¡Que no decaiga! El desahucio de Maricarmen, la ciudadana de Madrid de 87 años, se llevó a cabo el día 24 de este mes tras varios intentos. Desahucio. Palabra amable, pronunciada con la suavidad que aportan algunas sílabas como “sa”, que no contienen fonemas duros, hirientes, como sí los albergan palabras como arrancar, imponer, desgarrador, horror, prevalecer, maltratar. Lo de ayer, como en otros tantos desahucios, fue desgarrador. Y lo fue por el maltrato que supuso arrancar a una ciudadana muy mayor, con una minusvalía del 50%, que ha vivido en la incertidumbre y con la rabia que supone una petición de desahucio. Arrancarla de su hábitat de años y dejarla en ninguna parte, obligarla a abandonar su entorno vital utilizando la fuerza, haciéndole vivir algo horrible. Pensando en lo sucedido, no sé porqué me viene a la cabeza lo que me contaba mi abuelo. Al finalizar la guerra de 1936, fruto de un golpe militar, vinieron los años del hambre. Recurrió a la caza furtiva, cazando lo que podía y por todos los medios. Había que comer. Tenía hurones para cazar conejos en sus madrigueras. El procedimiento era sencillo. Se localizaba la entrada principal y las salidas de huida de la madriguera que se solían tapar con redes. Se introducía el hurón en silencio y este hacía que los conejos salieran, a veces seguidos por las crías. Luego el hurón era recompensado por su trabajo. No hubiera imaginado mi abuelo que un día a la gente, incluso a los más mayores, se les sacaría de sus casas como a los conejos de sus madrigueras.
A veces las palabras suavizan la cruda realidad, una realidad que se va preparando, a la que nos aboca irremisiblemente “el imperio de la ley”. Una ley que interpreta un exégeta, quien cual oráculo analiza crítica y objetivamente los textos legislativo que las autoridades supremas vomitaron. Y ordena: ¡cúmplase la ley! Y la ley se cumple. Amén. ¡Vaya que si se cumple! Se cumple aunque la personcumple, familia, los ciudadanos, no quieran ser arrancados de su hogar y arrojados a la crudeza de la calle. A la puta calle. Se cumple aunque la ciudadanía interponga su cuerpo para evitar la sentencia, la decisión de un pulgar hacia abajo. Las fuerzas del orden cumpliendo las órdenes recibidas de la justicia hacen su trabajo. Nosotros obedecemos, pero estamos contigo. E intervienen, como podemos oír en los medios en multitud de ocasiones, “empleando los medios necesarios” para cumplir la misión encomendada “de manera proporcionada”. La tómbola se pone en marcha y nunca sabe el resistente si será ganador de la rifa de los “medios necesarios” recibiendo la contundencia de una porra, los efluvios de un bote de humo, o la fuerza de una mano incrustada en tu cara o de un brazo hercúleo que te arranca del abrazo solidario y pacíficamente resistente.
La ley prevalece, la humanidad se ignora, los derechos se cubren con un velo semanasantero quedando ocultos, ignorados, sin saber quién está debajo, si San Antón o la “Purisma Conceción”. Y el negocio es el que prevalece frente a los derechos de las personas, metálico, hiriente, gélido, protegido por el acero de las armas y por quienes lo consideran y defienden como un derecho, el derecho más absoluto. De nuevo la adoración al becerro de oro.
¡Que no decaiga! Ha habido anteriormente otros momentos que parecían el punto final de la situación, tras un suicidio, tras otros casos de desahucios conocidos por su crueldad con las personas, niños incluidos, aunque todo desahucio es en sí cruel. El 2 de septiembre de 2015, cuando el cuerpo sin vida del pequeño Alan Kurdi (Aylan) apareció sin vida en una playa de Bodrum (Turquía), creíamos que sería el último caso que engulleran las aguas del Mediterráneo al intentar llegar a un lugar de esperanza y futuro. Sabemos que algunos barcos que cruzaban el mediterráneo hace más de 2000 años naufragaban y en ocasiones arrastraban al fondo marino su cargamento de ánforas. Hoy en día conocemos el contenido de las ánforas que transportaban, pero no conocemos los nombres de los muchos seres humanos que recientemente y en los últimos años, han naufragado y yacen en el fondo de ese mar, como si solo fueran, comida para peces después de la tragedia.
