La Red de Agua pública de Aragón (RAPA) ha convocado una charla, para este martes 11 de noviembre a las 18:30 horas en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, en la que los profesores universitarios, Francisco Pellicer y Cesar González, presentarán los riesgos de inundación del río Huerva y también se tendrá la oportunidad de comentar algunas de las actuaciones que se están realizando en este río.
A mediados de septiembre invitamos al concejal de Urbanismo de Zaragoza, Víctor Serrano, a esta charla y nos prometió su asistencia. Pero posteriormente comunicó que el 11 de noviembre tenía la agenda ocupada. Se le indicó que marcara otra fecha. Han pasado dos meses y no ha habido contestación.
A fecha de hoy, son muchas las dudas que surgen entre los colectivos preocupados por el estado del Huerva y su anunciada restauración.
Antecedentes del río Huerva
Este río, el más urbano de la ciudad, nos ha proporcionado múltiples beneficios ecosistémicos a lo largo de los últimos siglos. Ya en época romana en el siglo III, se planteó una conducción que facilitara el agua de boca , tres siglos después de que se hubiera fundado Cesaraugusta.
A través de diferentes acequias, entre ellas La Almotilla y La Romareda, se han regado campos agrícolas del sur de la ciudad.
En el último siglo, ha sido un lugar de ocio y esparcimiento en diferentes lugares de su cuenca: Ojo del Canal, Fuentes de la Caña y de la Junquera, así como un lugar de pesca de barbos, madrillas, cangrejos, incluso anguilas cuando estas remontaban el Ebro y llegaban al centro de la ciudad.
Los derechos de un río mancillado y ultrajado
Pero a partir del siglo XX se inició una vulneración de la dignidad del Huerva, privándonos de todos los servicios ecosistémicos que nos aportaba.
El desarrollo industrial provocó progresivamente la contaminación de este río. Fueron instalándose fábricas de harinas, de regaliz, industrias como La Veneciana o la fábrica de sombreros de Gregorio Hernández y otras en el largo Camino del Sábado que incluso contó con una de curtidos que proporcionaba al río múltiples colores. Esta contaminación se agravó con cientos de pequeñas empresas en Cuarte, Cadrete y María que fueron llenando de metales pesados los sedimentos del río.
En los informes de la CHE de 2023, referidos a sustancias peligrosas en la cuenca del Ebro, el punto de muestreo de la fuente La Junquera figura como uno de los más contaminados de toda la cuenca, con niveles de zinc, cobre y selenio muy elevados.
Por otro lado, la planificación urbanística ignoró la existencia de este río y permitió la construcción de edificios públicos como la Universidad ubicada en Plaza Paraíso, el Hospital Miguel Servet, colegios como Jesuitas y Marianistas, o urbanizaciones como Fuentes Claras y las Abdulas, Centro Cívico Lain Entralgo, antes Tenis de Zaragoza, que ocuparon el espacio del río y lo encorsetaron entre muros de hormigón.
Sin apenas agua y sin apenas peces
Los peces han casi desaparecido y los caudales son mínimos, de tal manera que lo que vemos por la ciudad, es lo que le aporta el Canal imperial desde la Almenara del Pilar a la altura del llamado Ojo del Canal.
Las obras de los edificios próximos al río, en muchos casos, rellenaron las orillas con escombros, de forma que la vegetación que en él se desarrolló, fue aquella que precisa pocos requerimientos, como es el caso de los ailantos, una especie invasora que el Ayuntamiento de la ciudad plantó durante décadas en muchas calles y plazas y cuya abundancia en calles colindantes al río, como Paseo de la Mina, calle Asalto, y Camino de las Torres, facilitó su propagación al Huerva.
El Proyecto de Restauración Fluvial del Huerva, planteó desde el inicio que los ailantos había que eliminarlos en su totalidad. En las primeras reuniones informativas del Ayuntamiento, algunas personas pertenecientes a grupos vecinales y ecologistas, planteamos nuestra reticencia a esta eliminación total, advirtiendo la posible desestabilización de taludes que dicha vegetación sujetaba. En esta linea, se planteaba la posibilidad de una eliminación progresiva que fue también presentada como alegación en el periodo de información pública, pero que fue desatendida. El tiempo nos ha dado la razón: taludes totalmente erosionados que han arrastrado consigo la caída del resto de árboles. Fijar estos taludes, recuperar el bosque de ribera nos va a llevar tiempo y dinero y todo ello por que se hizo de forma precipitada para cumplir los plazos de la financiación, sin llevar a la practica el discurso que muchas veces repiten las propias administraciones: soluciones basadas en la naturaleza frente a ingeniería tradicional.

