Esperando el tren que nunca llega

Miles de refugiados se encuentran bloqueados en estaciones y carreteras croatas esperando un modo de transporte que les lleve en dirección a Alemania

Foto: Olmo Calvo (Diagonal)

Las buenas palabras iniciales que el gobierno croata emitía, en torno a dejar paso libre a los refugiados sirios por su territorio, parecen quedarse en eso, meras palabras. Desde que Hungría cerrara unilateralmente sus fronteras, utilizando la violencia contra los refugiados, Croacia se ha despertado del sueño en el que su territorio era un simple corredor, en la búsqueda de la meta alemana, para encontrarse con un problema de miles de sirios bloqueados en sus estaciones, sin trenes que les lleven a ninguna parte.

Ante un problema sobre el que no tiene control, Croacia advertía este viernes que no podría ofrecerles más refugio a los refugiados y que éstos deberían seguir viaje, desafiando a la Unión Europea (UE) a buscar una política eficiente para recibirlos.

"Ya no podemos registrar y acomodar más a estas personas", dijo el primer ministro croata, Zoran Milanovic, en rueda de prensa en Zagreb. "Recibirán comida, agua y ayuda médica y luego pueden continuar. La Unión Europea debe saber que Croacia no se convertirá en una zona de inmigrantes. Tenemos corazón, pero también tenemos cabeza", agregaba.

La llegada de 13.000 personas en un lapso de 48 horas, muchos a través de campos y esquivando controles policiales, ha sido demasiado para uno de los países menos prósperos de la UE,  en una crisis que ha dividido al bloque de 28 naciones, en casi tantas opiniones distintas.

Alrededor de medio millón de personas han cruzado el Mediterráneo hacia Europa en lo que va de año, dijo la Organización Internacional para las Migraciones. En su mayoría proceden de países en guerra como Siria, y tan solo buscan una vida mejor y más segura.

Cientos de miles han estado caminando a través de la península de los Balcanes para llegar a los países europeos más ricos, ubicados al norte y oeste del continente, especialmente Alemania, que se está preparando para aceptar a 800.000 personas que buscan asilo este año.

La UE continúa absorta en cifras económicas, y mostrando evidencias de que la tan cacareada unión política, en realidad, nunca ha existido. Bruselas no ha sido capaz de presentar una política común para lidiar con la mayor migración a Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora cada uno hace la guerra por su cuenta.

Pero, mientras los estados miembros luchan por salvar sus intereses particulares, haciendo caso omiso de las huecas, pero biensonantes, palabras que llenan los textos fundacionales de la Unión, los futuros asilados se agolpan ante estaciones, otrora vacías y ahora repletas, esperando un tren que nunca llega, rodeados de antidisturbios.

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