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El eje ultra al asalto de Europa

La ultraderecha española se quiere subir al carro de la crisis para captar votos y llegar a Estrasburgo tras las elecciones europeas de 2014. Una parte importante de la extrema derecha se ha aliado en la plataforma denominada La España en Marcha y ahora se miran en el espejo griego y sobre todo en el...
| 25 junio, 2013 08.06

españa en marcha 2La ultraderecha española se quiere subir al carro de la crisis para captar votos y llegar a Estrasburgo tras las elecciones europeas de 2014. Una parte importante de la extrema derecha se ha aliado en la plataforma denominada La España en Marcha y ahora se miran en el espejo griego y sobre todo en el de Hungría, el país donde los partidos y grupos neofascistas están logrando un protagonismo que da miedo.

Mientras los partidos neofascistas de marcado tinte racista y xenófobo de toda Europa iniciaron hace una década la entrada progresiva en sus respectivos Parlamentos y en Estrasburgo, sus homólogos españoles llevan desde los tiempos de Blas Piñar pasando la mano por la pared. La atomización y el caudillismo reinante en la ultraderecha patria han hecho inviable hasta la fecha un proyecto común que movilice su potencial electorado.

Hoy, con la ultraderecha europea como referente –en especial el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego–, son otros quienes toman el relevo asumiendo sus postulados. La España en Marcha es la marca creada para unir a varias organizaciones lideradas por históricos falangistas, nostálgicos franquistas, neofascistas, neonazis y nacional-revolucionarios, con la intención de convertirse en una suerte de versión ibérica del Jobbik húngaro –ha obtenido casi el 17 por ciento de los votos– o del Amanecer Dorado griego, convencidos de que la crisis les sacará de la marginalidad institucional.

“No vamos a ganar nunca el poder por vía electoral. Sin embargo, sí creo que en una situación de crisis grave, si tenemos organizado el ejército de militantes para el momento oportuno, podremos ser una fuerza decisiva para alcanzar el poder o, como mínimo, tener una influencia política significativa”, asegura el abogado falangista Eduardo Arias, presidente del Nudo Patriota Español (NPe) y promotor de La España en Marcha  en una revista de su partido

Para Arias, el objetivo de esta alianza pasa por centrar su mensaje político apuntando directamente a los políticos, a la democracia, a la inmigración y la propia Unión Europea como culpables directos de la actual crisis. “Hace falta una banca nacional, hay que disciplinar la banca privada sana y hay que confiscar los bienes de los políticos, sindicalistas, banqueros, jueces y periodistas vinculados a las causas de la crisis y a la corrupción”.

Al proyecto se han unido Democracia Nacional (DN), Alianza Nacional (AN), La Falange, los nostálgicos franquistas del Movimiento Católico Español-AJE y las Juventudes de Canillejas-La Vieja Escuela.

Aspiran a ser cuartos

La cuestión que plantea este eje ultra es si serán capaces sus miembros de continuar unidos, ya que aunque su mensaje político no difiere prácticamente en nada del resto de las organizaciones del ramo –incluidas las que se han quedado fuera o que no han querido entrar– lo cierto es que desde su creación hace casi un año lo único que han hecho en común ha sido marchar juntos en al menos dos manifestaciones en Madrid. La primera fue el pasado 12 de octubre, día de la Hispanidad, y la segunda, un acto conjunto de homenaje a Franco el 20-N.

Aunque no lo expresan abiertamente, de los documentos de esta alianza se sobreentiende que las Europeas de 2014 son en esencia un ensayo para calibrar apoyos y potenciar su capacidad organizativa, poniendo el foco de atención en el intenso 2015. Ese año coincidirán las elecciones locales, autonómicas y generales, en un panorama, que si no se arregla, seguirá siendo de crisis galopante.

El entusiasmo ante los buenos resultados que ellos mismos se auguran y que el propio Eduardo Arias pronostica para su alianza le llevan a soñar un futuro de éxitos: «Creo que debíamos ser sin problemas y haciendo las cosas bien, la cuarta fuerza política de España a no mucha distancia de IU. Pero debemos serlo, no para ser la cuarta opción más votada, sino para disponer del mejor ejército de militantes».

