Europa. Esa Europa que nos está consumiendo a todas.

La Unión Europea se ha construido en base a un proyecto macroeconómico que en poco beneficia a las personas. Syriza está intentando virar su atención hacia el pueblo, algo que no era común hasta ahora. El criticado principio de acuerdo rebaja en mucho las expectativas de sus acreedores, de hecho el mismo Fondo Monetario Internacional se ha cerrado en banda a aceptarlo.

Las negociaciones parten desde una posición más que desfavorable para los intereses griegos. Ese es el problema. El gobierno de Syriza ha jugado sus escasas cartas de la mejor manera posible, y quizá no haya habido otra alternativa.

La publicación la semana pasada de la “propuesta final de Grecia para poner fin a la crisis” de Yanis Varoufakis,  anunciaba las buenas intenciones de Syriza, pero también el malintencionado uso de la propaganda con la intención de debilitar a un gobierno que amenaza un poquito al proyecto económico de la UE. Criticando la propuesta helena se contribuye a lo segundo.

Hace ya unos meses que me planteé las diferentes salidas que tiene Grecia. Muchos pensamos que romper con la UE y consolidar el lema “No pagamos” es una salida extrema, que conllevaría la quiebra técnica de Grecia, la salida del euro, el regreso al dracma y un sinfín de penurias que podrían abarcar un periodo entre cinco y diez años. Una soga al cuello del pueblo griego, ya bastante esquilmado, durante demasiados años. Pero quizá una buena salida.

Sin embargo, pese a mi euroescepticismo, no seré yo quien critique las decisiones del gobierno de Alexis Tsipras. No tengo el conocimiento ni creo la propaganda. No estoy capacitado para hacerlo y no creo que la política interna de Syriza haya empeorado en algo la vida de los griegos, que al final son quienes me importan. Las personas.

Por ahora las propuestas de Syriza están siendo algo más inteligentes que mi radical propuesta. Aligeran el peso de la deuda, mientras solucionan en casa la urgencia social, cometido para el que se les ha elegido y por ello continúan sumando apoyos. Cada vez más griegos respaldan el gobierno de Syriza, y así lo muestran las encuestas. Pero claro, de mandatos del pueblo poco se sabe en la UE, el BCE o el FMI.

El FMI ha bloqueado las negociaciones, hace unas horas, porque no le gusta la subida del impuesto de sociedades, del 26% al 29%. Tampoco le gusta la aparición de un impuesto especial del 12% para operaciones superiores a medio millón de euros. Rechaza también un tasa para el juego y las apuestas. Sin embargo, estima oportuna una rebaja de las pensiones. ¿Increíble? Pero cierto. Estas son las negociaciones a las que se enfrenta Syriza.

Criticar sin meditar este principio de acuerdo supone un error considerable de análisis. Evidentemente si lo comparamos con el programa de Syriza la propuesta cojea. Pero si lo comparamos con la reclamación de sus acreedores es un muy buen acuerdo, que algunos como el FMI no están dispuestos a aceptar. Criticar a Syriza por esta propuesta es desconocer completamente a quienes están tratando de “humillar a Grecia” y contribuir, con la crítica, a la masiva propaganda que desde sus medios de comunicación se lanza. Una propaganda que no tiene como enemigo a Grecia o a Syriza. Tiene como enemigo a cualquiera que trate de cambiar un ápice del orden económico establecido.

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