Tras casi dos años de la llegada de las primeras personas refugiadas a Zaragoza, de un cupo incumplido y vergonzoso, el Estado español ha mostrado de nuevo el racismo y el clasismo institucional que lo recorre de arriba abajo.
Un protocolo de acogida asistencialista niega a estas personas la integración como ciudadanas de pleno derecho, abocándolas a trabajos precarios o a vivir de las ayudas sociales, alimentando así a las serviciales organizaciones que bajo el paraguas de la caridad y la integración acumulan beneficios astronómicos.
Leyendo el protocolo, corremos el riesgo de que la teoría nos embriague y nos haga creer que todo está organizado con la intención de anular cualquier interés o respuesta social.
Busco y no hallo un apartado que hable de las mujeres refugiadas. Mujeres que llegan de una situación de ultra-violencia en su país y en algunos casos sufren violencia familiar. El choque cultural, la incertidumbre y el miedo las invisibiliza y las esconde dentro del hogar, abandonándolas a su suerte.
Todas las mujeres del mundo sufrimos las consecuencias de una violencia patriarcal que nos dicta cómo ser, qué hacer, nos utiliza, nos golpea, nos humilla, nos viola, nos tortura y nos mata justificando cualquier agresión.
Mujeres refugiadas y no refugiadas, hemos decidido debatir, conocer y poner en común nuestras realidades. Caminar juntas para volar por los aires el destino que nos tenían preparado, porque nadie puede parar a unos corazones decididos.
