Israel, un hijo maltratador

Cuando pensamos en los términos de la sociología organicista, tal vez no profundicemos tanto como debiéramos o, al menos, tanto como podamos. A día de hoy, 18 de febrero de 2024, el estado de Israel aprueba una decisión declarativa sobre el no reconocimiento de un futuro estado palestino. No obstante, este solo es un día más en un conflicto que alcanza ya los 75 años de duración, siendo 2023 y el comienzo de 2024 especialmente sanguinarios, contando más de 29.000 muertes en el bando palestino desde el 7 de octubre de 2023. En muchos medios de comunicación se habla correctamente …

Cuando pensamos en los términos de la sociología organicista, tal vez no profundicemos tanto como debiéramos o, al menos, tanto como podamos.

A día de hoy, 18 de febrero de 2024, el estado de Israel aprueba una decisión declarativa sobre el no reconocimiento de un futuro estado palestino. No obstante, este solo es un día más en un conflicto que alcanza ya los 75 años de duración, siendo 2023 y el comienzo de 2024 especialmente sanguinarios, contando más de 29.000 muertes en el bando palestino desde el 7 de octubre de 2023.

En muchos medios de comunicación se habla correctamente de genocidio para explicar lo que le está ocurriendo a la población palestina, pues afirma Netanyahu, actual primer ministro israelí, que la guerra continuará “hasta el final”. De hecho, la Corte Internacional de Justicia de La Haya lo ha calificado como tal y ha demandado al estado de Israel que tome medidas para impedir la masacre de la población palestina, de la misma forma que lo han solicitado diversos estados de forma independiente. Todas estas intervenciones, sin generar cambio alguno en la actuación de Netanyahu.

El origen del conflicto Israelí se remonta a a la década de 1940, cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueban el Plan de Partición de Palestina, lo cual divide el territorio antiguamente palestino en dos estados distintos: el estado árabe recibe el 44% del territorio y el estado judío el 51%, quedando Jerusalén y alrededores bajo el control del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas. La causa directa de esta partición y de la decisión de crear un estado únicamente judío surge directamente como consecuencia del holocausto llevado a cabo por el régimen nazi sobre esta población. El sentimiento generalizado de empatía y solidaridad con este pueblo no solo se arraigó en el corazón de millones de personas tras conocer el genocidio cometido por la dictadura alemana, sino que institucionalmente surgió la necesidad de resarcir a la comunidad judía. Este deseo de justicia que experimentamos tras la Segunda Guerra Mundial a nivel global se desarrolló principalmente a través de los Juicios de Núremberg y, también, con este impulso de crear un estado para la actual población israelí.

Sin embargo, parece que a las Naciones Unidas les ha salido el tiro por la culata. Sin querer adentrarme en otros posibles motivos que hayan podido incentivar la creación de este estado o los intereses individuales de ciertos países en el mismo, pues esto no tiene la intención de ser un texto sobre política internacional ni historia mundial, ni mucho menos tomar un tinte conspiratorio, la motivación en un primer momento positiva, inocente y moralista de compensar a un pueblo que había sufrido un trato infernal, no ha causado sino el mismo infierno para el pueblo palestino. El hijo favorito de papá ONU ha hecho, una vez convertido en un adulto, lo mismo que vivió en casa: destrucción, masacre y genocidio.

Desde la comprensión de la sociología organicista de una sociedad como un organismo vivo, podemos darle una nueva interpretación narrativa al conflicto de oriente próximo. Tomando al conjunto de la población judía israelí como una sociedad, que actualmente conforma un estado, con una cultura común, un sentimiento de identidad y pertenencia, un lenguaje compartido y un funcionamiento autónomo; podemos hablar de su evolución de la misma manera que hablamos de la evolución de un organismo vivo, y en este caso, de un ser humano.

La psicología lleva años tratando de aportar comprensión a nuestros comportamientos y ofreciendo explicaciones lógicas a los procesos más profundos del ser humano. Así pues, desde el trabajo de esta disciplina se nos da a conocer cómo aquellos comportamientos vistos y aprendidos en etapas previas de la vida, sobre todo durante la infancia y la adolescencia y en entornos con gran influencia para el individuo, como lo son el hogar y la familia, pueden generar la repetición de los mismos en un alto porcentaje de casos. Un ámbito habitualmente estudiado bajo este mismo proceso es la violencia de género en el hogar. Las investigaciones nos muestras que aquellos niños que han vivido estas situaciones durante su infancia, que han convivido con una relación de poder de su padre sobre su madre con actos de violencia física, psicológica y maltrato en general, tienen mayor probabilidad que la población media de repetir estos actos en el futuro y convertirse en agresores de pareja. De igual forma, las niñas criadas en estos hogares también presentan una mayor predisposición de ser víctimas de violencia de género en la etapa adulta. El aprendizaje de esas dinámicas en la infancia y desde las principales figuras de referencia, los padres, acompañado del gran peso de los estereotipos y roles de género en nuestra sociedad, generan la combinación perfecta para crear futuras víctimas y futuros maltratadores.

Entonces, ¿podemos hablar del estado de Israel como un organismo vivo, con historia propia, conciencia propia y temperamento propio? ¿Podemos aplicar estos estudios al comportamiento que está teniendo Israel en la actualidad? La situación que está viviéndose en Gaza es profundamente violenta, desesperante e injusta, y no solamente para la población palestina que sufre diariamente y en sus carnes estos ataques por parte de Israel, sino que también, de forma colateral y en menor medida, para todo el panorama internacional, quienes estamos siguiendo este conflicto y percibiendo estos actos como una clara declaración de intenciones genocidas y, a su vez, como una repetición de uno de los episodios más trágicos de la historia de la humanidad. Tal vez el contexto no sea el mismo, ni las posiciones internacionales tan claras, y los métodos sean menos bizarros y más clásicos, pero la guerra de Gaza no parece tener intención de terminar hasta que la población palestina desaparezca del territorio demandado por Israel o, al menos, sea tan nimia que no suponga un impedimento a los intereses del estado. Así pues, podemos decir que cualquier forma de intentar comprender estos actos tiene un valor para todas las víctimas del conflicto, directas e indirectas.

Por lo tanto, sí, puede que Israel esté tratando una lucha de intereses de la misma forma que su población sufrió hace cien años. Puede que la historia se repita y a la población israelí, o al menos a sus dirigentes, se les haya olvidado el sentimiento de derrota y miseria que sufrieron por parte del régimen nazi. Tal vez la comprensión de una sociedad como un ser vivo implica comprender que los acontecimientos que experimenta forjan directamente su carácter como grupo y como estado, que implica la predisposición o al menos la probabilidad de llevar a cabo ciertos comportamientos a posteriori, y bueno, que de tal palo tal astilla. Lo que le está sucediendo a la población palestina es un genocidio, con una intención clara de eliminarla del territorio demandado por Israel y sin ningún tipo de piedad ni intento de mediación con su población; así que puede que ser un pueblo asentado tras una gran masacre como lo fue el holocausto haya definido seriamente la política actual de su estado. Sea como fuere, y dándole la explicación que queramos darle a estos hechos siempre incomprensibles, la guerra que actualmente tiene lugar en Gaza es completamente injusta, inmoral e inhumana, y por mucho que intentemos explicarla, será siempre injustificable.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies