El IX Festifal de Urrea de Gaén reafirma su amor por el cine y el mundo rural

Como cada dos años, se celebró el Festifal (festival de cortometrajes de temática rural), en la acogedora localidad de la comarca del Bajo Martín. La calidad de los cortos seleccionados, las personas voluntarias y la organización nos hicieron pasar un gran fin de semana a las asistentes.

12 noviembre, 2025. 08:22
Los premios del Festifal, obra del artista David Castillo | Foto: Eva Gil

Los eventos del IX Festifal de Urrea de Gaén comenzaron el viernes por la mañana, enfocados a los estudiantes del instituto, con la charla taller "Haz tu película", impartida por el cineasta José Ángel Guimerá. A la tarde se inauguró el Festifal con la proyección del largometraje "Un hipster en la España vacía", basado en la novela homónima escrita por Daniel Gascón, quien vivió y tiene lazos familiares en Urrea de Gaén.

El sábado sirvió íntegramente para la proyección de los cortometrajes finalistas, tanto en categoría documental como de ficción. El Festifal arrancó temprano con la proyección de "Yo, mi, me conmigo", dirigida por Alicia Van Assche, un documental que tiene origen en una loable iniciativa para peques con enfermedades muy raras, a los que llevan a pasar una semana en las montañas de Babia (León). Allí conviven con Nemesio, pieza básica de este proyecto y pastor del gran rebaño de ovejas que apacienta, escudado por sus once perros mastines. El documental da una vuelta de tuerca y no muestra a los niños, sino a un grupo de personas que buscan la calma y la tranquilidad en sus vidas, en el aislamiento y la paz de la montaña. El dilema de si la tan buscada calma interior está al alcance de los urbanitas, queda en el aire (puro) de esas montañas en las que, siglos atrás, el monarca Alfonso IX se perdía en ellas mientras desatendía su reino. Nemesio el pastor, acostumbrado a esa soledad que sólo se puede sentir en la sierra, advierte que no mucha gente podría aguantar en ese espacio tan vasto a merced de la naturaleza y el silencio. La tan buscada paz interior, quizás no sea tan sencilla de encontrar, no basta con alejarse del ruido de la ciudad.

Para el siguiente corto documental, "El reflejo del lago", de Anibal del Casar, continuamos en Castilla y León, en este caso en la comarca de Sanabria (Zamora), donde sus habitantes nos cuentan la leyenda del lago, transmitida de generación en generación de manera oral. De manera dinámica y constructiva, el corto nos pone en aviso de la importancia que tiene conservar las tradiciones y los dialectos locales.

José Manuel Herráiz, Manuel Buil, Jorge Asín, Mirella R. Abrisqueta y Ana Bescós, integrantes del jurado del IX Festifal | Foto: Eva Gil

Después de estas dos propuestas tan interesantes, llegó el turno de los cortos internacionales. El primero, "Fortes, ensemble!", dirigido por Fred Prat, me dejó con ganas de conocer más a fondo este proyecto colectivo femenino localizado en el corazón de la selva ecuatorial camerunesa. El director nos da datos de la importancia y a la vez desigualdad de la mujer en el país africano, incluso nos ofreció los nombres de algunas de las mujeres del colectivo, pero ahí se quedó la cosa. El siguiente corto, llegado desde Serbia, el inclasificable "Krošnja" de Predrag Todorović, fue sin duda el más distintivo y artístico de todo el Festifal. Más que un corto documental, es un ensayo existencialista en el que se combinan imágenes, música y textos literarios. El resultado es sobrecogedor, su sobresaliente fotografía juega con las diferentes estaciones del año, y nos muestra imágenes de imponentes y antiguas tumbas serbias en las que los canteros esculpieron con maestría la personalidad de los fallecidos. Su proyección y textos como este, «Tenemos que acercarnos a los cementerios para poder entender quienes somos», dejaron al público noqueado.

