Euskal Herria “no puede esperar más” y reivindica “una sociedad mejor para generaciones venideras”

Más de sesenta y cinco mil personas se manifiestan en Bilbo reclamando la resolución del conflicto de los y las presas, refugiadas y deportadas políticas vascas. Varios aragoneses y aragonesas hemos participado en la convocatoria de la Red Ciudadana Sare “en favor de los derechos humanos de los presos”. Bajo el lema 'Ezin da gehiago luzatu –No se puede esperar más–' el objetivo es “dejar a las generaciones venideras una sociedad mejor que la que nosotros y nosotras, heredamos de nuestros mayores”.

11 enero, 2026. 13:05
Foto: Sare Herritarra

En la mañana de este pasado sábado, 10 de enero, haciendo un ejercicio de internacionalismo proletario y solidaridad antifascista, un grupo de aragonesas nos desplazamos a Bilbo, Euskal Herria, para participar en la manifestación nacional que tiene lugar cada mes de enero, convocada por la Red Ciudadana en favor de los derechos humanos de las presas, exiliadas y deportadas políticas vascas Sare, este año bajo el lema Ezin da gehiago luzatu –No se puede esperar más–. Al igual que nosotras, militantes de diferentes partes del Estado español han acudido para llenar las calles de Bilbo en solidaridad con el Pueblo vasco.

Si bien es cierto que desde hace tres años, cuando la Administración vasca asumió las competencias penitenciarias, se han producido grandes avances como el fin de la dispersión, que durante décadas se ha cobrado múltiples vidas o el cumplimiento íntegro de condenas en régimen de primer grado y celdas de aislamiento, como señala el movimiento en apoyo a las presas políticas vascas, continúa aplicándose una política de excepción tanto en el ámbito penitenciario como en el legislativo y el judicial.

Fotos: Miguel Mariñoso

En la actualidad todavía quedan alrededor de ciento veinte presas políticas vascas entre las cárceles españolas y francesas –resulta imposible conocer la cifra con exactitud–, catorce refugiadas y tres deportadas en Cabo Verde, Cuba y Venezuela. De las ciento veinte presas, ciento cinco forman parte del EPPK, Euskal Preso Politikoen Kolektiboa –Colectivo de Presos Políticos Vascos–, de las cuales solamente cuarenta y tres se encuentran en régimen de tercer grado, treinta y seis de ellas en prisión atenuada, y sesenta y uno permanecen en régimen de segundo grado, cuando, en realidad, más de cuarenta ya han cumplido más de tres cuartas partes de su condena y debieran optar a otros modelos de cumplimiento de condenas como el régimen de tercer grado o un régimen de semilibertad según el propio Código Penal del Estado español. Asimismo, a alrededor de treinta presas políticas vascas no se les han computado los años de prisión cumplidos en el Estado francés, reforma legal aprobada por el Gobierno del Estado español y que el pasado mes de marzo permitió la liberación de Manuel Pérez Martínez, el histórico camarada Arenas, Secretario General del PCE(r), Partido Comunista de España (reconstituido).

No obstante, la Audiencia Nacional continúa revocando de manera recurrente la gran mayoría de progresiones de grado que se producen, llegando a devolver a prisión a personas reinsertadas en el mundo laboral, invalidando las decisiones adoptadas por las Juntas de Tratamiento de los centros penitenciarios y aprobadas por la Lehendakaritza.

"No se puede esperar más, porque cada día que pasa se acumula sufrimiento y también vulneración de derechos"

El manifiesto, al que se han adherido más de treinta y cinco organizaciones políticas, sociales, sindicales, culturales, etc., hace especial énfasis en la necesidad de trasladar un mensaje positivo a la sociedad tras los grandes avances conquistados a lo largo de los tres últimos años, planteando incluso que “estamos en la recta final. Vamos consiguiendo los objetivos que nos marcamos en 2014: el fin de la vulneración de los derechos de los presos y presas vascos, y la aplicación de una legislación penitenciaria ordinaria que posibilite su regreso a casa para poder rehacer sus vidas”. Sare Herritarra hace hincapié igualmente en la importancia de la participación de todas las adscripciones políticas de Euskal Herria para emprender un camino de resolución, paz y convivencia, aludiendo no sólo al Derecho, sino también a los derechos humanos como horizonte de unión. Afirman en el propio manifiesto: “sólo si reivindicamos juntos los DDHH, pondremos punto final a décadas de confrontación y sufrimiento”.

