Ira Hybris es una militante transfeminista y pensadora comunista queer del Estado español. Ha coordinado la antología “Las degeneradas trans acaban con la familia” (Kaótica Libros, 2022) y su trabajo se centra en una perspectiva postidentitaria, totalizante y revolucionaria de la liberación trans.
Es un placer y un gustazo compartir rato y realizar su primera entrevista sobre su recién publicado libro “Mutantes y Divinas: Elementos de crítica transgénero” que cuenta con interesantes comentarios de personas de referencia como Piro Subrat, Layla Martínez y Sara Torres. Nos quedamos con lo que Alana S. Portero dice sobre esta obra: "Existe una grieta innegable entre el activismo y la academia, del mismo modo y por parecidas razones a la abierta entre la lucha obrera y la disidencia transmaribibollera. En 'Mutantes y divinas' Ira se lanza al centro de ese abismo para tender puentes desde la voluptuosidad, el orgullo, la resistencia anticapitalista radical y la imaginación. Este libro es un motín monstruoso y erudito que proclama la revolución, una llamada al entendimiento implacable para reducirlo casi todo a cenizas y construir un mundo nuevo y travesti, en el que lo torcido es hermoso y guía al pueblo. Ira es Preciado, Stryker, Halberstam, Hocquenghem y la vieja travesti de la esquina que nos cuida".
Nos encontramos en el Centro Social Okupado Kike Mur de Zaragoza, esa antigua cárcel donde tantas personas sufrieron y murieron, que ahora es un lugar de encuentro, celebración y disidencias. Con frío en los cuerpos, pero al calor del mutante y divino discurso de Ira, comenzamos la entrevista.
"Tenemos que construir crisálidas de nuevas sociedades dentro de la vieja sociedad"
La primera pregunta, estando donde estamos, viene fácil. Porque tú haces una metáfora de este libro con una casa okupa. ¿Nos puedes contar un poco más de esa casa okupa que quieres habitar con esta obra?
Una metáfora que me parece muy interesante de la política revolucionaria, tal y como se está pensando actualmente desde sus posiciones más heterodoxas, es esta idea de que tenemos que construir crisálidas de nuevas sociedades dentro de la vieja sociedad. Históricamente los centros sociales se presentaban como afueras o como espacios que en sí mismos ya existían al margen del sistema. Y yo creo que es más fructífero no pensarlo tanto como un afuera, sino como una crisálida que, desde dentro, va gestando nuevas formas de encontrarnos, donde empezar a poner en práctica y ensayar nuevas relaciones por venir. A la vez, también quería resignificar esa figura de la casa de la diferencia que nos propone Audre Lorde, pero llevándola un poco a nuestra experiencia cotidiana, convirtiéndola en un CSO transfeminista donde juntarnos con amigas y camaradas. Y precisamente jugué a que mis compañeras del CSO fuesen aquellas personas, aquellos colectivos que habían sido más influyentes para mi teoría. Además, un centro social okupado es ese espacio desde donde construir esos márgenes que nos son acogedores, que son lugares donde poder expresarnos de formas mucho más libres que en el resto de la sociedad, pero también lugares donde organizarnos, lugares donde conspirar, donde pasar a la ofensiva.
¿Y qué podemos encontrar en las páginas de “Mutantes y Divinas”?
Pues bueno, yo creo que la respuesta más corta sería que “Mutantes y Divinas” es una llamada comunista trans a la abolición del género. Y esto en un contexto muy determinado en el que los feminismos más hostiles para con las luchas trans se han apropiado de esta idea de abolir el género como un arma arrojadiza contra la autodeterminación, contra las transformaciones elegidas sobre los cuerpos de las personas trans. Para mí, si bien comprensible desde una actitud defensiva, era injusto que el movimiento trans tuviese que alejarse de este horizonte de emancipación, llegando a pensar que la abolición es un proyecto que ha de atemorizarnos, que de alguna forma nos arrebata refugios. En su lugar, lo que nos demuestran nuestras genealogías torcidas es que las personas disidentes y queer, las personas que igual no se nombraban desde lo trans pero ya estaban desafiando los mandatos de las “mujeres” y los “hombres” de su tiempo, fueron las primeras en proyectar futuros utópicos más allá de las categorías actuales.
