Apenas unos segundos tardó la selección del trébol en pisar la veintidós contraria del Soldier Field de Chicago. Tan solo tres minutos tardaba Johnny Sexton en poner por delante en el marcador a la escuadra irlandesa, que lo vivía con tranquilidad, como si fuera un espejismo. Una sensación que se acrecentó tras el ensayo de Moala un minuto después de la transformación irlandesa.
Nueva Zelanda acaparaba una racha de 18 victorias seguidas y un dominio a nivel internacional que a día de hoy la hace, no invencible como demostró Irlanda, pero sí la mejor selección de rugby del planeta. Sin embargo, la máquina allblack saltó a medio gas al terreno de juego en Chicago, mientras que el quince del trébol, se convertía en un bloque disciplinado y comprometido, del que pocos errores se pueden contar durante los cuarenta primeros minutos.
Irlanda jugó sencillo con el balón y todavía más sencillo sin él. Olvidó la pelea en los rucks, para desempeñarse con energía en la ayuda en el placaje. Donde un All Black trataba de atravesar la línea defensiva verde, en ese mismo punto, había al menos dos irlandeses. Las ayudas en el placaje y no disputar el balón del contrario en el suelo, consiguieron que quien comenzara a cometer los errores fuera Nueva Zelanda.
Con un saque de lateral que rozó la perfección durante los 80 minutos, Irlanda obligó a los All Blacks a defender peligrosos maul. A raíz de uno llegaría el primer ensayo verde. Murray y Sexton movían con habilidad las manijas, a la mano y al pie. Mientras, la maquinaria allblack se paraba durante casi veinte minutos. En ese espacio de tiempo, Irlanda visitó la veintidós contraria en varias ocasiones. En la salida de un ruck a un metro de la línea de marca, Murphy apoyaría el segundo ensayo irlandés. Murray conseguiría el tercero tras aprovechar un fallo defensivo infantil en las filas neozelandesas.
Corría el minuto 33. Apenas media hora después de la primera transformación de Sexton, que la totalidad del estadio celebro casi como un triunfo. Desde ese momento todo había cambiado. La sorpresa acababa de dar paso a la fe. El quince irlandés creía ya en su victoria y continuaba aplicado en labores defensivas. El descanso llegaba con un espectacular 25-8 para los del trébol.
Tras la reanudación los All Blacks apretaron. Se metieron en la 22 irlandesa, pero de nuevo el desempeño en defensa y el juego al pie sacaría del acoso al quince irlandés, pasando a acosar la línea de ensayo rival. De nuevo un maul ponía en aprietos a Nueva Zelanda. Nueve jugadores trataron de defenderlo, hasta que caía al suelo, momento en el que Murray abriría el balón al cerrado para que Sexton asistiera a Zebo, que colocaba el 30-8 en el marcador.
Al quince allblack le tocaba trabajar. Se puso el traje de faena, pero la escuadra del trébol no estaba dispuesta a bajarse de la nube en la que su disciplina le había subido. Nueva Zelanda se empezaba a mostrar como al peligrosa selección que es. Tres minutos después ensayaba bajo palos, gracias a un offload a dentro y tras haber llevado el balón de lado a lado, en apenas tres fases. En el 55 volvía a apoyar el balón en ensayo irlandés. 30-22 en el marcador. 25 minutos por disputarse.
A partir de ese momento los All Blacks mostrarían su mejor cara. Diez minutos de verdadero dominio, en los que su agresividad crecía por momentos. Mientras la selección irlandesa perdía metros tras cada embestida. En torno al minuto 63 Nueva Zelanda ensayaría de nuevo y las sonrisas volvían a los rostros de sus jugadores. 33-29 y quince minutos por delante. Todo un mundo en el que el torbellino allblack es capaz de hacer decenas de puntos.
Irlanda mantuvo la calma y volvió a aplicar el plan de inicio de partido. En ataque juego fácil, pocos pases, muchos apoyos e invasión del campo rival con el juego al pie. En defensa ayudas en el placaje y evitar la pelea en los rucks del contrario. El partido volvía a empezar.
El tiempo se consumía a la misma velocidad que la paciencia neozelandesa, y pese a mantenerse tan solo tres puntos arriba, la fe irlandesa crecía, hasta hacerse inquebrantable. Un único objetivo, romper el maleficio, que acabara con 111 años de victorias neozelandesas. 28 concretamente.
Un placaje soberbio provoca el adelantado allblack. Una melé dominada por Irlanda, genial en las fases de conquista durante todo el encuentro. Un balón que se mueve hasta el ala. Zebo que lo patea en la línea medular hasta la veintidós contraria. Ocho jugadores irlandeses llegarían a la presión de la patada a falta de 6 minutos para el final del partido, introduciendo en su zona de ensayo a Savea, lo que provoca una nueva melé. De nuevo Irlanda en la veintidós contraria. Melé dominada, salida de ocho y cruz con Henshaw que plantaba el oval en la zona de ensayo allblack.
Tras la transformación todos sabían que Irlanda ganaría el partido. A Nueva Zelanda le restaban tres minutos para ensayar dos veces, y transformar al menos una. Pero ya habían bajado los brazos. En la reanudación Irlanda volvería a encerrar a los All Blacks en su campo, para terminar el partido allí.
La victoria es histórica por ser la primera de Irlanda frente a Nueva Zelanda. También por acabar con la racha de 18 victorias allblack consecutivas. Pero sobre todo porque supone el triunfo de la sencillez. Del juego fácil, de la inteligencia colectiva, del esfuerzo y del compromiso en cada placaje. La defensa irlandesa consiguió convertirse en un tupido bosque, entre el que casi no había senderos hacia la gloria del ensayo. Y aún así, el mejor equipo del mundo se coló tres veces.
En dos semanas los All Blacks tendrán su oportunidad de revancha, pero esta vez, el quince del trébol jugará en casa.

