El Aragón rural ha vuelto a hacerse oír. Este martes, 31 de marzo, a las 12:00 horas, el repique de campanas en numerosos pueblos ha marcado el inicio de una jornada de movilización para denunciar que los territorios están siendo convertidos en “tierra de sacrificio para la especulación financiera”. Siete años después de la histórica manifestación de 2019 en Madrid —que reunió a más de 100.000 personas y situó el reto demográfico en el centro del debate estatal—, la “Revuelta de la España Vaciada” sigue activa.
Bajo el lema “Defendamos el territorio. Nuestros pueblos, espacios de oportunidades”, las concentraciones se han repetido en distintos puntos del territorio. Además de la movilización en Teruel, donde la plaza de la Catedral ha reunido a más de un centenar de personas, se han registrado concentraciones en localidades del sur aragonés como Camarillas, Alcorisa, Bueña, Torre del Compte, Fuentes de Rubielos, Alfambra y Odón, evidenciando una respuesta extendida en el medio rural aragonés.
En Teruel, representantes del movimiento han insistido en que el medio rural “no es un lugar a expoliar”, sino un espacio con potencial para sostener vida, economía y futuro.

Durante la concentración se ha leído un manifiesto que advierte de una “avalancha de proyectos” que amenazan la supervivencia del territorio. Entre ellos, los colectivos han señalado la expansión de megaproyectos energéticos impulsados por fondos de inversión, plantas de biogás y biometano, macrogranjas o iniciativas extractivistas que, lejos de fijar población, “favorecen el expolio y aceleran la despoblación”. También han denunciado lo que califican como “colonialismo de datos”, en referencia a infraestructuras energéticas destinadas a alimentar centros tecnológicos en otras zonas.
El portavoz vecinal Pepe Polo ha subrayado que los territorios rurales siguen movilizados para trasladar a la sociedad y a las instituciones un mensaje claro: “Son espacios de oportunidades, no territorios de sacrificio”. En esa línea, el manifiesto ha reclamado políticas públicas que garanticen servicios básicos, apoyen a nuevos pobladores y refuercen modelos de agricultura y ganadería sostenibles, frente a un modelo que califican de “urbano-consumista”.
Lejos de un discurso victimista, la jornada ha querido poner el foco en el potencial del mundo rural. Las organizaciones han defendido su papel en la transición ecológica, la soberanía alimentaria y la cohesión territorial, insistiendo en la necesidad de un relevo generacional que permita mantener la actividad económica y social en los pueblos.
Siete años después de aquella movilización masiva que marcó un antes y un después, el Aragón vaciado vuelve a recordar que la lucha sigue abierta. “Que nadie decida por nosotros sin nosotros”, han reiterado, en una jornada que ha vuelto a conectar campanarios y plazas para señalar que los pueblos siguen vivos y organizados frente a un modelo que amenaza su futuro.