"Un horizonte universal en el que todas las personas, como consecuencia de la abolición del capitalismo, alcanzaban un estadio más allá de las categorías binarias"
Y Mario Mieli es uno de tus pilares fundamentales en esta necesidad. ¿Quién fue?
Una filósofa/filósofo, pues se nombraba indistintamente en femenino y masculino, de los 70 de la izquierda comunista italiana. Su principal obra, “Elementos de crítica homosexual”, fue mi inspiración para titular este libro “Elementos de crítica transgénero”. Mieli urdió un concepto muy especial; la transexualidad que, lejos de significar lo que a día de hoy interpretaríamos desde una narrativa más biomédica, trataba de poner palabras a un horizonte universal en el que todas las personas, como consecuencia de la abolición del capitalismo, alcanzaban un estadio más allá de las categorías binarias (hombre-mujer, heterosexual-homosexual, etc.). Ella estaba avanzando lo que hoy podríamos llamar un no-binarismo comunista.
Y algo que encuentro muy inspirador es que, a mi parecer, sus propuestas no podían cuajar realmente en su momento histórico, porque no existía un movimiento trans, ni mucho menos personas no binarias y queer organizadas, ni tampoco una izquierda comunista verdaderamente dispuesta a abrazar estas perspectivas. A su modo, creo que este libro también es una invocación al fantasma de Mario Mieli en un momento en el que sus ideas pueden servirnos de guía y llegar a materializarse, pues están dadas las condiciones para ello.
"Teorizar nos permite salir de nosotras mismas, nos permite romper con lo aparente, con lo que se nos ha hecho sentir como lo único posible"
En relación con lo que comentabas, en el preámbulo afirmas que “El acto de producir teoría carga sobre sus espaldas la sospecha de transfobia”...
En un momento en el que parece que la teoría únicamente está sirviendo como un lugar desde donde ejercer violencia, cuando algunas filósofas y académicas históricas del feminismo están haciendo uso del pensamiento abstracto únicamente con el afán de herir a las nuestras, yo quería recuperar la necesidad de que las personas trans produzcamos y nos dejemos afectar por la teoría. Teorizar nos permite salir de nosotras mismas, nos permite romper con lo aparente, con lo que se nos ha hecho sentir como lo único posible.
Tú te atreves a teorizar, pero consigues un equilibrio muy bueno entre teoría crítica, con militancias, afectos. Yo creo que el libro está como muy equilibrado en ese sentido ¿no?
Bebo de las enseñanzas que nos llevamos de los transfeminismos en lo que respecta a problematizar lo que entendemos como teoría. Hay mucha teoría, pero no la vais a encontrar únicamente en el formato que hegemónicamente se ha entendido como tal. Es decir, creo que una conversación con amigas, como puede ser la que incluyo con Itziar Ziga, puede ser un encuentro profundamente teórico. También se citan cortometrajes, canciones, memes. Y creo que son fuentes teóricas tan poco desdeñables como un texto de Marx y que nos revelan información muy políticamente relevante para el presente. He intentado hacer un libro mutante en el que se reconocen saberes de muchos tipos, de muchas personas.
¿Es a eso es a lo que te refieres cuando hablas de que ocupas una posición del saber situado, pero también colectivo? Porque también nos cuentas muy bien en el libro de dónde surge, de dónde vienes, quién eras, quién eres, quién vienes siendo y toda esa mutación por la que tú pasas...
Esta noción de Haraway del saber situado me parece súper necesaria. Porque la teoría queer no suele concebirse como algo encarnado, como algo que nos suceda en las entrañas y en el cuerpo. Precisamente lo que ha logrado la filosofía más androcentrada, más colonial, es que pensemos que se trata de una visión objetiva que parte meramente del ejercicio de la razón, pero, como nos enseñan compañeras como Carolina Meloni o María Galindo, todas las ideas están sudadas.
En este sentido, y siendo consciente de que en entornos activistas el acto de referenciar autorías se percibe como excesivamente académico, yo creo que hay una diferencia muy grande entre las citas de autoridad, recurriendo a esos grandes señores muertos e ilustrados, y una cita de reconocimiento hacia aquellos sujetos feminizados, racializados, discas, queer, discursos que no tuvieron acceso a las atalayas del saber. Escribiendo desde el norte global y desde la blanquitud, sería tremendamente deshonroso no poner sus nombres.

