#26J  Movimientos

El 26J no votes machismo

No se puede intentar acabar con la violencia machista haciendo campañas institucionales cada 25 de noviembre y que al mismo tiempo el presidente de tu país diga que "por muy duras que sean las discusiones en casa nunca se pueden romper los lazos que nos unen" como hizo Rajoy el Día Internacional de la Familia
| 12 junio, 2016 09.06

Está demasiado extendida y reforzada –interesadamente– una idea errónea de lo que significa el feminismo. Abunda la concepción de que machismo y feminismo son opuestos cuando en realidad el feminismo ha luchado y lucha por acabar con la desigualdad (de género pero no sólo).

La actual configuración conceptual de la política bebe, aunque reniegue, también de las luchas feministas. Si no, seguiríamos hablando de derechos del hombre en lugar de derechos humanos o seguiríamos entendiendo el sufragio universal como el sufragio masculino.

No Votes Machismo nació en la campaña de las anteriores elecciones del 20 de diciembre para señalar las propuestas, actitudes y comentarios machistas de los partidos políticos que concurrían para gobernar el país.

Entonces nos dedicamos a ponerlos en evidencia, haciendo principalmente una labor de hemeroteca, porque teníamos la sensación de que sobre las mujeres y sujetos no binarios y nuestros cuerpos podía decirse absolutamente cualquier cosa sin que ello tuviera la más mínima repercusión ni castigo en las urnas.

Y es que nos hemos acostumbrado a minimizar las consecuencias de este tipo de acciones, a considerarlas secundarias o de menor importancia porque siempre, siempre, siempre hay temas más importantes. Ésta ha sido la tónica hasta ahora. Pero nosotras sabemos muy bien que no es así, que estas actitudes y discursos contribuyen a perpetuar estereotipos que están en la base de la desigualdad.

novotesmachismo

Esta iniciativa, sumada a otras de los movimientos feministas, tuvo su efecto y presionó a los partidos y a sus líderes a modificar sus estilos discursivos y a incluir estas temáticas en las comunicaciones electorales (mítines, debates, entrevistas…).

Además consiguió desenmascarar a algunas formaciones como Ciudadanos, que finalmente obtuvo menos votos de los que vaticinaban las encuestas. Este mismo partido reconoció que la polémica sobre la violencia machista lastró su campaña.

En esta nueva vuelta, nuestro objetivo, quizá un poco más ambicioso, es instar a los partidos que en determinados ámbitos se autodenominan feministas a que lo hagan sin miedo y sin tapujos y que transversalicen este discurso.

Tan disparatado como decir «universal» de un sufragio que sólo incluyera a varones es intentar acabar con la desigualdad sin feminismo, por eso hemos escogido esta idea para lanzar nuestro desafío.

Porque sabemos que el humor es clave para cambiar las cosas, porque tenemos ganas de pasarlo bien y porque de paso, con esta acción, podemos desmontar otro tópico como el de que las feministas estamos siempre enfadadas.

En la campaña nos hemos encontrado con algunas dificultades principalmente derivadas de que pueda interpretarse mal nuestra posición.

Por un lado elegimos lanzar la acción hablando de «acabar con la desigualdad» en lugar de «conseguir la igualdad» porque aunque sin duda éste es el objetivo general de los feminismos también es un término con connotaciones especiales para los mismos pues es el término clave para una de sus corrientes, el feminismo de la igualdad, con el que algunas de nosotras no estamos del todo de acuerdo. Y es que feminismos hay muchos.

Pero también elegimos hablar de desigualdad porque es uno de esos términos que la política institucional ha utilizado de tal manera que prácticamente ha vaciado de significado y lo usan los líderes de uno u otro signo. La desigualdad es consecuencia innegable del pensamiento de derechas que huye de lo común y lo social y defiende el privilegio y el individualismo.

No pedimos el voto específicamente a ningún partido, aunque pueda intuirse hacia dónde se dirige el nuestro, porque no somos una plataforma partidista y porque, al igual que reivindicamos la diversidad de los feminismos, lo hacemos de las corrientes ideológicas que atraviesan a las formaciones que concurren.

Ahora bien, creemos que es importante que dichas formaciones sepan que nuestro voto no es inamovible y que cuestiones como las que señalamos pueden condicionar finalmente a qué cómputo de votos vaya.

Sabemos de las luchas internas que muchas compañeras feministas tienen que batallar en el seno de sus partidos, habiendo hasta una expresión para hablar de este fenómeno como es el de la doble militancia. Nuestro mensaje no va dirigido a ellas, reconocemos y valoramos esa labor, pero sí a sus partidos que consideramos ningunean su arduo trabajo.

No es de recibo que un partido como el PSOE impulsor años atrás de medidas reivindicadas por los movimientos feministas y de cuyos logros está satisfecho, en un momento crucial como el actual, en el que las desigualdades han crecido hasta situarnos como el segundo país con mayor desigualdad social de la Unión Europea por detrás de Letonia –desigualdad que, no olvidemos, afecta en mayor medida a las mujeres (el porcentaje de mujeres que cobran menos de mil euros al mes supone el doble que el de los hombres)– no dude en pactar con un partido como Ciudadanos que apuesta por retroceder en los logros alcanzados en materia de derechos de ciudadanía de las mujeres.

Como decimos, queremos que el feminismo se transversalice a la política. Vale ya de tener a las comisiones de mujeres en los partidos exclusivamente para tratar «problemas de mujeres» como si no fueran de interés general. Nos interesa la economía, la política exterior y todos y cada uno de los ámbitos de los que trata la política. Porque, como dijera Carol Hanisch, «lo personal es político».

Estamos vigilantes.

Artículo publicado en Diagonal.
12 junio, 2016

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