Hace escasos días más de doscientas personas llenaban la Sala Venecia de Torrero (otras cien quedaban fuera) convocadas por las plataformas Salvemos los Pinares de Venecia y No es Sequía es Saqueo, para debatir el irracional despliegue de centros de datos que se está dando en nuestra ciudad y en todo Aragón.
Continúan así con la campaña iniciada para oponerse al centro de datos de Microsoft en Puerto Venecia y que consiguió reunir, en pleno mes de agosto, casi 450 alegaciones contra la instalación de este centro.
Una campaña contra la opacidad, la falta de información, las mentiras y la ausencia total de participación que las grandes corporaciones tecnológicas, con la inestimable participación de los Gobiernos del PP y VOX en Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza están desplegando para facilitar al máximo el aterrizaje de estas infraestructuras a través de los PIGAs, incentivos fiscales millonarios y un control de las licencias más que laxo.
Una movilización ejemplo de inteligencia humana, esa que es capaz de establecer qué es lo prioritario para el desarrollo, y a partir de la experiencia razonar, planificar, comprender el ambiente, es decir, darse cuenta, dar sentido a las cosas o imaginar qué se debe hacer para un futuro mejor.
Es esa inteligencia humana la que nos dice que este modelo de desarrollo es insostenible y altamente depredador, que tenemos que plantearnos en manos de quien están estas tecnologías, qué impactos están teniendo, y cómo deberían funcionar. Una reflexión en la que seamos capaces de imaginar un futuro tecnológico social y ambientalmente justo, también desde el punto de vista de las infraestructuras.
No hace falta ser una IA para saber que la implantación de estos centros de datos no es sostenible. Sólo alimentar la planta de datos de Microsoft en Torrero podría llegar a requerir de más energía que toda la ciudad, y si sumamos todos los proyectos estamos hablando de tres veces y media la producción de Aragón entera.
Unos centros con unos consumos de agua, que oscilan entre los 25 millones de litros anuales y los 600 millones de los centros más grandes, algo suicida en un territorio desértico como el nuestro.
¿Transición ecológica? ¿democracia energética?
¿Es humanamente inteligente crear una infraestructura que va a generar un efecto isla de calor que puede alcanzar hasta 9°C? ¿Es humanamente inteligente trasvasar toda esa energía que desplazará el consumo local y limitará el desarrollo de otras empresas descarbonizadas, con puestos de trabajo de calidad y mayor impacto en términos medioambientales, sociales, económicos y de empleo? ¿Es humanamente inteligente establecer contratos de consumo preferente de energía para estas empresas que tendrán un fuerte impacto en el mercado eléctrico e incrementarán el precio de la electricidad?
Y todo ello bajo el mantra de la innovación y la creación de empleo, cantos de sirena en muchos casos intangibles y que en el caso del empleo los propios datos desmienten totalmente.
Que alguien nos explique cómo una empresa que no crea trabajo ni paga impuestos puede crear riqueza.
Realmente a lo que estamos asistiendo es a una concentración del poder tecnológico sin precedentes en muy pocas manos y sufriendo la mayor crisis ecológica de la historia de la humanidad. Por eso, plantearnos el impacto ecológico y social de las infraestructuras digitales en las que se apoya nuestra sociedad es algo imprescindible.
No somos neoluditas ni gentes que no crean en el progreso, pero nuestra inteligencia, la humana, nos dice que cuando la prioridad debería ser garantizar las necesidades de la ciudadanía, luchar contra la desigualdad, democratizar el acceso a la energía y combatir el cambio climático paradójicamente se está invirtiendo justo en lo contrario, en una nueva forma de extractivismo, en la que el único interés es obtener beneficio sólo para algunos a costa de lo que sea.
Las grandes corporaciones multinacionales están especulando y haciendo negocio con nuestro aire, nuestro sol y nuestra agua sin dejar un retorno social equivalente, y por eso en noviembre de 2025 desde Zaragoza en Común pedimos una moratoria en la instalación de centros de datos en Aragón en tanto se producía el necesario debate social. Una petición que lamentablemente no fue respaldada por PP, Vox, ni PSOE.
No somos unos marcianos, ciudades como Lleida han rechazado la construcción de dos centros de datos al entender que no aportan nada a la economía local y que los puestos de trabajo que supuestamente puedan crear no compensan el agua y la energía que gastan ni la extensión de terreno industrial que ocupan.
No son los únicos, ciudades como Dublin, Amsterdam, Singapur, Frankfort... tienen moratorias y otras muchos países, ciudades y regiones, han establecido fuertes restricciones y regulaciones... entre ellas Virginia, la Meca a la que el presidente Azcón peregrinó con tanta devoción, y donde candidatos republicanos y demócratas compiten por ver quién promete medidas más duras contra estas infraestructuras, llegando a plantear su prohibición total.
Nuestra humana inteligencia se niega a que Zaragoza y Aragón se conviertan en la granja y la pila de España y de Europa y ahora también en la nube. Nuestra humana inteligencia sabe que esa nube que seca nuestros territorios depreda nuestra energía y va a impactar como un gran radiador en nuestro entorno. Está en juego que el desarrollo digital se haga de forma democrática, sostenible, justa y equitativa.





