El edificio Skyline 2020, un mastodonte en la ribera del Ebro

La jornada organizada por el grupo de estudio Geoforo y las vecinales de L'Almozara, trataron de arrojar algo de luz sobre dos problemas que afectan al barrio, las inundaciones y la contaminación de suelos, así como las afecciones que la construcción proyectada, en la última parcela urbanizable en la ribera del Ebro, puede tener sobre las mismas

Recreación del edificio Skyline 2020. Ebrosa.

El zaragozano Barrio de L'Almozara, popularmente conocido como “La Química”, sufre habitualmente las crecidas del río Ebro. Debido a su cercanía con el cauce, sus vecinos y vecinas han aprendido a convivir con la inundación de garajes, zonas deportivas y colegios situados en la parte más baja del nivel freático.

La ciudad de Zaragoza se asienta sobre un acuífero aluvial de grandes dimensiones, lo que en caso de grandes avenidas provoca que se inunden incluso zonas alejadas en cientos de metros del cauce del río, algo que en muchas viviendas en ambas márgenes del Ebro comprueban periódicamente con la inundación de solares, garajes y fosos de ascensor.

L'Almozara convive también con los residuos vertidos por la Industrial Química de Zaragoza desde hace décadas. El suelo de este barrio permanece contaminado en varias zonas por metales como arsénico, antimonio, cadmio, mercurio, selenio y zinc, fruto de los residuos originados por la planta de producción de ácidos y abonos que durante casi un siglo operó en el barrio, lo que le otorgó la popular denominación de “La Química”, hasta el cese de la actividad en 1979.

A las características de contaminación de suelos generadas por la explotación química en el barrio, y las compartidas con el resto de la ciudad, que obligan a convivir encima de un acuífero que en determinados puntos llega a los 80 metros de profundidad, L'Almozara se enfrenta ahora a la construcción de una torre de 19 alturas, más cuatro sótanos, que modificará el skyline de la ciudad, pero también plantea serias dificultades en su construcción para no agravar la vulnerabilidad del barrio con respecto a las crecidas del río o una posible expansión de materiales contaminados, localizados en el subsuelo.

Problemas en el barrio de “La Química”

Imagen de la mesa redonda organizada por el Geoforo y las vecinales del barrio de La Almozara.
Imagen de la mesa redonda organizada por el Geoforo y las vecinales del barrio de L'Almozara.

Una mesa redonda, organizada por el Geoforo, así como por las dos vecinales de la zona, AV Aljafería y AV Ebro, contando con la participación del Gerente de Urbanismo de Zaragoza, Miguel Ángel Abadía, así como del jefe del Área de Calidad de las Aguas de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), Javier San Román, trataba de arrojar luz sobre los residuos de contaminación en el subsuelo, las crecidas del río y lo que para los vecinos es un nuevo problema que puede afectar a los dos anteriores, la construcción del edificio junto al puente de L'Almozara.

Sobre la primera cuestión, relativa a los suelos contaminados por metales, las conclusiones parecían estar relativamente claras entre los ponentes. Las tierras contaminadas están repartidas por todo el barrio, y pese a que algunas zonas están localizadas, su presencia en el subsuelo no supone ninguna afección a los vecinos y vecinas del barrio. Eso sí, la movilización de tierras en la construcción del Skyline 2020 podría obligar a trasportar estos residuos a un lugar más seguro, como ya se realizó tras la construcción del Centro Comercial Augusta, sobre los suelos de la extinta fábrica de baterías Tudor.

El representante de la CHE, Javier San Román, advertía que existe un estudio con respecto a los suelos contaminados, realizado a partir de la construcción del parking sur de la Expo, construido sobre este tipo de suelos, que en sus conclusiones advierte que “se debe andar con cuidado siempre que se actúe sobre los suelos del barrio de ‘La Química’”.

En este sentido, el acuífero aluvial de Zaragoza tiene una importante labor contra la contaminación. Las propias riadas generan que estas tierras se disuelvan y sean devueltas al río lentamente por el acuífero, en unos niveles de PH poco agresivos. Javier Ramajo, doctor en Geología de la Universidad de Zaragoza, advertía que “el flujo de aguas del acuífero es generalmente hacia el Ebro”, lo que posibilitaría este “efecto lavado” en el que ahondaba San Román y en la “atenuación del efecto contaminante” advertida por otro de los ponentes, Manuel Arce, también geólogo.

En cuanto a la convivencia con el río fue el geólogo Carlos Revuelto quien puso la mayor claridad con respecto a la misma. Las inundaciones son un “riesgo conocido” y un “fenómeno natural” asociado a la dinámica del río, y no solo eso sino que además es beneficioso para las personas, pues “recarga los acuíferos, fertiliza las tierras y limpian los cauces”.