El líder de Nudo Patriota Español afirma estar convencido de que “hay una porción de la población española, entre un 1 y un 5 ciento, que se identifica con lo que somos nosotros. Una porción de otro 20 por ciento más que simpatiza con nosotros. Al que al menos le caemos bien. Pero esa parte de la población no nos mira como una alternativa política seria por la escasez de nuestra fuerza y nuestra dispersión. Lo importante –dice Arias– es eliminar esa dispersión y lo paradójico es que ello bastará para irnos dotando de más fuerza. Esos son los elementos que con más constancia, paciencia y tiempo nos harán incorporar a ese 5 por ciento y a parte de ese otro 20 por ciento”.

El primer hándicap de La España en Marcha es abordar la figura del líder algo inherente a la idiosincrasia de la ultraderecha. Y de hecho, la elección del líder es el principal de sus problemas, aunque Arias lo niegue. “Y espero que nadie se empeñe en imponer su liderazgo a nadie. Otra cosa es que del magma que creemos entre todos podamos empezar a reconocer con el tiempo un liderazgo en alguien. Fabricar o imponer un líder acaba en ruptura”. Todos los intentos anteriores no llegaron a ningún puerto, sobre todo porque la renovación en las caras de la extrema derecha no se ha producido.

Ultras proscritos

En esencia, el resto de las organizaciones comparten objetivos ideológicos que pasan por la liquidación del sistema político vigente, la abolición de la monarquía borbónica, la liquidación del Estado de las autonomías, la expulsión de todos los inmigrantes para dar trabajo a los “auténticos españoles”…

La cuestión es que en La España en Marcha son todos los que están, pero no están todos los que son. En sus respectivas reflexiones los integrantes de la alianza ultra aseguran haber mantenido contactos con otras organizaciones afines del denominado entorno “social patriota y nacional revolucionario”, que no han fructificado. En unos casos no ha habido acuerdos y, en otros, directamente, los promotores de la enésima alianza ultra han evitado incluso sentarse juntos.

De las organizaciones con las que no han llegado a ningún acuerdo a priori está España 2000, liderada por el empresario de seguridad privada José Luis Roberto y la Plataforma por Catalunya (PxC) de José Anglada. La España en Marcha se niega a incorporar a su pacto al partido de Anglada por su “catalanismo”, aunque desde PxC aseguran que tampoco a ellos les agrada esta alianza, ya que dicen tener planes con una nueva marca impulsada desde Madrid, Partido por la Libertad (PxL).

Un pasado que pesa

El bagaje histórico de los líderes de las fuerzas del eje ultra español es especialmente singular. Desde Pedro Pablo Peña a Manuel Canduela, pasando por Alberto Ayala de Cantalicio. Las hemerotecas y los registros de antecedentes policiales y penales están llenos de referencias acerca de ellos.

El líder de Alianza Nacional, Pedro Pablo Peña, cumplió una condena de tres años y seis meses de prisión junto a otros tres camaradas de partido por intento de atentado contra familiares de presos de la organización terrorista ETA. Recientemente Pedro Pablo Peña, en su faceta de abogado, ha defendido a dos de los cuatro neonazis que en Madrid dieron una brutal paliza en 2009 a un indigente por el simple hecho de serlo, dejándole graves secuelas cerebrales que le afectarán de por vida al habla y la vista. En aquel juicio celebrado en Madrid en abril pasado todos resultaron absueltos en cuanto a penas privativas de libertad, salvo un ultra ucraniano condenado a diez años de prisión.

Entre las últimas perlas de Pedro Pablo Peña cabe destacar una que pasó desapercibida cuando dijo en un acto de campaña en Málaga en 2011 que “el rey merecería ser conducido al patíbulo por traidor”. Acusó al jefe del Estado de ser “el primer responsable de algunos de los males que [a su juicio] sufre el Estado español. Ha desmantelado el ejército, firmó los estatutitos de autonomía y la amnistía a presos de ETA en 1976; avaló las negociaciones con ETA tras el atentado de la T-4 y cometió perjurio al faltar a su juramento de lealtad a los principios del Movimiento el mismo día que el hombre llegó a la Luna”.

