Gracias. Y ahora, que nadie se olvide

22 julio, 2026. 07:20

Han sido días difíciles. Días de mirar constantemente al horizonte, de seguir cada información con preocupación y de pensar qué haríamos si el fuego llegaba hasta nosotros.

Hoy, con el incendio estabilizado, solo puedo empezar con una palabra: gracias.

Gracias, en primer lugar, a los vecinos y vecinas de Urriés y resto de municipios. Habéis demostrado una enorme responsabilidad. Habéis permanecido atentos a cada aviso, habéis mantenido la calma y habéis entendido que la mejor forma de afrontar una emergencia es actuar juntos y con serenidad. Eso también salva pueblos.

Gracias también a los vecinos, vecinas y al Ayuntamiento de Petilla de Aragón. Nos tocó compartir con vosotros unos momentos especialmente duros y lo hicisteis con una dignidad admirable. Llegasteis a Urriés con preocupación, pero también con una gratitud y un optimismo que nos emocionaron profundamente.

Gracias a nuestros agricultores. Porque, una vez más, cuando el monte arde no preguntan de quién es el problema; se suben al tractor, ponen sus máquinas a disposición de todos y ayudan. Siempre están.

Gracias a los bomberos voluntarios, a todos los voluntarios, a los Bomberos de la Diputación de Zaragoza, agentes forestales, Guardia Civil, Protección Civil, personal sanitario, técnicos, retenes, pilotos y a todas las personas que, desde funciones muy distintas, han trabajado sin descanso para frenar este incendio. Detrás de cada decisión y de cada intervención hay muchas horas sin dormir y una enorme responsabilidad.

Pero precisamente porque hemos vivido todo esto tan de cerca, no podemos permitirnos el lujo de olvidar.

Este incendio se estabilizará. Llegarán las lluvias. Pasarán las semanas. Los titulares desaparecerán. Y entonces llegará el verdadero peligro: que volvamos a hacer como si nada hubiera pasado.

Y volverá a pasar. No es una posibilidad. Es una realidad.

Llevamos años reclamando la limpieza de barrancos que hoy son auténticos polvorines. Llevamos años solicitando una gestión real de nuestros montes. Llevamos años defendiendo que la ganadería extensiva es una de las mejores herramientas para mantener limpio el territorio. Llevamos años encontrando obstáculos, informes, prohibiciones y trámites interminables para quienes quieren cuidar el medio rural.

Y mientras tanto, el monte sigue acumulando combustible.

También me ha dolido profundamente leer comentarios e incluso algún artículo periodístico que parecían empeñados en encontrar un culpable antes incluso de apagar el incendio. En señalar al agricultor o al trabajador que, mientras hacía su trabajo, pudo originar accidentalmente una chispa.

Eso es profundamente injusto.

Nadie sale al campo con la intención de provocar un incendio. Quien trabaja la tierra lo hace para ganarse la vida y mantener vivo un territorio que otros solo recuerdan cuando aparece en las noticias. Si las investigaciones concluyen que el origen fue una labor agrícola, estaremos hablando de un accidente. Terrible, sí, pero un accidente.

Quien estaba al volante de esa máquina será, probablemente, uno de los primeros en cargar para siempre con el peso emocional de lo ocurrido y también uno de los primeros en intentar apagar el fuego.

Convertirlo inmediatamente en un señalado no solo es injusto; es profundamente ruin.

No señalemos a quien sufre un accidente mientras trabaja. Señalemos, de una vez por todas, todo aquello que llevamos décadas sin hacer para que una simple chispa no pueda convertirse en una tragedia.

Porque mientras algunos buscan un rostro al que culpar, siguen sin mirar hacia el verdadero problema.

Si nuestros barrancos estuvieran limpios, si los montes recibieran la gestión que llevan años reclamando quienes viven en ellos, si la ganadería extensiva encontrara facilidades en lugar de obstáculos y si la prevención recibiera la misma atención que reciben los incendios cuando ya ocupan las portadas, muchas de estas chispas quedarían en una simple anécdota.

La verdadera prevención empieza mucho antes de que aparezca el humo. Empieza gestionando el territorio y confiando en quienes lo cuidan cada día.

Ojalá dentro de un mes sigamos hablando de esto. Porque si dentro de tres semanas todo vuelve a ser igual; si continúan las mismas trabas, los mismos retrasos y la misma burocracia para quienes cuidan el territorio, entonces no habremos aprendido absolutamente nada.

Gracias a todos los que habéis hecho posible que hoy podamos mirar al horizonte con alivio. No queremos ser héroes apagando incendios. Queremos ser inteligentes evitando que se produzcan. Porque el mundo rural no pide privilegios. Pide que le dejen cuidar aquello que lleva siglos protegiendo.

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