Sin embargo, la especie humana ha convivido y se ha agrupado siempre en torno a las masas de agua dulce no con demasiadas precacuciones, lo que en ocasiones provoca problemas de convivencia con los ríos. Para contrarrestar estos riesgos, el Reglamento de Dominio Público Hidráulico determina unas zonas en torno al cauce de los ríos que obligan a no construir a una determinada distancia. Así se denomina cauce a la lámina en una crecida máxima ordinaria, una zona de servidumbre de cinco metros a cada lado del cauce y una zona policía de 100 metros a cada lado, donde se deben extremar las precauciones constructivas, algo que afecta a la futura construcción de la torre junto al puente de L'Almozara.

El edificio Skyline 2020

Miguel Ángel Abadía, Gerente de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza.
Miguel Ángel Abadía, Gerente de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza.

Tanto las crecidas como las tierras contaminadas suponen dos problemas para los y las vecinas del barrio de L'Almozara. Sin embargo, la construcción de un gran edificio en la última parcela edificable junto al río, en la ciudad de Zaragoza, supone un nuevo malestar entre el vecindario, pues puede modificar estéticamente el barrio, pero también el comportamiento del acuífero y la ahora supuestamente inofensiva presencia de la contaminación en el subsuelo.

Una de las primeras críticas hacia la construcción del edificio atañe a la denominada zona policía con respecto al cauce del mismo, pues algunos metros cuadrados de la torre ocuparían esta zona. Al respecto, Javier San Román, aseguraba que el edificio no se construye en esta zona, y que, en todo caso, era una “parte muy pequeña” la que ocupaba de la misma, algo debatido con vehemencia por el vecindario.

Aun así, de realizarse, la construcción no estaría exenta de problemas. Obligará a edificar mediante una excavación con pantallas, así como al bombeo continuo de aguas, hasta que no se alcance la segunda altura superficial, sumando a ellas las cuatro plantas de sótanos previstas. En este sentido Juan Ignacio Bartolomé, geólogo acostumbrado a asesorar en este tipo de obras, advertía que por obligación la obra deberá acometerse con pantallas y bombeos, “las pantallas deberán estar ancladas por debajo de los edificios colindantes”, advirtiendo que “contra mayor se la profundidad de empotramiento de las mismas, más seguro es el proceso de construcción pero también más elevados los costes”. Un sobrecoste que no suele gustar a las empresas constructoras, acostumbradas al abaratamiento de los mismos.

El obligado bombeo también supone un riesgo de contaminación, pues evidentemente las aguas bombeadas pueden contener algunos de esos metales olvidados en el subsuelo del barrio. En este sentido, el Gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Abadía, aseguraba que se extremarán las precauciones durante las excavaciones.

Quizá fue Abadía el más interpelado por los y las vecinas presentes en la mesa redonda. Criticado por los cambios del Plan General de Ordenación Úrbana (PGOU) con respecto a esta parcela, que ha modificado las alturas permitidas para la construcción de las nueve alturas iniciales, a las 14 en pleno proceso Expo y hasta las 20 alturas en 2016. Una situación que muchas de las personas presentes no lograban entender.

Otra de las críticas que el Gerente de Urbanismo hubo de responder hacían referencia también a la “utilidad pública” de la obra, algo que desde las vecinales aseguraban estaba relacionado con la cantidad de alturas del proyecto de la empresa constructora Ebro S.A., Edificio Skyline 2020.

Abadía, letrado, no supo sino interceder por el cumplimiento de la legalidad y responder a las críticas asegurando que la administración trabajará por que la torre se realice bajo “condiciones constructivas que garanticen la seguridad, hacia dentro y hacia afuera del edificio”, asegurando que si el edificio cumple las normas, él como funcionario poco puede hacer, y que son únicamente decisiones políticas las que pueden interceder por la no construcción del Skyline 2020, como demandan las vecinales.

Sin entrar en el debate de la belleza, fealdad, o singularidad de dicho edificio, sobre el que ya son muchas las voces críticas acumuladas, la realidad es que su construcción puede suponer nuevos riesgos, en contaminación e inundaciones, al barrio de L'Almozara, y que las protestas vecinales tan solo tienen un interlocutor posible, el Consejero de Urbanismo y Sostenibilidad, Pablo Muñoz, que deberá plantearse si este modelo de ciudad, heredero de la Expo 2008, sigue siendo el del Ayuntamiento de Zaragoza, atendiendo a que el PGOU así lo permite, o es posible cambiar los reglamentos en búsqueda de una ciudad más amable en lo urbanístico.

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