¿Qué va a pasar si la nueva política imperialista de Trump y Musk decide intervenir en España? ¿Nadie se está haciendo esta pregunta?
Bases de la OTAN riegan nuestra región -Europa en términos globales-, como Rota y Morón en nuestro país. Miles de soldados yanquis ocupan Alemania, corazón del viejo continente. Los Fondos Buitre, el capital financiero internacional, cuyo origen está en Norteamérica tienen a su disposición la palanca para generar crisis estructurales en las economías europeas. Redes Sociales y empresas de comunicación bajo su poder. ¿Va mal el negocio? ¡Manda, la caballería… a Groenlandia!
Europa se da cuenta que es una colonia. Europa, gigante económico en declive, enano político y gusano militar. Su democracia liberal y sus escudos ideológicos del derecho internacional, la división de poderes y los sacrosantos “Derechos Humanos” se vienen abajo y los yanquis, el hegemón imperialista dominante, se han dado cuenta. El apoyo al genocida estado de Israel ha sido la gota que ha colmado el vaso y los equilibrismos realizados por líderes y diarios liberales son cada vez más ridículos. Y España no tiene margen de maniobra respecto al continente, el Régimen del 78 lo impide por su fiel pertenencia, y seguidismo, a la Unión Europea y la OTAN. Negras tormentas agitan los aires, como advierte el himno anarquista de los años treinta.
Balbucean los burócratas de Bruselas ante la nueva situación. Se nota el nerviosismo. Suspenden elecciones en Rumanía. Recuperan búnkeres de la guerra fría, blindan las fronteras contra el enemigo del Sur e incrementan los presupuestos militares. Les toca gestionar el fin de la Europa del bienestar y construir la Europa fortaleza.
Aquí, en España, volvemos a estar cegados por la estabilidad económica y los bailes de máscaras, teatrillos, entremeses, de jueces, fiscales y políticos. No suben los salarios respecto a la economía real, pero por lo menos hay poco paro. El paro ha sido en las últimas décadas el gran drama de la clase trabajadora española. La crisis de 2008 fue demasiado hardcore y aun nos acordamos.
La cultura de masas, mainstream, rampante palia la cruda sensación de fin de los buenos tiempos; ahora no solo en Televisión si no también en tu dispositivo móvil 24-7. Y si eso no es suficiente siempre quedarán los ansiolíticos. Como en Don't look up hoy es más verosímil el final del mundo, de la civilización por ser más precisos, que de este sistema enfermo llamado capitalismo. Aprovechad el último rayo de sol de la tarde antes de que vengan las nubes oscuras, propone el Capital al que pueda escapar de la ansiedad generalizada.
Entretanto la izquierda institucional, lo que queda de ella, no llama al deber contra la guerra y el fascismo sino que se agarra a los viejos consensos liberales del siglo XX. Miran hacia atrás, idealizando un dorado pasado socialdemócrata que nunca fue tal, menos en nuestro país. Convirtiendo las caducas democracias burguesas en la única barrera frente a la nueva ultraderecha. Derechos individuales frente al fascismo es su única consigna. Su última herramienta es gritar: ¡Que viene el lobo!, porque el resto se hipotecaron para formar parte del Gobierno. Mientras la clase trabajadora paga más de la mitad de su salario por un techo, le cierran el centro de salud de su pueblo o barrio y los y las jóvenes de clase trabajadora ya no van a la Universidad. Cómo no va a desconectarse la clase obrera si solo recibe falsas esperanzas de los autoproclamados caudillos de la izquierda institucional. No os movilicéis, no os organicéis, no alcéis la voz; yo os otorgaré la reducción de la jornada laboral; votadme. Exclaman, mientras reparten miserables migajas para captar nuestra atención, 50€ al mes han prometido esta vez -más o menos medio carro de la compra-. Vaya callejón sin salida. Siguiendo con los himnos parece que no recuerdan que la clase obrera consciente siempre ha cantado aquello de “ni en dioses, reyes, ni tribunos, está el supremo salvador”. Por lo menos el movimiento por la vivienda está demostrando que se tiene más influencia en el debate público desde la calle, que sentada en el Consejo de Ministros.
Buscar la solución en el cuanto peor, mejor es peligroso. Porque siempre se puede ir a peor. La espera de una nueva crisis que agite el cotarro, para que espabilen las fuerzas populares, puede ser el último error de la izquierda en Europa. Por ese error, esperar a la caída del capitalismo desde la inacción, murió la Segunda Internacional. Al menos aún quedaban fuerzas organizativas e ideológicas para enunciar activamente su errónea tesis, hoy parece que desde nuestra debilidad asumimos ese camino pasivamente, sin ni siquiera mencionarlo.
Convendría sin embargo no dar por muerta a la clase obrera europea. Que no es la misma que la del siglo XX pero mantiene vínculos, ese hilo rojo que resiste a romperse. Los grandes sindicatos y el avispero de movimientos sociales y partidos políticos de la izquierda radical que hoy pican caóticamente son muestras de ello. Todavía resisten en el subconsciente colectivo las historias de gestas, de luchas y de huelgas; y de vez en cuando alguna tanqueta nos hace recordar su vigor. Hace poco más de 10 años que Europa, el sur sobre todo, ardía por los recortes a los servicios públicos y la devaluación interna, es decir, por el paro y los recortes salariales. Habrá que ver cómo afecta la nueva política de Trump y Musk a nuestras sociedades, y como estas reciben el impacto del Séptimo de Michigan. Nada es tan sólido como aparenta. El imperialismo es un tigre de papel.




