Fermin Muguruza: "Nunca he abandonado el 'frente cultural' de lucha a través de la música"

DIAGONAL | Richard Crowbar | Fermin Muguruza, cofundador de Kortatu y Negu Gorriak, ha participado en la gestación del libro publicado por Roberto Herreros e Isidro López, "Kortatu. El estado de las cosas. Lucha, fiesta y guerra sucia". Un libro que forma parte del análisis de discos imprescindibles de la música que está realizando Lengua de Trapo donde sus autores abordan un período fundamental de la historia de Euskal Herria. El libro narra la historia de Kortatu a través de varias entrevistas con los integrantes de la banda y con personas para las que marcó de una u otra forma …

Fermin Muguruza habla sobre el libro "Kortatu. El estado de las cosas. Lucha, fiesta y guerra sucia" en el que ha participado.
Fermin Muguruza habla sobre el libro "Kortatu. El estado de las cosas. Lucha, fiesta y guerra sucia" en el que ha participado.
Fermin Muguruza habla sobre el libro "Kortatu. El estado de las cosas. Lucha, fiesta y guerra sucia" en el que ha participado.

DIAGONAL | Richard Crowbar | Fermin Muguruza, cofundador de Kortatu y Negu Gorriak, ha participado en la gestación del libro publicado por Roberto Herreros e Isidro López, "Kortatu. El estado de las cosas. Lucha, fiesta y guerra sucia". Un libro que forma parte del análisis de discos imprescindibles de la música que está realizando Lengua de Trapo donde sus autores abordan un período fundamental de la historia de Euskal Herria. El libro narra la historia de Kortatu a través de varias entrevistas con los integrantes de la banda y con personas para las que marcó de una u otra forma su vida.

No obstante, Muguruza no comparte alguno de sus puntos de vista y rechaza que Equili­brio sea una canción contra el Par­tido de la Gente del Bar popularizado por el dibujante Carlos Azagra. Hablamos con él del libro y del papel de Kortatu.

¿Cómo has vivido el proceso de recordar lo que fueron los años de Kortatu?

Para hacer un libro de este tipo, yo necesitaba que hubiera alguien de confianza que supiera realmente bien de qué iba a hablar, que estuviera Roberto Herreros ha sido clave. Creo que ninguna otra persona hubiera conseguido hacer un libro de este tipo en el que cuenta hasta con una entrevista con Mikel Antza, que está en una cárcel de París. En una primera fase me dedico a recuperar los datos, a refrescar un poco la memoria, a escuchar el disco, a releerme otra vez las letras, a revisar todos los conciertos que dimos en esa época... Luego ya entré en la gira y al final de la gira me hicieron una entrevista ya como para ir a cosas más cercanas y más concretas. Imagino que ya habían hecho entrevistas con un montón de gente y querían respuestas exactas, pero aquí es donde me saca de onda porque ya estaba metido en la gira de este año. Ellos lo vieron también, en esa segunda entrevista no aporté demasiado, yo para eso soy muy metódico. De hecho, no he hecho ninguna entrevista sobre este libro, la primera con vosotros.

Siempre te has definido como un francotirador de la palabra, ¿cómo vives esta definición hoy en día, después de la tregua indefinida de ETA?

En el libro voy contando prácticamente en qué momento me distancio de distintas estrategias, como es la estrategia armada, y cómo en ningún momento abandono lo que yo llamo “frente cultural”, de lucha a través de la música. En esta gira concretamente ha ocurrido una cosa muy bonita y era que la primera estrofa de La línea de frente, la hacía a capela con la gente. Era impresionante ver cómo toda la gente se sabe la canción. Me siento muy orgulloso de haber compuesto esa banda sonora de aquellos años. Esa canción es como una herramienta de transformación social, que sirve de denuncia, de ariete... Hace unos meses estaba aquí en Lavapiés, en el bar Parrondo, y vino un chaval a decirme: “en la última manifestación del 15M aquí, hicimos una sentada delante de la policía, entonces vinieron, levantamos todos los brazos, empezaron a dar con las porras y empezamos a cantar La línea del frente”. Me recordó lo que eran los movimientos por los derechos civiles de EE UU, que también influyeron en los de Sudáfrica, ahora que estamos viendo lo de Mandela.

Al escuchar la canción da la sensación de que ves el amor, la revolución y la autonomía como conceptos indisociables...

Sí, de hecho hay un detalle muy interesante. En la segunda entrevista es cuando les cuento que yo fui a Victoria y conocí a Billy Bragg, entonces relaciono la idea que tiene Billy Bragg de sus canciones de amor y revolución. “Quedamos en la barricada a las tres” era una frase de Bob Marley que, con “te quiero”, es una declaración de amor. Por otro lado, habla precisamente de eso, del elemento de motor de cualquier tipo de expresión, cuando estás enamorado, cuando hay una lucha con la que estás realmente apasionado. Entonces surge el amor. Te acompaña en ese proceso revolucionario. En ese sentido, la idea de que amor y revolución van de la mano creo que se resume también en esta canción.

