En memoria de Maruja Cazcarra

Ha muerto Mª Ángeles Cazcarra, siempre conocida con el nombre de Maruja. Como tal, la hemos llamado desde el principio de la lucha antifranquista, y hasta el final de sus días, así lo hacíamos, los que seguíamos su retiro.

Ante todo, y respetando sus deseos, (refrendados por sus más cercanos y únicos familiares), ha dejado establecido que su despedida fuese ligera, con la sencilla aceptación del final que todos tenemos que hacer. Sin embargo, dentro de este acatamiento, no es posible dejar de hacer llegar a todos los que la conocimos, su recuerdo y sus deseos, tanto de su persona como de su labor en pro de las libertades. Lo hizo durante todo el franquismo y la no menos difícil época del pos franquismo, dentro de la organización del PCE. Fue durante estos difíciles años el apoyo incondicional de su hermano Vicente Cazcarra.

Era sabedora de la estrecha vigilancia a la que la BPS la tenía sometida, cuando Vicente estaba preso en el Penal de Burgos, condenado a 16 años de prisión por pertenencia al PCE. Fue salvajemente torturado por J. Antonio Creix y sus secuaces en la sede de la BPS de Barcelona, sin denunciar a nadie. Pero ni en esos tiempos rebló ni dejó de ser un principal eslabón en la cadena de lucha a pesar de la brutal represión.

Han sido muchas las acciones, actuaciones, como la formación y organización de las familias de presos, para distribuir las ayudas. El total apoyo a la organización y origen de la Asociación de Mujeres Demócratas. Mantenimiento por cualquier medio, por inverosímil que fuese, de cualquier noticia que hiciese peligrar la seguridad o peligro de detención. Cercana a cualquier organización prestando su voz, su grito de libertad y su persona como una más en la lucha. Jamás retrocedió ante las múltiples dificultades con que la represión franquista esculpía su odio sobre las espaldas de los trabajadores. Y así continuó hasta que sus fuerzas fueron poco a poco extinguiéndose, en el retiro que ella misma se ha autofinanciado.

Las visitas de sus amigos, han llenado los huecos de soledad que muchas personas, sin hijos o escasa familia, tienen que soportar. Nunca la encontrabas ajena a la mueca de sana sonrisa, en su habitación soleada y convertida en un profuso jardín. Las plantas que compartían con Maruja mitad y mitad, llenaban su interior de esa paz que siempre exhalaba su dulce semblante. En ningún tiempo la oímos quejarse de su disminución física debida al brutal enemigo de la Polio, (entonces, cuando éramos los niños de la posguerra no había vacunas).

El apellido Cazcarra, en las personas de Maruja y Vicente, han llenado hojas imborrables en la lucha por las libertades. Con ella, no se cierra ese ciclo, sino que continuará. Su recuerdo, nos ayudará.

Sus restos serán quemados y las cenizas sembradas en el jardín de las cenizas del cementerio de Torrero, según ella quería y he expresado más arriba. La tierra, le será leve y la Naturaleza cubrirá su polvo. ¡Hasta siempre Maruja!

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