Empapados tras el naufragio

Si lo que te habías propuesto al comprar las entradas para ver “Los restos del naufragio” era “desconectar”, ya puedes abortar misión. Esta suerte de adaptación de 'La comedia de los Errores' de William Shakespeare con texto de Carlota Pérez-Reverte exige que pongas todos tus sentidos a disposición de la trama.

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“Los restos del naufragio”. Foto: Aine Mártínez Pérez.

Si lo que te habías propuesto al comprar las entradas para ver 'Los restos del naufragio' era "desconectar", ya puedes abortar misión. Esta suerte de adaptación de La comedia de los errores de William Shakespeare con texto de Carlota Pérez-Reverte exige que pongas todos tus sentidos a disposición de la trama.

Consciente de la dificultad del entresijo entre personajes, la pieza teatral juega con esta carta a su favor y convierte el lío total en parte de la situación cómica: dos pares de gemelos, unas hermanas con un carácter devorador, el toque sazonador de cada intervención de Angelo Crotti y la actuación armónica y a la vez caótica de Daniel Esteban hacen de esta obra -dirigida por Alberto Castillo-Ferrer- un homenaje al enredo, una reivindicación de la equivocación como fuente de humor.

El elenco tiene el reto de repartir varios papeles por persona, lo que hace que el juego enrevesado continúe entre bastidores, produciéndose cambios frenéticos y divertidos entre los alter-ego. Los personajes derriban la cuarta pared e interactúan con el público, cuestionando la capacidad del espectador para seguir el hilo e instándole a volver a ver la obra.

'Los restos del naufragio' está cargada de metateatro. Es un constante alarde de dinamismo, un guiño a Plauto y Shakespeare que nos hace recordar también otras obras, como los "Cien años de soledad" y la difusa estirpe de Aureliano Buendía –quien lo haya leído sabrá que no viene nada mal tener un esquema a mano con el árbol genealógico del coronel–. Para clarificar y arropar la comicidad se cuenta con la presencia de los letrados, quienes a lo largo del viaje teatral, como narradores-personajes, insinúan y resumen qué deberíamos haber comprendido hasta el momento. Otro punto a favor de la comicidad.

El día 29 de diciembre los más afortunados tuvieron la última oportunidad para disfrutar de la comedia de Castrillo-Ferrer en el Teatro Principal, que una vez más ha vuelto a coronar su carrera artística con la apuesta por lo clásico.

No obstante, lo mejor de la obra fue su efecto. Los asistentes, sin conocernos entre nosotros, abandonamos la abarrotada platea del zaragozano Teatro Principal, sonriendo los unos para los otros y para nosotros mismos también. Sin ninguna sombra de duda, este fenómeno ha sido un buen regalo de Navidad para los amantes de la vida y el teatro, quienes hemos podido empaparnos con este particular naufragio.

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