Señalan igualmente en el manifiesto las tres principales fuentes de las que emana la política de excepción que se aplica a estas presas, a saber: el ámbito legislativo, manteniendo leyes creadas ad hoc para la represión de las presas políticas vascas en momentos muy diferentes a los que experimenta actualmente la sociedad vasca, el ámbito judicial, mediante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, que depende directamente de la Audiencia Nacional y es el encargado de ejecutar las regresiones de grado contradiciendo las determinaciones de las profesionales de las Juntas de Tratamiento Penitenciario, y el ámbito penitenciario, negando el régimen de semilibertad a prácticamente la mitad de las presas políticas vascas, que en condiciones normales ya deberían haber podido optar a él hace mucho tiempo.

Cabe destacar del mismo modo el carácter amplio de la convocatoria, secundada por perfiles muy diversos de colectivos e individuos, puesto que lo que se exige es únicamente la aplicación de un régimen ordinario de cumplimiento de condenas, acabando con las políticas de excepción. Desde Sare Herritarra señalan que “una sociedad que aspira a ser verdaderamente democrática, no puede dar la espalda a los derechos de aquellas personas que buscan rehacer sus vidas”.

Jornada de lucha y celebración

Desde el punto de la mañana toda la ciudad de Bilbo se inundó de solidaridad en un marcado ambiente lúdico y festivo con múltiples actividades que tendrían lugar principalmente en el Casco Viejo, entre las que hubo espectáculos de payasos, conciertos, gigantes y cabezudos, bertsolaris, orquestas y charangas.

Todo ello culminaría a las 17:00 horas en La Casilla con el comienzo de la manifestación nacional, que contaría con más de sesenta y cinco mil participantes. Encabezada por una gran pancarta con el lema elegido para este año, Ezin da gehiago luzatu, sujetada por diversas personalidades relevantes de la sociedad vasca, entre las que destacan víctimas de ETA y del Estado. La manifestación recorrió las calles de Autonomía, Zabalburu, Hurtado de Amezaga, la plaza Circular, Buenos Aires y la plaza Venezuela, concluyendo ante las escalinatas del Ayuntamiento a las 18:10 horas con la intervención de los bertsolaris Xabat Illarregi y Aitor Etxeberriazarraga, las canciones de Pantxoa Carrere y Olaia Inziarte y la lectura del manifiesto por parte de Begoña Atxa y Joseba Azkarraga, portavoces de Sare.

Durante el trayecto de la manifestación, repleta de banderas blancas con el anagrama del movimiento en apoyo a las presas políticas vascas, que consiste en dos flechas negras apuntándose respectivamente, ya sin el contorno del mapa de Euskal Herria desde hace varios años tras el fin de la política de dispersión, junto a la palabra etxera –a casa–, se escucharon multitud de consignas en euskara demandando la vuelta a casa de presas, refugiadas y deportadas políticas vascas, así como el fin de la excepcionalidad. Principalmente euskal presoak, etxera –presas vascas a casa–” y alguna que otra vaga y fugaz consigna de presoak kalera, amnistia osoa –presas a la calle, amnistía total–”. Banderas y consignas que, como sostiene la organización, suponen también una acción de recuerdo.

Al igual que en anteriores ocasiones, esta pequeña delegación aragonesa, junto a la bandera de nuestro país, llevamos también hasta Bilbo el caso de los seis antifascistas de Zaragoza.

