Altavoz

El odio contra las mujeres

Corren malos tiempos. Contra toda revolución que reivindica derechos, ya sean sociales o de otra índole, cambios legislativos de importante trascendencia, en general todo aquello que suponga hacer tambalear un asentado y establecido orden donde siempre hay quien somete y a quien se somete, aparece lo que en EEUU llaman backlash, que castellanizado significa contramovimiento....
| 11 enero, 2019 10.01
El odio contra las mujeres
Foto: AraInfo

Corren malos tiempos.

Contra toda revolución que reivindica derechos, ya sean sociales o de otra índole, cambios legislativos de importante trascendencia, en general todo aquello que suponga hacer tambalear un asentado y establecido orden donde siempre hay quien somete y a quien se somete, aparece lo que en EEUU llaman backlash, que castellanizado significa contramovimiento.

Y en ésas nos andamos, como no podía ser de otra manera en materia de mujeres. Una crisis económica en un país desarrollado siempre tiene como efectos secundarios la pérdida de los derechos de los más débiles, la infancia y las mujeres entre otros. Y es ahí donde hay que establecer el inicio de esta situación política que vivimos. Simone de Beauvoir ya lo advertía, los derechos de las mujeres nunca hay que darlos por conseguidos, volverán a ser cuestionados.

Nos rasgamos las vestiduras con la aparición de un partido político como Vox en una tierra como la andaluza, pero es un resultado que ya debíamos estar esperando. Nunca, nunca una revolución por los derechos de colectivos desfavorecidos se quedaron sin respuesta, siempre la hay. Y frente a la lucha de las mujeres emergen estas armas de dominio, ansiosos y desatados por ver peligrar sus privilegios, cuestionados, señalados (nótese el masculino utilizado queriendo aunque englobe mujeres de igual ideología).

Jamás se fueron, no es cierto que vivíamos épocas mejores, vivíamos épocas diferentes donde por ejemplo la mujer se incorporó al mundo laboral con una gran carga emocional, física y generacional, donde seguíamos doblegadas y sometidas por los machos alfa, como yo diría protestando pero poquito, sin que se notara demasiado. Lo contrario hubiera sido la desaparición automática de un privilegio como el laboral, social, económico para las mujeres y eso, a aquellas que nos precedieron no les habría encajado.

También nos incorporamos a las Universidades, donde arrasamos como nunca se hubiera imaginado. Incorporadas al mundo de la enseñanza, la medicina, la investigación, el arte, poco a poco fuimos tomando un lugar que durante siglos se nos había negado. Todo ello siempre sin hacer demasiado ruido. Aires de cambio, de conquista de derechos arrebatados aunque el día a día fuese duro para muchas. Sueldos por debajo de los hombres por un mismo trabajo, cargando con el trabajo de fuera más el trabajo y cuidado de la familia.

Vino una ley del divorcio que nos permitía romper el vínculo con aquel que nos maltrataba, nos despreciaba o nos humillaba, al principio con la necesidad de justificarlo para más tarde no ser necesario. A pesar de todo las mujeres seguíamos sometidas al mandato de los hombres, con poca o nula capacidad para llevar a cabo la manutención de los y las hijas en común a los que ellos no echaban cuenta porque estaban en sus cosas, así como los gastos diarios. Nos vimos obligadas a trabajar por míseros sueldos durante infinidad de horas, se establecían regímenes de visitas para ellos y el uso de la vivienda para los hijos e hijas que quedaban al cuidado de la madre.

La incorporación de la mujer al mundo laboral hizo que de alguna forma todo aquel esquema cambiase y así, con esos aires de cambio se introdujeron novedades que minaban nuestro valor como personas y mujeres pero que se nos plantearon como conquista, como merecidos derechos.

La derecha, los conservadores siempre lanzan ese tipo de discurso para convencer a quienes por cuestiones varias no lo tienen claro y, ese discurso machacón, cansino, encierra veneno en cada frase aunque me atrevería a decir en cada palabra.

Se empezó a tratar la custodia compartida como la panacea y la solución a todos los problemas cuando los estudios al respecto y la práctica en países cercanos a nosotros nos auguraban los peores resultados. Pero en una sociedad puramente machista, con unos partidos políticos que destilan, unos machismo y otros rancios pensamientos, la idea fue calando sin demasiada floritura, sin pena ni gloria. Y así, contado de manera popular fue impregnando el pensamiento de hombres y mujeres a quienes ante la propuesta de compartir tareas del hogar y cuidado de los hijos e hijas para favorecer la integración absoluta de la mujer en la sociedad actual, manifestaban que era lo justo y correcto.

Sin embargo, lamentablemente esa no es la realidad. La realidad que subyace tras ese discurso machista, rancio y retrógrado es que la mujer, con la excusa del mantenimiento y cuidado de los hijos e hijas salía beneficiada en cada paso que se daba en el sistema judicial, nada más lejos de la realidad dicho sea de paso, que compartir el cuidado de las hijas e hijos liberaba de esa carga a la mujer y le permitía ser independiente, alcanzar metas que de otra forma no era posible. Hubo quienes se lo creyeron, cuando el trasfondo es otro y sigue llevando como estandarte la dominación.