Todo el rato dialogas, agradeces, nos traes, nos haces bailar... Tanto con personas que igual sí que han tenido sus lugares en esa atalaya, como con otras personas que han formado parte de tu vida cotidiana o con las que has compartido luchas y que no publican...
Esta decisión nace de conversaciones con Lidia García, autora del libro “¡Ay, campaneras!” que, aparte de una gran amiga es una persona inteligentísima y siempre ha señalado la necesidad de reconocer esos saberes, cuando algo te lo enseñó tu abuela. Es curioso, igual la gente no se espera que un libro marxista trans tenga como metodología algo que parte de una mamarracha coplera, pero ella tiene esta posición, para mí tan transfeminista de clase, de siempre reconocer esos momentos y esos aprendizajes a los que no se les ha conferido ninguna autoridad en cuanto al saber oficial.
Y ¿a quién, a quiénes les hablas, interpelas, abrazas con este libro? ¿A quién se dirige?
Esta pregunta podría tener dos respuestas. La primera sería que hay dos sectores que son los principales interlocutores de este libro. Por un lado, la izquierda socialista, entendiéndola en toda su amplitud y, por otro, el movimiento queer y transfeminista, la lucha transmaribibollera crítica. En cierto modo, busco que se dejen seducir el uno por el otro, dado que no siempre han intimidado bien, siendo el principal responsable el movimiento socialista con su hostilidad a la diferencia y hacia todo lo que se salía de lo normativo.
Pero en verdad, creo que la humanidad oprimida en su conjunto es el sujeto político de “Mutantes y Divinas”. Por supuesto, tiene como un primer momento de propiciar ese diálogo necesario entre las disidencias queer y el movimiento socialista. Pero al final los horizontes de libertad y emancipación que propone van mucho más allá de unas siglas (tanto de corrientes políticas como de identidades específicas).
¿Quieres contar algo más sobre colectivos, movimientos, personas con las que luchas?
Sí. Hay algunos colectivos que, definitivamente, me inspiran en este ejercicio teórico. Y creo que también es de justicia nombrarlos, porque se suelen nombrar las autorías individuales y no las organizaciones políticas. Por un lado, por supuesto Vagas y Maleantes, que es la Asamblea Queer Revolucionaria de aquí de Zaragoza y creo que estamos haciendo avanzar, poco a poco, al movimiento anticapitalista hacia abundancias inexploradas en lo que respecta al género y la sexualidad. Luego Rojo del Arcoíris, que fue un proyecto marxista-queer en el que tuve la suerte de participar y que también fue un soplo de aire fresco a nivel de creatividad y experimentación política. Creo que algo muy bueno que nos trae el marxismo es esa necesidad de volver a hacer una política experimental, y eso significa arriesgarse a crear nuevas fórmulas e, inevitablemente, equivocarnos en el camino. Luego habría colectivos como el Orgullo Crítico de Murcia, que también son súper inspiradoras, las Maribolheras Precàrias en A Coruña, EHGAM en Euskal Herria y, a un nivel más partidario, mencionaría a Anticapitalistas, que, ya desde los tiempos de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), han avanzado perspectivas muy críticas, muy deseantes, que no abundan en la izquierda comunista.
"La pregunta que tendría que hacerse en todo caso la izquierda revolucionaria es ¿por qué el futuro es binario? y ¿por qué el futuro es heterosexual?"
¿Por qué el futuro es no binario?
