Leo en la prensa que la mayoría de los bulos son consumidos y difundidos por gentes de derechas, que, lamentablemente, precisan de mentiras para alimentar su sesgo de confirmación (esa sensación de plenitud cuando constatamos que nuestro pensamiento es corroborado por otros) y evitar así percibir que la realidad es más compleja y exigente en tiempo para ser comprendida, interiorizada y encarada, lo que les impediría posicionarse sin esfuerzo ante cualquier hecho, al mejor estilo cuñado.
Y no puedo evitar pensar que mientras nos centramos en los bulos o en las posibles y futuras maldades de la IA, se nos escapa el periodismo vendido, corrupto y mentiroso. Tantos años centrados en la crítica soberbiosa a la tele basura, que a falta de famosos de verdad dispuestos a ser carne de click bait elevó a esa categoría a personajillos de cartón piedra, hijos, sobrinas o nietas de alguien o directamente creados a golpe de reality y convirtió en importante la opinión de sus presentadores y presentadoras.
No detectamos cómo El Caso se iba colando en nuestras vidas, olvidando lo aprendido tras el vergonzoso tratamiento de la tragedia de Alcasser, y cómo de su mano los programas de la mañana dejaron de hablar de cocina, viajes y pequeños asuntos para plagarse de tertulias con el mismo nivel periodístico que la mesa de Sálvame, pero sin meriendas, que financiados por anuncios de alarmas, comenzaron a narrarnos un mundo paralelo, irreal, falso, ficticio en el que el problema no es la gente sin hogar sino que te okupan la casa mientras bajas a comprar el pan, los datos oficiales se equiparan a la opinión del primer vendido que se echa al ruedo a conspirar, los derechos de las personas trans son un peligro para las mujeres, el cambio climático una conspiración de los científicos para quitarnos algo, y en el que se puede acosar, insultar y azuzar odio contra quienes son calificados de malos mientras se ignora o esconde cualquier pecadillo de los elegidos.
Hemos estado a punto de dejarnos arrastrar por el odio subvencionado que seguramente seguirá chillando todo el verano, bendiciendo ahora incluso la compra de escaños al mejor postor en un intento baldío de salvar al candidato que nunca debió salir de su feudo, mientras ante nuestros ojos le crecerán rabo, cuernos y escamas a cualquier nacionalista, y todo sin el menor recato o disimulo, desde tertulias, editoriales, artículos y sí, también desde los noticiarios. No deja de sorprenderme cómo tenemos una regulación que persigue la publicidad engañosa, pero permitimos la mentira disfrazada de información.
Ultimando ya la maleta para las vacaciones abandono estos pensamientos y os dejo una pregunta ¿es Barbie una película feminista o simplemente nos recuerda que hubo un momento en el que nos sentimos capaces de todo, pero después llegó la vida y no era rosa?
Feliz verano.