En el libro se subraya la idea de que Kortatu generaba un consenso, era un catalizador de las diferentes tendencias de las izquierdas de todo el Estado.

No solamente eso. Un grupo como Los Fabulosos Cadillacs siempre menciona que, aparte de The Clash y The Specials, recibieron una gran influencia de Kortatu, ellos cantaban antes en inglés y deciden cantar en castellano tras oír a Korta­tu. Estamos hablando de la banda más importante que hay, prácticamente, en toda América Latina. Más que un consenso, se trata de crear un lugar común en el que se uniera toda la gente de izquierdas, toda la gente que era también antipartidos, la gente que estaba realmente en ese momento moviéndose por la calle. Incluso el antiguo lehendakari Patxi López dijo que a él le volvía loco Kortatu. Kortatu hacía ese trabajo de puente. Fue muy importante porque por un lado estábamos defendiendo la independencia del País Vasco pero, por otro, estábamos defendiendo también la insumisión, algo que por aquel entonces no se defendía desde algunos sectores de la izquierda abertzale. Por otro lado estaba el tema de las libertades personales, de la libertad personal en confluencia con la libertad colectiva, todo este tipo de discursos antiautoritarios. Por supuesto, somos odiados por los fundamentalistas de todos los lados. Ya sea desde la crítica a la música que hacíamos o por nuestros planteamientos políticos.

En el libro aparece el concepto de Rock Radical Vasco (RRV) como un término que genera un consenso inamovible.

La etiqueta la repudiábamos todos, porque no la habíamos sacado nosotros y porque no nos hacía falta. Sobre todo a Kortatu. A otros grupos, pues bueno... Pero yo nunca escuché a nadie decir “Kortatu es un grupo del RRV” hasta que ahora otra vez se hace un análisis de esa época. Soy de los que ahora acepto el término y lo digo en el libro. En aquel instante estuvimos en contra de la etiqueta. Ahora todo el mundo está en contra, ahora yo estoy a favor. ¿Por qué está mal? La gente dice: “Es que no era radical, ni era rock”. ¿Cómo que no? Era rock, era radical y era vasco. Ahora mismo, es una etiqueta que te sirve para llevarte a una época, a una serie de grupos que eran completamente distintos pero que sí tenían mucho en común, que compartían escenarios, ideología, una crítica social y una solidaridad entre ellos muy grande. Con lo que he estado luchando en los años 90 es contra la nostalgia de que los años 80 fueron la hostia o lo de “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

En el libro, Ruso, excantante de Hechos contra el Decoro, comenta cómo, en su opinión, Kortatu supuso una ruptura con la izquierda instituida. ¿Cuál era esa izquierda instituida a la que os enfrentabais?

Es difícil hacer un análisis así... se daban varios elementos. Por un lado, yo vengo de la militancia política. Salgo de esa militancia por el desacuerdo con unas líneas. Estuve en el origen de Jarrai cuando se trataron dos temas claves como la insumisión y las drogas. Tenía diferencias con ellos, entonces salí. Estoy por el poder de la asamblea, por la mayor horizontalidad que se pueda, por destruir ese verticalismo, acabar con la burocracia.

Dentro de la izquierda aber­tzale siempre hay un sector con el que yo estoy involucrado, que es el más heterodoxo. Por supuesto, siempre estará la crítica ortodoxa, pero cuando hemos conseguido apartar la ortodoxia hemos conseguido seguir andando. Cuando ésta nos iba cerrando el paso, nos hemos quedado estancados. Pero nosotros somos como un ariete y hemos ido avanzando. Y es el sector más heterodoxo de la izquierda abertzale el que puede aglutinar todos los movimientos sociales, el que avanza, el que no es dogmático. Creo que por ahí va lo que dice El Ruso, que me conoce muy bien personalmente.

¿Con qué hipótesis de las que plantea el libro no estás de acuerdo?

Venían con una hipótesis de los 90, para hablar de un disco de los años 80 y no creo que sea muy justo... no se qué palabra usar, ‘justo’ es demasiado. Es querer probar una tesis pero te estás equivocando de tiempo. Esa tesis de que ETA de repente cierra filas y hace que los movimientos sociales desaparezcan está documentado que no es así. El mayor número de acciones no violentas se da en los años 90.

No estoy de acuerdo con ese tipo de tesis sobre el nuevo estilo de música, de organizarnos, que es defendida por algunos sociólogos que para mí se quedan anclados en los años 80 y que no son capaces luego de adaptarse al nuevo contexto de los años 90. Hay enfrentamientos muy duros en cuanto a estrategia, todo el tema de la socialización del sufrimiento, que es algo horroroso, que es antirevolucionario. Podríamos hablar que hay un crack a partir del año 2000. Una vez que se rompe la tregua de Lizarra Garazi. Ahí sí podemos hablar de un crack. Tampoco de que uno sea el culpable y el otro no, pero sí hay un crack. Pero eso sería para otro libro. En los 90 los movimientos sociales están más activos que nunca porque hemos aprendido. También la autogestión está más activa, como en el caso de Esan Ozenki [Muguruza se refiere al sello que publicó entre otros a Negu Gorriak].

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