Final de año en stand by

12 diciembre, 2024. 12:54

Una vuelta más del planeta bajo el Sol. Las mismas luces navideñas vuelven a decorar nuestras localidades. Continúa el auge de la ultraderecha en todas sus formas. Aunque se llenen de barro, literal y metafóricamente, ahí siguen. Aprovechan la incomparecencia, la única alternativa visible es la suya. Alternativa turbocapitalista, machista, belicista e imperialista y que nos lleva al desastre como sociedad, pero alternativa al fin y al cabo. España “crece”, los datos macroeconómicos, o sea los beneficios en las cuentas de los ricos, aumentan. Suben las rentas del capital, suben los ingresos de los rentistas, suben los dividendos. La clase trabajadora sobrevive porque el paro está bajo. Hay trabajo, de mierda, pero hay, no se podía decir lo mismo hace diez años. La vivienda y los alimentos es lo que más ha subido, precisamente lo más esencial para sobrevivir. Stand by, todo aparenta calma, vemos el tenue piloto rojo fijamente encendido.

La desafección hacia el sistema político institucional español ha dado un pequeño salto. La DANA en el levante ha dejado ver muchas de las costuras del sistema. España es un país desarrollado y sin embargo no ha sabido reaccionar para salvar la vida, las casas, los coches y los pequeños negocios de su población. El PP es el partido de los niños y niñas pijos, esos a los que se les regala el título en la universidad privada de turno. Y que al salir con 22 años ya están enchufados. Nunca han sentido presión en el trabajo, si a ir a convenciones, comidas y despachar entre su casta se le puede llamar trabajar. Mazón y su cuadrilla han demostrado una incompetencia y una inutilidad difíciles de entender. No han sido ni funcionales a sus propios intereses. Viven en una pompa de oro, ajenos a la mayoría social de este país.

Tampoco se salva el PSOE, partido de burócratas y políticos profesionales. Mientras el pueblo sobrevivía entre lodo, basura y chatarra la reacción del Gobierno estatal los primeros y peores días fue tirarle “competencias” a la cabeza al gobierno valenciano. Hacer y decir son cosas diferentes, más bien antagónicas. Sensación de abandono total de las instituciones en la tercera mayor concentración de clase obrera del país, el área metropolitana de Valencia.

Cuando desaparece la propiedad privada, cuando lo que prima es la supervivencia del colectivo es difícil que el fascismo saque provecho. El tsunami de solidaridad que ha llenado de agua, comida, pañales las casas de los y las valencianas y ha limpiado sus calles es lo que ha frenado que esto fuera un cisne negro que llevara al poder a la ultraderecha. Solo el pueblo salva al pueblo.

Ahora viene el empobrecimiento de la zona. La corrupción. Los buitres están al acecho. En muchos despachos de Madrid el gran capital ya se está repartiendo el pastel de la reconstrucción. También vienen conflictos importantes sindicales, de modelo de transporte y de desarrollo urbano.

La ideología irracional y anticientífica, siempre de la mano de los mismos, se abre paso. Si en los 60s y 70s ante una situación de falta de libertades civiles la alianza de la clase trabajadora fue con las fuerzas de cultura, hoy, ante su ofensiva y con la urgencia de la crisis climática, es necesario establecer una fuerte alianza entre el mundo de la ciencia y las fuerzas populares. Más laboratorio y menos misticismo.

Complejidad no es igual a fortaleza. Que el Estado sea complejo, con sus leyes, sus instituciones, sus equilibrios de poder y en general con esa intención por mostrarse complicado al común no quiere decir que sea fuerte. La DANA lo ha demostrado. Como criticó Sacristán los eurocomunistas, no nos dejemos llevar por esa falsa percepción de que la realidad es sustancialmente inmutable. El Estado, y el Régimen del 78, es mucho más débil de lo que parece. Nadie quiere el caos, por eso hay que construir herramientas e instituciones que aseguren ante su inutilidad e incompetencia, ante sus intereses propios de señoritos y burócratas, la vida y la seguridad de nuestra gente.

No es cierto que la batalla ideológica esté perdida. Esa generación joven que los datos sociológicos sitúan más a la derecha, que desde la ranciedad y el cuñadismo ha sido criticada por ser una generación de cristal ha sido la que masivamente ha acudido a las zonas afectadas. No solo ha sido esa generación si no en general una contestación como clase, como pueblo. A algunos nos ha hecho reforzar la confianza al observar la voluntad y disciplina de nuestra clase. En ese instinto que nos guía cuando faltan referentes. Pero también, hay que decirlo, ha sido palpable la necesidad de organización y dirección.

No todo lo que nos afecta es local. En Ucrania la Unión Europea y la OTAN van a tener que gestionar la derrota en una guerra que han convertido en existencial y en la que parece que siguen jugando con el botón nuclear. A la vez los dos pilares fundamentales de la Unión, las dos potencias continentales que llevan marcando el destino de Europa desde hace varios siglos, Francia y Alemania están viviendo una crisis política importante. Con sus dos fuerzas ultranacionalistas respectivas en máximos resultados históricos. La península ibérica no está en “la banana central”, siempre hemos sido y seremos prescindibles para la política europea. Arde Oriente Medio. No hace falta recordar lo que supone el petróleo en el sistema económico actual. Ganan Trump, y es posible, aunque no seguro, que cambie su política respecto a Europa.

Parpadea el piloto rojo.

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