La pregunta que tendría que hacerse en todo caso la izquierda revolucionaria es ¿por qué el futuro es binario? y ¿por qué el futuro es heterosexual? Si hemos entendido que las formas actualmente dadas (de hombre-mujer, hetero-homosexual, cis-trans) son, por un lado, unas lógicas impuestas mediante un proceso colonial basado en la destrucción de formas de parentesco y de vivir los cuerpos y las relaciones que rompían con los marcos de la modernidad, así como que estas categorías binarias están puestas al servicio de las necesidades del capital, de la división entre una esfera privada y una esfera pública, de la necesidad de naturalizar en ciertos cuerpos la reproducción de fuerza de trabajo. Si nosotras queremos construir un futuro más allá del trabajo asalariado, de la forma privatizadora de la familia. ¿por qué íbamos a seguir queriendo que la gente contenga, limite lo que puede hacer, lo que puede llegar a ser, cuando no haya una institución económica que lo requiera? Yo invitaría a preguntarnos: ¿cuántas cosas has dejado de ser? ¿Cuántas cosas has dejado de hacer, desde no ir a esas clases de ballet extraescolares, a no jugar al fútbol en el recreo, cuántas cosas has dejado de compartir simplemente para poder encajar en la idea de los “hombres de verdad” y las “mujeres de verdad” que se nos ha dicho que debíamos ser? Y no por capricho, sino para no convivir con escenarios de violencia. Las revolucionarias, si queremos acabar con las instituciones que hacen posibles y necesarias estas delimitaciones, ¿cómo no vamos a desearle a la humanidad futura la mayor fluidez y la mayor autoexploración posible?
Entonces ¿la pregunta sería por qué el futuro debe ser racishetero?
En la izquierda comunista, en el mejor de los casos, han pensado en futuros respetuosos con las personas discas, con las personas queer, racializadas… Pero prácticamente nunca han pensado en un futuro que revolucione nuestra idea de la interdependencia de maneras que actualmente solo vislumbran las personas discas, que revolucionan nuestra forma de entender el placer y las posibilidades de los cuerpos de formas que actualmente solo vislumbran las personas queer, que revolucionen nuestras formas de entender los parentescos de formas que actualmente sólo podrían entender las personas racializadas. Y esto es algo que ha delimitado muchísimo la imaginación política del anticapitalismo.
"Sería simplemente irrespirable una militancia sin afectos"

En estas páginas también reflexionas sobre la importancia de que los espacios de militancia sean también contra-instituciones de sostén colectivo y sobre la necesidad de tener “amores-camaradas” para realmente poder transformar la realidad. Y también haces una crítica a esa propuesta tan rancia de los espacios militantes de izquierdas y esta típica frase de “aquí no venimos a hacer amigos, sino a hacer política”...
Creo que la forma en que Karl Marx describe el comunismo, que es ese “movimiento real que abole el estado actual de cosas”, lo que presupone es que se trata de una superación del presente y de las relaciones sociales que habitamos, pero que parte de las premisas existentes. Y esto para mí es muy importante. El comunismo no es algo que pertenece a un futuro lejano, es algo que hay que comenzar a construir aquí y ahora. Y es cierto que estamos muy acostumbradas a escuchar esta idea de que a la militancia no se viene a hacer amigas. Puedo entender ciertas limitaciones, pues igual de una forma mal llevada, la amistad puede acabar mermando la democracia interna de un colectivo o puede acabar reduciendo su capacidad de transformar la realidad más allá de lo más autorreferencial. Pero creo que sería muy triste y, directamente algo que no nos podemos permitir, que para evitar esos riesgos abandonemos la capacidad de producir emociones y afectos nuevos en la propia militancia.
Lo cierto es que las militancias siempre han sido espacios de sostén colectivo y siempre nos han permitido sanar en común heridas estructurales, pero no se ha reconocido esa labor. Es decir, nos hemos comportado exactamente igual que el capitalismo con este trabajo comúnmente feminizado. Sería simplemente irrespirable una militancia sin afectos. En este sentido, la propuesta que hago es entender la militancia como prefiguración de una sociedad nueva. Tiene que ser todo lo distinto y todo lo contrario a una ausencia de emociones; tiene que ser la producción de las nuevas emociones, de emociones que expanden lo que actualmente conocemos. Este mundo nos ha herido tan brutalmente a todas que necesitamos que nuestras organizaciones políticas, al tiempo que avanzan frente a la racisheteronorma, frente al capitalismo en su totalidad, sanen. Y tendremos que empezar a concebir, siguiendo el poema de Roque Dalton, nuestros espacios cotidianos de lucha como una suerte de aspirina revolucionaria.
Tras todo el valioso aporte que permite la contaminación cruzada y mutante entre academia, calle, amores y purpurina, pasas a lo práctico e incluso nos aportas unos tips para transexualizar el comunismo. ¿Puedes hablar de esto?
