Que Aragón es una Comunidad histórica nadie lo pone en duda, que por nuestros pueblos y ciudades pasaron desde celtas hasta árabes dejando innumerables edificaciones que posteriormente fueron incorporando otros estilos, es indudable.
Sin embargo, toda esta arquitectura vernácula está desapareciendo, ya por ruina, ya por especulación, ante la inmovilidad de las autoridades competentes. A este hecho no ayuda el concepto oficial ya rebasado y decimonónico de la monumentalidad, concepto que invisibiliza el 95% de toda la arquitectura de nuestros Cascos Históricos y que estamos perdiendo a manos llenas en los últimos decenios con la complicidad de nuestros ayuntamientos y diputaciones provinciales que sólo tienen fondos para los bienes de la iglesia y excepciones monumentales, políticas que colisionan frontalmente con las directivas y convenios europeos que son de obligado cumplimiento.
Mientras estas excepciones monumentales son financiadas con dinero público, a través de fundaciones y otros requiebros que eluden el control ciudadano, sus alrededores languidecen y desaparecen irremediablemente y donde antes estaba la cuna y la esencia de nuestros pueblos ahora sólo van quedando ruinas, haciendo que los pocos vecinos que todavía resistían (bichos en su argot) tengan que abandonar estos espacios tradicionales por la falta de servicios y movilidad.
En los últimos tiempos estamos asistiendo esperanzados a la creación de Plataformas ciudadanas volcadas en la salvación de estas zonas, ciudadanas y ciudadanos que han unido sus fuerzas y reclaman la necesidad de actuaciones urgentes que salven nuestra cultura urbana y nuestras señas de identidad, poniendo de manifiesto la problemática existente común a muchas de nuestras ciudades como Fraga, Tarazona o Calatayud, gentes que se niegan a que sus orígenes desaparezcan y que piden que las antiguas calles de sus pueblos vuelvan a tener vida y a ser vividas.
Sólo esperamos que sus voces lleguen a los políticos, éstos tomen conciencia de la situación límite a la que nos enfrentamos y se pongan manos a la obra en un momento en el que si bien es complicado, sabemos que van a llegar importantes fondos de Europa para empezar a enmendarla. Esta vez no podemos volver a repetir los mismos errores.





