#Gefahrengebiet, el invierno caliente en Hamburgo

Diciembre de 2013. Se anuncia formalmente el gobierno de coalición entre la unión democristiana (CDU) y el partido socialdemócrata alemán (SPD). La tercera gran coalición de la historia reciente de la República Federal Alemana. De puertas para dentro, las grandes corporaciones mediáticas alemanas presentan el gobierno de coalición como la garantía y el triunfo del sistema parlamentario alemán, que sostiene al sistema económico. De puertas para fuera, las grandes corporaciones mediáticas en el Estado español, hacen lo propio y presentan el modelo alemán como un ejemplo de estabilidad y madurez política en tiempos de crisis. Especialmente para los estados vecinos. …

El centro social Rote Flora en Hamburgo, el pasado 23 de diciembre. En la puerta una pancarta que dice: Rote Flora bleibt (¡Rote Flora se queda!). Foto: Montecruz Foto
El centro social Rote Flora en Hamburgo, el pasado 23 de diciembre. En la puerta una pancarta que dice: Rote Flora bleibt (¡Rote Flora se queda!). Foto: Montecruz Foto
El centro social Rote Flora en Hamburgo, el pasado 23 de diciembre. En la puerta una pancarta que dice: Rote Flora bleibt (¡Rote Flora se queda!). Foto: Montecruz Foto

Diciembre de 2013. Se anuncia formalmente el gobierno de coalición entre la unión democristiana (CDU) y el partido socialdemócrata alemán (SPD). La tercera gran coalición de la historia reciente de la República Federal Alemana.

De puertas para dentro, las grandes corporaciones mediáticas alemanas presentan el gobierno de coalición como la garantía y el triunfo del sistema parlamentario alemán, que sostiene al sistema económico.

De puertas para fuera, las grandes corporaciones mediáticas en el Estado español, hacen lo propio y presentan el modelo alemán como un ejemplo de estabilidad y madurez política en tiempos de crisis. Especialmente para los estados vecinos.

La Alemania de la estabilidad política y el crecimiento económico es también la Alemania de la precariedad laboral y los contratos basura, del copago sanitario, del racismo o de la especulación. Pero allí donde hay un ataque frontal, se tejen y se organizan las resistencias. Y entonces los medios callan.

El 21 de diciembre de 2013, más de 9000 personas convocadas a nivel estatal, salieron a las calles de Hamburgo bajo el lema: "Die Stadt gehört allen" (la ciudad es de todos). Un lema unitario bajo el que se movilizaban diversas causas.

Por un lado, a nivel local; los refugiados africanos del centro de internamiento de extranjeros de Lampedusa llegados a Hamburgo en abril de 2013, salían a denunciar la situación de racismo institucional que sufren por parte del estado alemán (y concretamente por parte del gobierno de Hamburgo, de marca SPD) mediante redadas policiales, deportaciones y confinamiento en centros de internamiento, limitando sus posibilidades laborales y de integración.

Por el otro, colectivos vecinales de Hamburgo protestaban contra la creciente gentrificación de la ciudad, ejemplificada en el caso de los históricos edificios Esso, bajo amenaza de derribo y cuyos habitantes fueron desalojados de noche.

El 21 de diciembre era, además, un día de lucha por la supervivencia de espacios liberados, concretamente contra el desalojo del mítico centro social Rote Flora, un antiguo teatro ocupado desde el año 89 y en continua amenaza especulativa y policial desde la década de los 90, actualmente vendido a Klausmartin Kretschmer, un empresario que planea hacer de Rote Flora un “auténtico centro cultural de la ciudad” de seis plantas y quien solo un día antes había dado un ultimátum para el desalojo del edificio.

El desproporcionado despliegue policial y la continua provocación de la policía a la manifestación desde el comienzo mediante cercamiento, cañones de agua, bombas de humo y spray pimienta, creó un clima de enfrentamiento que se prolongó durante todo el día, dejando un balance de multitud de heridos (en ambas partes) y 21 detenciones.

Tres semanas más tarde, la situación en la ciudad está lejos de normalizarse: “Vivir al límite. Salir a sacar la basura en el #Gefahrengebiet” o “Policía fuera de control, envíen a los cascos azules” son algunas de las frases y consignas lanzadas desde Hamburgo, que a lo largo de los últimos días han dado la vuelta por las redes sociales.

Con ironía, pero con grandes dosis de realidad, el vecindario de los barrios de Altona, Sankt Pauli y Sternschanze describe el surrealismo que desde el 5 de enero rige su vida cotidiana: presencia policial continua, identificaciones y controles arbitrarios de personas “relevantes” (sospechosas), registros o disolución de grupos de personas en la calle.

Es el llamado Gefahrengebiet, la zona de peligro declarada por la policía como consecuencia de diversos altercados entre agentes y manifestantes desde el 21 de diciembre y los primeros días de 2014, con punto álgido la noche del 28 de diciembre, cuando según fuentes policiales, la comisaría hamburguesa de Davidwache fue atacada por un grupo de “encapuchados” con piedras, hiriendo a varios agentes, uno de ellos en estado grave.

De nada sirvió que testigos presenciales desmontaran la versión policial o que incluso el portavoz de la policía de Hamburgo, Mirko Streiber, se haya visto obligado a rectificar públicamente la versión inicial, afirmando que el agente herido grave fue atacado a 200 metros de la comisaría, en una calle aledaña. Centenares de personas han sido y siguen siendo identificadas y registradas aleatoriamente y la intimidación e impunidad policial tienen manga ancha.

Pero los habitantes del Gefahrengebiet, de otras zonas de Hamburgo y la solidaridad internacional y desde otras ciudades de Alemania desafían la i-lógica de la prohibición. El 7 de enero, alrededor de 500 personas, según fuentes policiales, salieron de nuevo a la calle para protestar contra el área de peligro y pese al cercamiento y el toque de queda, las imágenes volvieron a dar la vuelta.

Ayer día 8 se convocaron simultáneamente una multitud de manifestaciones espontáneas en diversos puntos del área de peligro.

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[Paula Cuartero es colaboradora de AraInfo en Berlin]

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