Estaba claro que después de "Krošnja" iba a venir un descanso para que los espectadores cogiésemos resuello. La organización del Festifal nos obsequió a los asistentes con un café bien acompañado de deliciosa repostería, que los más golosos agradecimos sobremanera. En la siguiente tanda matutina vimos "Recordos asolagados" de David Vázquez "Pinancho", otro documental de pueblos inundados por pantanos en la España de Franco, y van… Nada nuevo bajo el sol: personas que tuvieron que abandonar deprisa y corriendo sus casas, expropiaciones forzosas a cambio de casi nada… Por muy visto que esté, nada puede borrar esa amargura perenne de los lugareños que vivían felices a orillas del río Miño, el cual les proveía de alimento y sustento de sobra, y de donde fueron arrancadas de cuajo sus raíces. 50 años después y por unas obras en la presa, sus casas volvieron a quedar a la vista y se grabó este emotivo corto documental.

A continuación, pudimos visionar el interesantísimo "Revivir el campo", un proyecto del joven biólogo Diego García-Vega. A través de visitas a varias fincas agrícolas de Aragón, Navarra y Andalucía, nos conciencia de que es necesario un cambio urgente en la forma de cultivar, si no queremos acelerar, entre otras cosas, la desertificación de ese tipo de terrenos. El reto es mayúsculo, tal y como está la economía de mercado para los agricultores, pero no es imposible: con la ayuda de gobiernos concienciados con la sostenibilidad y el ecologismo, y por supuesto con el cambio de talante de agricultores y consumidores, es posible sostener el cada vez más escaso sector primario. "Revivir el campo"se llevó una merecidísima Mención Especial del Jurado.

Sin salir del campo, continuamos con "El pueblo de los melones", de Roberto Robres y Jesús Causapé. Y no te equivoques, ese pueblo no es Villaconejos, sino Torres de Berrellén, lugar que durante los años 50 vivió su época dorada de producción de esa sabrosa y particular variedad de melón, que estuvo a punto de perderse. Por suerte, un par de vecinos de la localidad impulsaron el proceso para recuperarla, y el documental da fé de que en estos 10 años, aparte de revivir el melón de Torres de Berrellén, han conseguido que la cucurbitácea sea el eje aglutinador de la localidad en muchos aspectos, incluido el artístico. El documental destila un cierto tufillo a publirreportaje, pero lo que está claro es que pone en valor un producto recuperado y de calidad. Una pena que ya no sea temporada, porque ganas de probar un melón de Torres de Berrellén no faltaron.

Foto: Eva Gil

Quedaron dos cortometrajes documentales sin proyectar, así que fueron los que abrieron la jornada vespertina. El primero, "Ixigoleta y Bordón", dirigido por Silvia Orós, nos guía por algunos procesos de recuperación del folclore, centrándose en la danza y en especial en el de un instrumento tan exclusivo y original como la gaita de Bestué. También se hace un desesperado llamamiento a la importancia y extrema necesidad de la conservación de la lengua autóctona, el aragonés. A continuación, pudimos ver el homenaje a todas esas mujeres que en la España de la posguerra dejaron sus pueblos para marchar a servir a las ciudades. Supieron salir adelante a pesar de una dura vida llena de sinsabores, y las verdaderas protagonistas de "Las que fueron a servir", con sinceridad, desparpajo, algunas dosis de amargura y mucho humor, se muestran tal y como son ante la cámara de su directora Patricia Hernández Guerrero, quien, visiblemente emocionada, recogió al día siguiente la Fal Dorada como vencedora del Festifal en la modalidad de mejor cortometraje documental. Mucha culpa de su éxito la tuvo la elección de las protagonistas del corto, algunas de ellas impagables, que nos hicieron reír a mandíbula batiente gracias a su espontaneidad ante la cámara.