Hemos contactado con Fernando Valladares, científico del CSIC con el objeto de recoger su opinión sobre la eliminación de especies invasoras en los ríos y su respuesta ha sido: “No hay receta universal. Lo que si es bastante universal es hacer las cosas despacio y de forma adaptativa, es decir viendo los primeros resultados y ajustando las siguientes acciones”. Lo contrario de lo que se ha hecho, y Diego García de Jalón , catedrático y experto en ecología fluvial aún es más rotundo: “Para evitar la expansión de los ailantos, la solución mejor debería haber sido empezar por eliminar los ejemplares hembra que aportan miles de semillas y por tanto su propogación en el río”.
Otra de las actuaciones ha sido renovar colectores para recoger las aguas residuales que en muchos puntos vertían al río, una acción necesaria y que aplaudimos pero que en algunos puntos próximos al Parque Bruil ha estrechado mucho más el dominio público del río, de forma que el paseo arbolado que enlazaba la zona verde del antiguo canódromo, hoy llamado parque de Villafeliche, con el centro deportivo municipal de Alberto Maestro, ha desaparecido.
Si recorremos el río en los diferentes tramos de actuación podemos observar la perdida de cobertura vegetal. La construcción de grandes colectores ha arrasado con toda esta vía arbolada.
Algunos de estas zonas arboladas, no han estado protegidas durante más de un año y han llegado en un estado que obligará a una renovación total de praderas e incluso de parte del arbolado.
En algunos medios de comunicación y cartelería se anuncia que vamos a contar con ocho parques a lo largo del río en la zona de actuación, cuando más bien van a ser pequeñas plazoletas. Excepto dos manchas verdes que se recuperan en antiguos viveros Sopesens y Puente de los Gitanos, las demás zonas arboladas ya existían. Los recorridos longitudinales a lo largo de la ribera no tienen apenas continuidad. En nuestra opinión es una oportunidad perdida con una inversión millonaria.
La pasarela de la calle La Luz
El concejal de Urbanismo se obceca en hacer una pasarela que ni es necesaria por existir dos rampas de acceso al río a 200 metros de distancia aguas arriba y aguas abajo, ni nadie la ha reclamado. Ante las protestas vecinales el Ayuntamiento de Zaragoza ha realizado un cambio en el trazado pero ha mantenido la pasarela, obviando como ya es bien conocido que puede constituir un obstáculo en momentos de crecidas del río, aspecto que se acentúa ante una crisis climática donde los fenómenos meteorológicos extremos van a ser cada vez más abundantes e imprevistos.
Conclusiones
Concluimos, que el río, apenas está siendo el beneficiario de estas inversiones de 32 millones de euros, salvo en el capitulo de las aguas residuales.
Además para esas inversiones, el gobierno municipal PP-Vox está vendiendo suelo municipal en diferentes zonas de la ciudad, entre ellas la de la antigua Alumalsa, dedicadas inicialmente a vivienda pública de alquiler desde hace más de 20 años. Y los planes de recuperación del Canal los abandona y los traslada a la segunda fase de expansión de Parque Venecia 2 y la Quinta Julieta . Los barrios históricos quedan abandonados en su gran mayoría.
Somos conscientes de que la restauración de este río tan degradado era difícil por todos los aspectos que hemos comentado, pero la precipitación y urgencia con que se han hecho las obras no han ayudado a aplicar las “soluciones basadas en el funcionamiento de la naturaleza” ni de protección en la seguridad en el trabajo. En este momento nos encontramos con un reto importante, desarrollar un bosque de ribera en una situación difícil: laderas erosionadas y un freático profundo, que tampoco ayudará al desarrollo de la vegetación. Esperemos que se prime la naturalización en el desarrollo de este proyecto frente al asfalto.
Quedará una renovación de zonas arboladas, con árboles que necesitarán varias décadas para crecer, suponemos que más floridas, pero la dignidad y los derechos de un río mancillado y ultrajado durante más de un siglo, apenas cambiará.