Todos los líderes de la ultraderecha española guardan lazos muy intensos con lo más granado de la ultraderecha europea. Una ultraderecha que como común denominador sitúa a la inmigración –según dicen– como el principal causante de los problemas básicos que afectan gravemente a la estabilidad social y económica de la UE. Esta ultraderecha europea, que al tiempo es eurofóbica –tanto en su rechazo a la moneda común como a la propia institución–, propone soluciones al “problema” que va en función de su propio criterio político y radicalización. Las organizaciones que han tenido un comportamiento más radical y violento– el Jobbik húngaro y su Guardia Magiar, el Ataka de Bulgaria o el Amanecer Dorado griego– han obtenido mejores resultados que aquellos que afrontan esta situación desde conductas agresivas pero con menos carga violenta, como el Frente Nacional francés de Marine Le Pen. Así el Jobbik tiene 44 diputados en su Parlamento desde 2010; el Ataka búlgaro tiene 23 en 2013 y Amanecer Dorado logró 18 escaños en 2012.

Canduela y Gabor Vona

Por esta razón la ultraderecha española ha puesto sus miras en estas tres organizaciones, incluso antes de obtener estos resultados, y por ello, a pesar de las alianzas creadas de cara al futuro, se observa que partidos enfrentados en el Estado español comparten alianzas con otros afines europeos. Por ejemplo, el neofascista Movimiento Social Republicano (MSR) de Juan Antonio Llopart es socio de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales (AEMN), junto al BNP inglés y el Jobbik húngaro, pero es Democracia Nacional, aliada en La España en Marcha, quien no se pierde una fiesta con los húngaros y los ingleses desde 2006.

El partido que más relaciones internacionales mantiene sin duda es Democracia Nacional. Su líder es Manuel Canduela, histórico del grupo violento Acción Radical de finales de la década de los 80 y mediados de los 90. Canduela mantiene estrechos lazos con las organizaciones neonazis europeas más activas, como el Jobbik húngaro y el Amanecer Dorado griego, con cuyos líderes se ha reunido y fotografiado en varias ocasiones.

Pero sin duda es con su amigo Gabor Vona, líder del Jobbik, la tercera fuerza política de Hungría, con quien el líder de Democracia Nacional guarda mejor relación hoy. Desde 2009, DN participa en el llamado festival de verano Magiar Sziget en Isla Magyar, en Budapest, que organiza el movimiento ultra HVIM (Movimiento Juvenil de los 64 condados). Este festival de movimientos nacionalistas de Hungría se ha convertido en lugar de encuentro anual para neofascistas de todo el mundo. La seguridad del evento corre a cargo de la temida Magyar Garda o Guardia Húngara, que aterroriza la población gitana desde hace años.

En esa misma fiesta, en 2011, a la que también asistió una delegación de Democracia Nacional, el diario inglés The Sun cazó ebrio a Chris Hurst, secretario general del BNP en Londres, que brazo en alto gritaba «Heil Hitler» en un homenaje que aquella jornada se dedicó a Anders Breivik, el asesino de la isla de Utoya (Noruega), a quien los neonazis de todo el mundo consideran un héroe.

En cuanto al partido Alianza Nacional, el pasado 9 de febrero una delegación encabezada por su dirigente sevillano Alejandro Maqueda acudía a Budapest para participar en el Día del Honor que cada año los neonazis celebran con motivo del intento de huida de las tropas alemanas y húngaras el 11 de febrero de 1945 durante el cerco de las tropas rusas en la Segunda Guerra Mundial.

[Joan Cantarero es periodista y escritor. Director de la agencia de investigación periodística AIP]

25 junio, 2013

Autor/Autora

Joan Cantarero es periodista y escritor. Director de la Agencia de Internacional de Prensa (AIP). Colaborador de AraInfo. @JoanCantarero


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