Desde Perú llegó "Sara", el primer cortometraje de ficción del Festifal, y el que a la postre se llevó el Premio del Público, que se otorgaba por primera vez esta edición. Su directora Ariana Andrade Castro denuncia la trata de mujeres, la mayoría niñas, que son secuestradas en zonas rurales y obligadas a prostituirse. Así que os podéis imaginar qué transporta, además de fruta, el camión del padre de Sara, la protagonista. Y si empezábamos con drama, la tónica general del resto del Festifal iba a ser de suspense y terror psicológico en la mayoría de obras restantes. Con la producción belga "Fagnes 1986", de Nicolas Monfort, nos adentramos en los terrores infantiles y en las relaciones fraternofiliales. Todo ello envuelto en una estética de blockbuster de serie B, con monstruo incluido, que recordaba peligrosamente al de "El laberinto del fauno".

Lo sobrenatural se mantiene en la leyenda de "María Enganxa", dirigida por Luis Ortas. Según esta terrorífica leyenda mallorquina, María Enganxa vive en los pozos y arrastra a los niños que se acercan demasiado al borde. En día de la matanza del cerdo, mientras toda la familia se afana en las morcillas y la preparación de los embutidos, María Enganxa volverá a hacer de las suyas y pasar un mal rato al público. El Festifal nos dio un respiro en el descanso de la tarde, un respiro y una opípara merienda de la que las personas asistentes dimos buena cuenta. ¡Qué bien cuidan de los espectadores las y los urreanas!

Teresa Sanz y Ana Sanz | Foto: Eva Gil

Tras el ágape regresamos al cine con ánimos renovados. El suspense daba paso a la homofobia en "Calcetines", de Miguel Ángel Olivares, Ana y Alejandra Beyron, que retrata una relación homosexual a escondidas en la España de los 90. Aunque la idea es buena, me pareció un corto desigual, con algunos momentos más logrados que otros. A continuación se proyectó "Entre mitgeres" de Andreu Oliva, un desencuentro generacional en el mundo rural entre un padre y un hijo, agravado además por la muerte de la madre. Quizás fue el cortometraje de ficción que mejor sabor de boca me dejó.

Y acabamos hablando en euskera por partida doble, primero con "Tito" de Javier Celay, en el que se hace hincapié en las personas con problemas mentales, un corto estremecedor e impactante, que además se llevó la Fal Dorada a mejor cortometraje de ficción del Festifal. Cerró el certamen el corto más corto del Festifal (valga la redundancia) "Ahozko tradizioa", donde su director Eneko Muruzabal nos demostró con ingenio que las canciones tradicionales que han perdurado hasta nuestros días no deberían perderse en estos tiempos de la inteligencia artificial.

El Festifal puso su broche de oro en la mañana del domingo. Primero con el festival invitado este año, que fue la Muestra Cinematográfica de Moyuela. Sus directores Roberto Sánchez y Antonia Bordonada hicieron un repaso de sus hasta ahora once ediciones. Jorge Asín, actor principal de "3.000 elefantes", cortometraje ganador en Moyuela y uno de los miembros del jurado del Festifal, presentó su corto que levantó las carcajadas del público. Después se proyectó el corto finalista "Retales", ganador de la edición del Desafío Buñuel 2024.

Javier Macipe y Pepe Lorente | Foto: Sonia Lanuzza

Como colofón, Javier Macipe y Pepe Lorente, o lo que es lo mismo "La estrella azul", nos ofrecieron algo más que un concierto. Nos enseñaron, nos hicieron cantar, incluso bailar a algunas atrevidas espectadoras, y sobre todo emocionarnos y reír al compás de sus chacareras y de sus historias, en ese eterno homenaje a Mauricio Aznar, que comenzó con la fenomenal película estrenada hace ya dos años, y continúa en forma de música con la banda La Estrella Azul Live.

Con la entrega de premios, y los agradecimientos de David Castillo en representación del Centro de Estudios del Bajo Martín, y Silvia Blasco, alcaldesa de Urrea de Gaén y los merecidos aplausos para Tere y Ana, las presentadoras, se cerró esta IX edición del Festifal. ¡Hasta dentro de dos años urreanas y urreanos!

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