Zaragozano según la RAE: adj. Perteneciente o relativo a Zaragoza o a los zaragozanos. En definitiva ciudadanos y ciudadanas con deberes y derechos que compartimos un territorio común, una cultura. Cabría preguntarnos si también tenemos derecho a la felicidad.
Podría parecer una utopía eso de experimentar momentos de satisfacción y felicidad cuyo origen sea el entorno, el espacio público. Este podría decirse que es como el jardín de nuestra casa o de la comunidad de vecinos donde vivimos, donde las decisiones se toman en conjunto y en acuerdo al sentido común y el bienestar colectivo.
Divagaba sobre estas cuestiones extrañas cuando me di de bruces con una marquesina, en nuestra querida Zaragoza, que atentaba contra ese espacio público, el sentido común y el deseo de felicidad.
Se leían palabras palabras como:
“... abortarios” que solo se define en el Diccionario histórico de la lengua española (1960-1996) como: Abortador, perjuras, blasfemas, ladronas, hechiceras, abortarias, adúlteras, incestuosas.
“Este mensaje podría ser cancelado por la inminente reforma de la Ley del Aborto". Señala una supuesta inminente reforma cuando la La ley que entró en vigor el 5 de julio de 2010 despenaliza su práctica.
Mi deseo de felicidad empezaba a difuminarse en un mensaje interesado y mezquino que confundía religión con legislación, que claramente buscaba crear un entorno hostil atentando contra la vulnerabilidad de todas y todos justamente cuando la salud mental está más debilitada que nunca.
La felicidad no se mide, ni se puede proponer en un programa electoral, es efímera y a veces imperceptible pero nadie puede arrebatarnos el derecho a desearla y procurar hacer que sea posible.
Está en manos de los gobiernos promover en todos los niveles de la enseñanza y en todas las edades el aprendizaje de la filosofía. Dice el profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Fernández Liria: “Porque somos libres queremos ciudadanos no esclavos del mercado, queremos ciudadanos, no emprendedores, ciudadanos no átomos mercantiles”.
Lo que vemos a diario en una marquesina, en la exaltación de valores que no son de interés público, está muy lejos de querer ciudadanas y ciudadanos informados, libres, felices.