No es oro todo lo que reluce

Frente a la alegría y la positividad que transmite Sare en este día, nos encontramos también ante la realidad del resto de presas políticas vascas que, por diferentes motivos han decidido abandonar el EPPK y no aceptar la vía de reinserción que ofrece el Estado a cambio del arrepentimiento, la colaboración y la legitimación del propio Estado, quienes cumplen íntegramente sus condenas en régimen de segundo grado sin ningún tipo de beneficio interno ni externo, unas presas que se suman a la larga e innumerable lista de presas políticas del Estado español en la que se encuentran militantes comunistas del PCE(r) y los GRAPO, Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, como Lucio García o María José Baños, quienes padecen enfermedades muy graves y son condenadas también a la desatención médica, independentistas de Galiza y los Països Catalans, artistas como Pablo Hasél, militantes de vivienda y ecologistas que pueden acabar en prisión, como es el caso de Futuro Vegetal o la PAH, Plataforma de Afectadas por la Hipoteca, en Zaragoza, decenas de anarquistas como Abel, de Barcelona, sindicalistas como las seis de la Suiza, que desde el pasado mes de julio continúan en régimen de tercer grado, teniendo que ir a dormir cada día a prisión, o antifascistas como los seis de Zaragoza, de los que todavía quedan dos privados de libertad.

Esta división nos sitúa ante un nuevo problema ciertamente doloroso y dolorosamente cierto, y es que, como han indicado los colectivos impulsores de Resistencia a la Represión en diversas ocasiones, cada vez que, legítimamente, alguien decide asumir su condena de manera individual, en vez de darle cariz colectivo, como impondría un análisis dialéctico de la represión, y acepta adoptar el camino de la asimilación, de hecho, favorece la formulación de un relato de buenos y malos en el que, mientras algunas reciben unos pocos beneficios, que tampoco les puede garantizar nadie, sus antiguas compañeras de lucha que han decido anteponer su compromiso militante a la libertad, se llevan la peor parte.

En contraposición a lo que en ocasiones es considerado como la vía de la rendición, se encuentra el camino de la resistencia y la lucha por la amnistía total, una amnistía que no perdone, sino que borre la culpa y legitime cada lucha, sin renuncias ni arrepentimientos, que traiga la libertad plena para todas las presas políticas, sin distinciones, que venga acompañada consigo de la derogación de todas las leyes represivas contra la clase trabajadora organizada, que disuelva igualmente todos los tribunales especiales destinados a la represión política, que restituya verdaderamente la memoria histórica antifascista y que juzgue y condene todos los crímenes impunemente cometidos por el Estado.

Por un futuro de resolución, paz y convivencia

Sare hace un llamamiento de nuevo al conjunto de la sociedad vasca a tomar parte activa en la apuesta por un futuro diferente que permita “dejar a las generaciones venideras una sociedad mejor que la que nosotros y nosotras, heredamos de nuestros mayores”. Para ello, desde la organización aluden al recuerdo y el reconocimiento de todas las violencias sufridas en Euskal Herria. “Su sufrimiento no puede ser relativizado ni instrumentalizado políticamente por intereses espurios y su memoria debe ser parte esencial de la ética publica compartida”.

Plantean como única alternativa el reconocimiento sin distinciones de todas las víctimas que ha generado el llamado conflicto vasco, incluyendo a “quienes sufrieron torturas, persecuciones injustas o actuaciones ilegitimas que quebraron derechos humanos básicos” y “el fin de la existencia de presos y presas de motivación política en Euskal Herria”.

Del mismo modo hacen un llamamiento en el propio manifiesto a aquellos sectores de la sociedad vasca que no están dispuestos a formar parte de este proceso a que no lo entorpezcan: “sobran quienes se empeñan en utilizar el dolor y sufrimiento de las víctimas por intereses partidistas o se empeñan en defender diferentes categorías de víctimas. El respeto y el reconocimiento deben ser iguales para todas ellas. Nadie está legitimado para medir la intensidad del dolor de una víctima en función de quién haya causado ese dolor. (...) sobran quienes basan su estrategia en la venganza y el odio”.

Ahora que de nuevo observamos con perplejidad cómo el Gobierno del Estado español se siente capacitado de exigir la liberación de las presas políticas de la República Bolivariana de Venezuela, quizá sea un buen momento para recordar esa famosa frase que pronunció en su día el mismo Felipe González: “con presos políticos no hay democracia” y empujar la unión de todas las fuerzas verdaderamente demócratas y antifascistas del Estado español para seguir avanzando hacia la democracia y construir un futuro sin presas políticas.

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