En defensa del conflicto

Con el recuerdo de Aute revoloteando en la cabeza, no dejo de murmurar “Decir espera es un crimen, decir mañana es igual que matar, las cicatrices no ayudan a andar…Que no…”, que no es lo mismo golpear, que ser golpeado, como no lo es atacar que defenderse. Ni el pensamiento puede tomar asiento ni la equidistancia nos salva de nada. La ausencia de conflicto no es ese nirvana al que algunos se empeñan en empujarnos como si pudiéramos existir sin conflicto, sin debate, sin avances y retrocesos, porque no somos budas desprendidos de la realidad sino cuerpos que sufren, luchan, …

Foto de Pilar Vaquero que ha escrito artículos sobre lo común, Cuba, el mercado, los escena y Zaragoza vientos flores reglas memoria

Con el recuerdo de Aute revoloteando en la cabeza, no dejo de murmurar “Decir espera es un crimen, decir mañana es igual que matar, las cicatrices no ayudan a andar…Que no…”, que no es lo mismo golpear, que ser golpeado, como no lo es atacar que defenderse. Ni el pensamiento puede tomar asiento ni la equidistancia nos salva de nada.

La ausencia de conflicto no es ese nirvana al que algunos se empeñan en empujarnos como si pudiéramos existir sin conflicto, sin debate, sin avances y retrocesos, porque no somos budas desprendidos de la realidad sino cuerpos que sufren, luchan, padecen y desean vivir, amar, soñar.

Ante la polarización forzada por unas y otras para esconder los problemas, la respuesta no es el silencio mudo, culpable por omisión de socorro, sino la acción decidida y la unión entre iguales y no tan iguales para alcanzar objetivos comunes, equilibrios inestables que poco a poco nos acerquen a una realidad vivible para todas.

El conflicto es la relación dialéctica entre quienes tienen intereses u opiniones que no pueden desarrollarse al mismo tiempo, que se contradicen; el conflicto es la lucha de las mujeres por una vida libre y digna, el de los desposeídos por unas mínimas condiciones de vida que les permitan ejercer los derechos que las leyes les reconocen, pero no hacen reales.

El conflicto enfrenta al abusador con el abusado, al poderoso contra el débil, y la violencia es parte intrínseca de esta realidad, porque la violencia es mucho más que lo que la prensa se empeña en señalar. La violencia es una casa sin luz, una factura sin pagar que se acumula a otra, es el miedo a perder lo poco que se tiene, es que el futuro genere angustia y ansiedad, es la abismal diferencia entre quienes se quejan de las restricciones y aquellos a las que las mismas les arrebatan sus escasas oportunidades de seguir subsistiendo.

Y en política la ausencia de conflicto solo podría darse en dos escenarios: en uno, todas las personas son realmente iguales, sujetos activos de derechos y vidas dignas de ser protegidas y vividas (lo que viene siendo una utopía porque cada vez que arrancamos al sistema un derecho somos conscientes de los que aún no se han conseguido y lo fácil que es perder los adquiridos); y en el otro, nos dirigimos al trabajo con los ojos perdidos y volvemos de él con la única ansia de otra dosis de soma. Es decir, la vida en comunidad no puede darse sin conflicto, ni siquiera si el guionista es Aldous Huxley, no existe "un mundo feliz".

Así que dejemos de escuchar a quienes demonizan el conflicto y pretenden desde la más cruel equidistancia igualar a unos y otros, a fascistas y antifascistas, porque frente al fascismo, solo hay una opción: plantarse con los pies firmes y las ideas claras, nadie es más que nadie por el color de su piel, por su lugar de nacimiento, por su sexo o por su sexualidad, y todos y todas tenemos derecho a pelear por una vida que merezca el esfuerzo y la dicha.

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