En defensa del Seminario de Investigación para la Paz y en contra de Vox

Aún me encuentro incrédulo, sobrecogido, abrumado, indignado, escandalizado por la argumentación del portavoz de Vox en el debate de presupuestos del Gobierno de Aragón en contra de la subvención al Seminario de Investigación para la Paz. Que alguien en su sano juicio, en un parlamento, que se caracteriza por el uso de la palabra, ponga en cuestión la labor que desde hace 25 años lleva a cabo el SIP en favor de la Paz es indignante, inconcebible, injusto, al tiempo que vejatorio para quien la pone en cuestión. Esta institución ha puesto a nuestra ciudad en primer plano de las …

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Símbolo de la Paz en la Plaza del Pilar. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Aún me encuentro incrédulo, sobrecogido, abrumado, indignado, escandalizado por la argumentación del portavoz de Vox en el debate de presupuestos del Gobierno de Aragón en contra de la subvención al Seminario de Investigación para la Paz. Que alguien en su sano juicio, en un parlamento, que se caracteriza por el uso de la palabra, ponga en cuestión la labor que desde hace 25 años lleva a cabo el SIP en favor de la Paz es indignante, inconcebible, injusto, al tiempo que vejatorio para quien la pone en cuestión.

Esta institución ha puesto a nuestra ciudad en primer plano de las ciudades por la paz. Nos ha dejado claro en su cuarto de siglo de existencia que las guerras vienen del desconocimiento, de la intolerancia, de la incomprensión, del fanatismo, del sectarismo. Que el conocimiento del otro, la formación en valores, el acercamiento a la realidad dan vida al lema de la UNESCO, "Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, hagamos de la mente de los hombres baluartes de la paz". Su labor ha sido reconocida a todos los niveles, desde el local, al internacional y es un referente en Educación para la Paz.

Las indignas palabras del portavoz de Vox, aparte de dejar clara la catadura moral de quien las pronuncia, ponen en cuestión las enseñanzas de la historia que muestran que las guerras ahondan las diferencias; que ninguna guerra se ha solucionado en el campo de batalla; que las víctimas, - muertas, heridas, mutiladas, violadas. desplazadas, refugiadas-, siempre las ponen los grupos de población más vulnerables (mujeres, infancia, ancianos); y que, al final, no queda otra solución que sentarse a una mesa y encontrar una salida dialogada sin vencedores ni vencidos.

Poner en cuestión estos hechos es una muestra de desconocimiento e incultura. Poner en cuestión la palabra y el diálogo frente a las violencias y las guerras, no se puede considerar más que un exabrupto que demuestra desconocimiento y mala fe. Un gruñido que nos hace reflexionar sobre que hemos hecho mal para que aún haya en nuestra sociedad qUien abogue por la violencia, el enfrentamiento; una carga de profundidad contra la convivencia, el entendimiento y el diálogo.

Lo contrario de la paz es la guerra; lo contrario de la empatía, la intolerancia; lo contrario del diálogo, hacer oídos sordos a las razones del otro; lo contrario al entendimiento, la incomprensión. ¿De qué lado estamos?

Si el Seminario de Investigación para la Paz lo considera el portavoz de Vox un chiringuito del “buenismo infantil”, ¿el ejército es un “chiringuito” del malismo adulto?

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