En este libro, el cual consiste en una reflexión muy filosófica, que se da en un terreno utópico y especulativo; creía que era necesario dar una pequeña hoja de ruta para la lucha en (y contra) el presente. En lo que respecta al movimiento socialista, para mí la más urgente y necesaria de sus tareas es una ruptura total con su afán homogeneizador del pasado, así como con esa necesidad de silenciar lo disidente. En este sentido, la unidad de clase no es algo abstracto, no es algo que esté dado, sino que es algo que hay que pelear precisamente confrontando todas y cada una de las violencias que nos atraviesan.
Por pensar un ejemplo concreto, el otro día hablaba con mi compañera Julia Cámara de cómo surgieron en Madrid y en Barcelona, en los años 80, redes populares de sanidad que operaban como como centros autogestionados desde los barrios con profesionales sanitarios al servicio de la lucha, en las que no se preguntaba ni se pedía documentación alguna, que iban muy unidos al movimiento feminista. Creo que, de haber conocido esta experiencia política, estaría definitivamente en el libro, porque son precisamente un ejemplo perfecto de una lucha socialista más allá de la identidad, pero que es estructuralmente queer y transfeminista, porque van a ser las trabajadoras sexuales, las personas migrantes y en situación irregular, las personas trans con una identificación que no se corresponde con la deseada, las personas drogodependientes… Quienes acudan. Bueno, pues aquí tenemos un ejemplo de lucha de clases genuino, para toda la diversidad de la clase trabajadora.
"En un mundo en el que lo biomédico y las patentes pertenecen a empresas privadas, tenemos el deber de cuestionar la propia construcción de la locura"
En el libro apuestas también por construir alianzas contra la psiquiatrización...
La antipsiquiatría, por supuesto. Porque este sistema construye como patológico todo lo que lo enfrenta. Es imposible que hagamos una lucha revolucionaria si nuestros males comunes se privatizan, se sitúan como individuales y se canalizan a través del mercado de consumo que, por otra parte, no garantiza el alivio. En un mundo en el que lo biomédico y las patentes pertenecen a empresas privadas, tenemos el deber de cuestionar la propia construcción de la locura.
Reconoces también limitaciones como que los marcos utilizados son excesivamente humanistas y apuntas a posibles ámbitos o líneas y aportes para profundizar y corregir esto. ¿Cuáles serían?
Yo tengo muy claras las dos principales limitaciones de este libro. Una tiene que ver, sin duda, con la ubicación en la blanquitud y el norte global desde donde lo escribo. Si bien creo que hay un intento constante de visibilizar que hay genealogías no-blancas que iluminan nuestro camino a las que debemos atender, es muy difícil hacer una política marxista que no esté apolillada de ciertas visiones occidentales del mundo, de ciertas epistemes ilustradas. Por ello, quisiera invitar a quien me lea a complementar este libro con perspectivas revolucionarias decoloniales.
Por otro lado, hay una gran ausencia, a causa de mi falta de formación al respecto, que es la de una perspectiva ecosocialista. Creo que el movimiento comunista tiene que hacer una reflexión muy amplia sobre por qué el productivismo de su legado pasado no es posible a día de hoy, ni tampoco deseable. La crisis ecosocial ya está determinando la lucha de clases en el mundo, la cual va unida a procesos de raza y género, y no podemos desatender este marco. Pero bueno, quiero pensar en este libro como un ladrillo más en la construcción de una lucha colectiva. Si un día éste se volviese obsoleto, esa sería la mejor de las noticias posibles. Eso significaría que muchas de sus ideas han conseguido permear en el movimiento y que otras tantas ya nos invitan a ser aún más ambiciosas y a buscar nuevas herramientas. Vamos, en este sentido, deseando estoy el momento en el que estas páginas se auto-abolan y se vuelvan redundantes.
"Quiero pensar en este libro como un ladrillo más en la construcción de una lucha colectiva"
Y ¿Dónde se puede conseguir “Mutantes y Divinas”?
Yo me atrevería a decir que en general en todas las librerías locales en las que soléis comprar vuestros libros degenerados, feministas y anticapitalistas: La Montonera, Pantera Rossa, Cálamo, Antígona. Y siempre puede pedirse online en Todostuslibros.com o en la propia web de Kaótica Libros, que esta navidad tienen envíos gratuitos. ¡Y espero que muy pronto en bibliotecas de todo tipo!


