El olvido y el abandono de las acequias de Zaragoza: un patrimonio a recuperar

03 julio, 2026. 11:15

Los recorridos que hemos hecho recientemente un grupo amplio de ciudadanos, a ciertas acequias zaragozanas, nos ha hecho profundizar en su gran importancia para la ciudad.

Como ya hemos reflejado en otros escritos, el arquitecto Pablo de La Cal señala, que en los límites del cuarto cinturón, hay 180 km de flujos de agua . De ellos, treinta y ocho corresponden a los cursos del Ebro, Gállego, Huerva y el Canal imperial. El resto, 142 kilómetros, corresponden a las viejas acequias de Zaragoza, algunas ya soterradas pero plenamente operativas.

¿Cuales son estas acequias?

Simplificando, parte del núcleo histórico de la ciudad ha sido recorrida por dos arterias principales. La Romareda, que tenía un recorrido muy amplio , tanto en la vertiente de la Romareda Baja como de la Romareda Alta y que prácticamente ha desaparecido, con lo que no cuenta en los ciento cuarenta kilómetros de las actuales acequias.

Otro acequia principal del centro de la ciudad, es la de las Abdulas, que en ciertos tramos es visible y que con diferentes nombres recorre el parque Labordeta y el subsuelo del Camino de Las Torres hasta llegar a la Huerta de las Fuentes, después de recibir los aportes del ramal de Ruiseñores y de la acequia del Ontonar que transita por San José y calle José Pellicer.

En las áreas más exteriores de la ciudad , como aporte del Canal Imperial en los kilómetros 80 y 84 de su trazado, hay dos ramales que reciben el nombre de acequias del Plano: La del Plano Miralbueno y la del Plano Miraflores. Quedaría también la que proviene del río Huerva, la de la Almotilla, pero por falta de caudales y lugares que regar, está prácticamente sin agua durante todo el año.

La conclusión a la que hemos llegado en el curso de estas visitas es que las acequias desaparecen allí donde el urbanismo llega. Se entuban y se hacen desaparecer de la faz urbana y en unos momentos en que tenemos que defendernos de las altas temperaturas, las acequias podrían servir como lugares de evapotranspiración que rebajasen el alto nivel de calor de la zona y que sirviese como elementos de mejora del paisaje y de biodiversidad. Las acequias no se valoran como elemento estructural de las zonas verdes de la ciudad.

En el Plano Miralbueno, cuando se llega al Camino de Épila, después de atravesar el Parque Oliver , unos simples cierres del camino evitarían la cantidad de residuos y vertidos que se hacen sobre la acequia que aún transporta agua y riega ciertas zonas. Se quiere la degradación y que la desaparición de la acequia sea visto por el ciudadano como la mejor solución. La misma situación la tenemos en el camino de Miraflores en el barrio de San José. Es un exponente más del olvido del pasado agrícola que ha tenido la ciudad.

Sin embargo, su pasado es comparable a la tradición agrícola de las mejores ciudades españolas: Valencia, Murcia y Granada que mantienen en sus ordenanzas la conservación y mantenimiento de sus acequias. Pero durante el siglo XX, este sector de hortelanos aparte de su desaparición, sufrieron múltiples incomprensiones, olvidando el servicio que a la alimentación de la ciudad, hicieron durante siglos. Recordar la expropiación forzosa que se hizo en la zona del Actur, donde se compraron las tierras del los sectores agrícolas a precio de saldo, que incluso impedía el que estas personas pudiesen reorganizar su vida en otra actividad. Fueron literalmente expulsados de sus tierras.

Hace falta, que además de construir viviendas, la infraestructura verde de la ciudad se acuerde de que estas acequias existen. Hay que acabar con este olvido por parte de Urbanismo, Parques y Jardines y de la ciudad en general. Y aunque a destiempo, recuperar algo del pasado agrícola que tuvo la ciudad y que hoy queda representado en las acequias de Zaragoza. No hay que olvidar que seguimos teniendo 12.000 hectáreas de regadío.

En esta línea, nos vamos a poner en relación con responsables del rectorado de la Universidad, para hablar de la acequia del Rabal entre Parque Goya y Escuelas de Ingenieros y seamos capaces entre todos, de liberar espacios alrededor de esta acequia histórica del Gállego.

Agricultores y acequias: un binomio necesario

¿Es posible mantener la traída de alimentos en barcos y aviones a miles de kilómetros de distancia? Pensamos que además de insostenible, aseguramos que en pocos años no habrá petróleo para tan largos desplazamientos .
Hemos citado, como históricamente expulsamos a nuestros agricultores de las tierras zaragozanas

Hoy revertir esa situación es tremendamente difícil. Habría que hacerse con un banco de tierras, que como señala Santiago Marraco, pudo hacerse en concentraciones parcelarias de hace unas décadas.

Sin embargo, la demanda de los alimentos en la ciudad está asegurada para futuros productores, porque hoy tanto el Gobierno de Aragón como el Ayuntamiento, sirven en comedores públicos de la Universidad,Colegios, Hospitales y Centros cívicos, cientos de comidas diarias . Que fuera necesario que las comidas que se sirven, fueran de proximidad, es fácil de de ponerlo como clausula en los pliegos de condiciones a las empresas adjudicatarias.

Por todo ello, es más necesario que nunca el mantenimiento de las acequias como un patrimonio de futuro de una ciudad que pretende con el tiempo obtener alimentos de cercanía.

Un acuerdo con los pocos hortelanos que nos quedan y con los que en el futuro podamos recuperar, podría asegurar el que estas personas ofertasen alimentos de calidad a los sectores públicos anteriormente citados. Y el patrimonio de las acequias, junto con el de los hortelanos, seguirían siendo imprenscindibles.

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