Los lobbys que sustentan esta ideología junto con aquella de lo manipuladoras, perversas y falsas que son las mujeres, son tan poderosos que engullen todo aquello que atraviesan. Mueven millones de euros que gastan en campañas publicitarias, colocados estratégicamente en partidos políticos, en puestos de poder y sobre todo en un sistema judicial machista, retrógrado, rancio, misógino, patriarcal desde su creación donde las pocas mujeres que han ido accediendo han tenido que doblegarse a sus mandatos para no verse señaladas ni ninguneadas por sus colegas.

Rancio abolengo destila el sistema judicial, donde los nietos, los hijos y demás familia conforman en multitud de ocasiones juzgados completos. Si no unidos por lazos de sangre aunque los hay, les une el compañerismo universitario, las horas de biblioteca o el enfrentamiento quizá en una oposición donde no siempre lo consigue quien lo merece si no quien se postula más hábil o mejor recomendado. Ese sistema judicial tiene una ideología política mucho más cercana a la conservadora que a la liberadora, por tanto dos de los pilares de esta sociedad, política y sistema judicial no son independientes como proclama nuestra Constitución, muy al contrario caminan de la mano y con toda su ideología y peso caen sobre las mujeres.

Hizo falta que se violara a una chica en la fiesta de San Fermín para que España entera se diera cuenta del peso que le otorga la justicia a las mujeres como culpables de delitos o inductoras de los mismos. Hizo falta que un padre divorciado quemara a su bebé en un coche frente a la casa de su madre para darnos cuenta de la magnitud de la arrogancia, prepotencia del padre frente a la indefensión en que se encuentran nuestras hijas e hijos. Hizo falta que un padre simulara el secuestro de sus dos hijos para ver de frente la vileza humana y a lo que es capaz de llegar un hombre, padre de familia a quien se le presume amor y afecto por su hija e hijo, con tal de hacer sufrir a su ex mujer, acabando con la vida de su prole quemándoles en una hoguera que prende para tal fin. De manera que las mujeres que somos madres seguimos sometidas al mandato de los machos alfa, al de quien fue nuestra pareja una vez y de quienes imparten justicia o deberían impartirla.

Un alboroto desmedido provocó la Ley de Violencia de Género 2004, una Ley que se gestó y alumbró con la mejor de las intenciones pero que no se aplicó nunca. Cayó en un cajón o directamente en la papelera, yo me inclino por hacer un test a los Jueces y Magistrados sobre el articulado para tener constancia de que la conocen. Junto con esta Ley, tal y como he explicado más arriba surgió otro backlash que promulgó, coreó y gritó las denuncias falsas que, dicho de otra manera, ni siquiera el mínimo porcentaje que se recoge como falsas lo son, forman parte de aquellas que no se pudieron demostrar. Y junto con las denuncias falsas volvió a aparecer el (i)sap “síndrome de alienación parental”, arma de exterminio contra mujeres, niñas y niños para desprestigiar sus testimonios y anular sus pruebas y denuncias por malos tratos y/o abusos, para seguir exculpando al hombre, al dueño del Universo, al todo.

Hace falta que una sentencia tras otra que se hacen públicas veamos cómo nos cuestionan por el escote, por la formación académica, por la falda más o menos corta o simplemente por pelear y luchar nuestros derechos. A todas aquellas que en algún momento de nuestra vida reclamamos y nos atrevimos a cuestionar el sistema, un sistema diseñado para defender y proteger a culpables que se pavonean y tejen verdaderas marañas de falsedades, que no dudan ni un instante en acabar con todo y con todas y todos incluso si son su propia prole, ese sistema nos aplicó penitencias de imposible cumplimiento. Unas salimos ilesas, no por ello sin secuelas que arrastraremos siempre en forma de estrés postraumático, de hiperglucemias, de fobias a tal o cual situación y otras perdieron su vida en el camino. Unas y otras perdimos el derecho a vivir dignamente, a la libertad durante un largo periodo de tiempo.

Corren malos tiempos para las mujeres, para las niñas. Corren tiempos de zozobra, de mares bravíos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso.

Las mujeres que por una u otra razón hemos conocido la otra cara de la moneda, sabemos bien que el enemigo es peligroso y difícil de combatir. Y no sólo es el enemigo de sexo masculino, como no todas las feministas son mujeres. Mujeres que son tanto o más machistas, tanto o más patriarcales, tanto o más obtusas y esas, esas duelen terriblemente.

Que una diputada se atreva a decir que los hombres tienen derecho a alquilar un vientre por su deseo de ser padre, que una magistrada se atreva a cuestionar si cerró o no cerró las piernas antes de ser agredida sexualmente, que cuestione una fiscal si en la denuncia se recoge que hubo una discusión y fruto de ella, al perder los nervios el hombre le propina una paliza a la mujer que acaba con su vida pero esos hechos no pueden aislarse del motivo principal que es la discusión en la que participan ambos, que se estén concediendo custodias compartidas a maltratadores para preservar la relación paternofilial porque un equipo multidisciplinar del que forman parte varias mujeres manifiesta que vale más un mal padre que ninguno, a ustedes no sé qué les parecerá pero a mí me parece que los simios tienen más poder de pensamiento reflexivo y conocimiento.

Toca pelear, pero toca pelear como decía Simone de Beauvoir por los derechos que creímos ya conseguidos. El backlash viene pisando fuerte, espero y deseo que pise cardos y pedruscos.

Donde nos creímos libres, plenas, ahí es.

11 enero, 2019

Autor/Autora


Vimeo
Ocurrió un error. Comprueba que el id 1756922 corresponde a un 0 y que existe.
Flickr
Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR