Frente a la política delirante de Bolsonaro, una reforma agraria popular para el pueblo brasileño

Brasil es el segundo Estado con mayor balance de muertes por COVID-19. En un contexto en el que se asoma la amenaza de una intervención militar y la Fiscalía investiga la opacidad en la transparencia de información, el Movimiento de los Trabajadores y Trabajadoras Sin Tierra de Brasil (MST) propone un plan de emergencia.

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Foto: Jeso Carneiro (CC)

"¿Está muriendo gente? Sí. Lo lamento”… “Soy Mesías, pero no hago milagros”… Nadie tiene certezas de que la irresponsabilidad al frente del coronavirus pueda salirle cara a Jair Bolsonaro. Al líder ultraderechista no le va el disimulo. Su gestión baila pisando los pies macabramente a los brasileños y las brasileñas entre la carencia de transparencia pública, medidas desvariadas basadas en el menosprecio y la falta de humanidad frente a la “gripinha” –forma en la que calificó al virus el pasado 25 de marzo, 14 días después de que la OMS declarara la pandemia mundial-. Ahora, el desastre ya está consumado: una trágica crisis humanitaria producto de la insensatez, que bien podría tildarse de genocida. Brasil es ya el segundo país con más muertes por coronavirus, con un balance total de 41.901 fallecimientos y 829.802 personas infectadas, según la encuesta elaborada por los medios Estadao, G1, O Globo, Extra, Folha y UOL.

Sí, se trata de datos recogidos por una asociación periodistas y medios de comunicación. “La iniciativa sin precedentes es una respuesta a la decisión del gobierno de Jair Bolsonaro de restringir el acceso a los datos sobre la pandemia, que ocurrió a partir de la semana pasada”, cuenta el diario Estadao do Sao Paolo. Y es que, si bien son varios los Estados que han modificado o corregido sus cifras totales de muertes, lo de Brasil está en otra esfera. El Ministerio de Salud arrojó el pasado lunes la cifra de 679 fallecimientos, sin incluir los datos de cuatro estados. El organismo restauró los datos el pasado martes después de que el Tribunal Supremo le obligara a ello. De hecho, la Fiscalía ha instituido un procedimiento para averiguar cuáles son las razones que llevaron al Ministerio de Salud referido a la Ley de Acceso a la Información, en el que se determina “observancia de la publicidad como un precepto general, y el secreto como una excepción. El mismo estándar prevé la denominada transparencia activa, en la que los organismos públicos deben divulgar información de interés público, independientemente de las solicitudes". Además se envió una orden al ministro, Eduardo Pazuello, para que proporcione información acerca del tema “en un plazo de 72 horas”.

Tres ministros de Salud

El citado ministro Pazuello ha sido el último en enfundarse la cartera de Salud. El desfile de autoridades comenzó el pasado 16 de abril con la destitución de Luiz Henrique Mandetta. Médico de profesión, se posicionó desde muy pronto a favor de las cuarentenas promovidas desde los propios gobiernos territoriales. El siguiente fue Nelson Teich, quien asumió el cargo ese mismo día y renunció cuatro semanas después. Pese a que no desveló motivo alguno, se mostró crítico con el uso de la hidroxicloroquina como tratamiento general así como con la temprana reapertura de la economía, ambas ideas defendidas por Bolsonaro.

Posible intervención militar

Entre el vaivén de desinformación y normas absurdas, ahora también se asoma la amenaza del ejército. “Algunas de las figuras militares más poderosas de Brasil están mandando advertencias de inestabilidad”, publicaba The New York Times el pasado jueves. Ante las insinuaciones y el eco internacional, el ministro jefe de la Secretaría de Gobierno de Brasil, Luiz Eduardo Ramos, se ha adelantado a ofrecer una, cuanto menos, desconcertante explicación. “Es indignante y ofensivo decir que las Fuerzas Armadas, en particular el Ejército, van a dar un golpe, que las Fuerzas Armadas van a romper el régimen democrático. El propio presidente Jair Bolsonaro nunca predicó el golpe”, al mismo tiempo que advertía a los civiles que “también tienen que entender los siguiente: no tirar de la cuerda”.

Cabe tener en cuenta que uno de los lemas más utilizados en las concentraciones repetidas por los seguidores de Bolsonaro –esas en las que el mismo ha sido asiduo burlando la distancia social, sin mascarilla y cogiendo en brazos a niños- es “Intervención militar con Bolsonaro al frente”.

En defensa del pueblo brasileño, una reforma agraria popular

La crisis sanitaria ha desembocado en un agravamiento agudo de la crisis capitalista. La crisis del coronavirus ya ha llevado a 1,5 millones de brasileños y brasileñas a acudir al paro, según publicaba el diario alemán ‘Deutsche Welle’. Ante la situación, el Movimiento de los Trabajadores y Trabajadoras Sin Tierra de Brasil (MST) ha propuesto un plan de emergencia para el pueblo brasileño. “Es necesario democratizar el acceso a la tierra, distribuir la riqueza y defender los derechos de la gente del campo. Presentamos a la sociedad medidas que pueden promover rápidamente la creación de miles de puestos de trabajo, producir alimentos para todas las personas, promover el comercio, garantizar los ingresos y dignas condiciones de vida”.

El plan, del que se ha hecho eco el Comité de Solidaridad Internacionalista de Zaragoza, lanza una serie de medidas agrupadas en cuatro bloques: ‘Tierra y Trabajo’, ‘Producción de alimentos saludables’, ‘Protección de la naturaleza, el agua y la biodiversidad’ así como ‘Condiciones de vida decentes en el campo para todas las personas’. “La Reforma Agraria Popular es urgente y necesaria para satisfacer las necesidades de los trabajadores sin tierra, para suministrar alimentos a las ciudades, especialmente a las periferias urbanas, y para asegurar una relación equilibrada entre los seres humanos y la naturaleza”, explican.

El asentamiento de miles de familias acampadas y desempleadas en las periferias de las ciudades, la expropiación de tierras improductivas para facilitar la producción y el mismo asentamiento, suspensión de todos los desalojos además del establecimiento de condiciones de vida decentes –trabajo, ingresos y educación- en el campo para todas las personas son, entre otras, muchas algunas de las propuestas difundidas.

“Llamamos a la sociedad, a los movimientos populares, a los sindicatos, a los partidarios, a las iglesias y a los sectores comprometidos con la lucha democrática, a defender la urgencia de la Reforma Agraria Popular y de un país justo, sin privilegios de clase y sin desigualdades sociales”, insisten en una llamada a la solidaridad internacionalista.

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