¡Que no decaiga la lucha! Una lucha que no tiene porqué acotarse al actual paradigma en el que nos encuadran una maraña de leyes y cacareados “derechos” del individuo a la riqueza, un paradigma capitalista en el que el dinero manda por encima de todo. Como indica Yayo Herrero en su libro “Metamorfosis” hay que proponer un cambio radical, una revolución antropológica, una metamorfosis en definitiva. La autora recoge ideas y pensamientos de otras autoras/es que pueden ayudarnos a avanzar en la lucha por la mejora de las condiciones de vida, por una vida más humana, solidaria y cercana. No perdamos de vista que en nuestro mundo capitalista, el beneficio de unos afecta negativamente a otros y solo se toleran soluciones dentro de su lógica de beneficio, riqueza y propiedad. No permite otras visiones del futuro, otras propuestas dentro de otros marcos, de otros paradigmas, que son necesarias porque las soluciones a las crisis pasan por pensar, precisar y nombrar el futuro que queremos, sin ataduras a los marcos culturales actuales. La situación actual de la vivienda requiere precisar las modificaciones que requieren los marcos actuales, tanto culturales como legislativos e interpretativos. Nos quedaremos atados de pies y manos si seguimos en un contexto cultural y social en el que hay derechos de primera clase, como los consagran la propiedad privada y el beneficio, justificados por hábiles trileros sociales que se escudan en “el emprendimiento”, en el “riesgo”, en la “colaboración público-privada” (¡Ja!), en “el esfuerzo individual”, en la resiliencia frente a “la adversidad” y en el “si quieres puedes”. Cuidado con el neolenguaje que es capaz de acabar maquillando lo injustificable y convenciendo a importantes sectores de la sociedad. Un contexto cultural en el que hay derechos que al no poder ejercerse acaban siendo derechos de segunda, como ocurre con muchos de los Derechos Humanos.
Pensar y proponer para debatir y construir colectivamente un nuevo marco social. Pues ahí vamos. Lo primero será establecer las bases sobre las que construir todo, en este caso lo relativo a la vivienda. Al respecto proponemos tres bases para poder construir sobre ellas.
La primera sería el derecho que toda persona tiene a una vivienda digna y a que los Estados pongan en marcha todos los mecanismos necesarios para que se haga realidad. La segunda la prevalencia de los derechos humanos sobre el negocio y la especulación, siendo el Estado y sus distintas administraciones garantes y responsables de que se haga realidad. Y la tercera que el marco legislativo que se establezca, así como su aplicación, sobre todo esta, no sea una exégesis particular de tenor literal del juez/a de turno, sino que tenga siempre como referente de interpretación las bases primera y segunda que hemos propuesto.
Y a partir de aquí podemos empezar a pensar en un nuevo marco de futuro cercano, e incluso inmediato, que construya una realidad diferente que permita avanzar en la solución del problema de la vivienda y que vamos a concretar.
1. Que los pisos construidos con la finalidad de vivienda habitual se dediquen exclusivamente a tal fin y no a viviendas turísticas. El turismo deberá acudir a la red hotelera creada al efecto. ¡Pues vendrán menos turistas! Argüirán unos. ¡Pues donde vivimos lo necesitamos, estamos invadidos por el turismo y no encontramos viviendas en el lugar de trabajo! Responderán otros.
2. Prohibir que los fondos de inversión o empresas de compraventa de viviendas accedan al mercado de la vivienda. Las compraventas se realizarán de particular a particular, debiendo el comprador proceder a habitar la vivienda o a ponerla en alquiler según la normativa estatal.
3. Intervenir desde el ministerio de la vivienda cuando en el marco competencial de las CCAA y Ayuntamientos no se implementes o bloqueen las leyes de vivienda destinadas a la creación de vivienda pública en alquiler o a la puesta a disposición de suelos.
4. Crear un parque de vivienda pública en alquiler que sea suficiente para la demanda.
5. Crear una agencia estatal del alquiler dentro del Ministerio de Vivienda que: a) establezca un catálogo de precios en función de variables como tamaño de la vivienda, estado de conservación, accesibilidad y barreras arquitectónicas b) ponga topes al alquiler, regule las subidas de precio, y establezca sistemas de garantías para arrendador e inquilino ante los incumplimientos de la normativa y los contratos.
6. Crear un servicio de inspección al que recurrir cuando se incumpla la normativa, se incumpla el contrato o no se pueda pagar la totalidad del alquiler, con la finalidad de buscar soluciones que en ningún caso será el desahucio.
7. Grabar impositivamente a aquellas viviendas que no se habiten en un plazo razonable y no se saquen el alquiler sin causas justificadas.
8. Que el estado expropie los pisos en manos de Fondos de inversión y que en su día fueron parque de vivienda pública, convirtiéndolos en vivienda pública de alquiler.
9. Reservar y adquirir el Estado en construcciones de obra nueva un porcentaje a concretar de pisos para vivienda de alquiler.
10. Reducir los precios del alquiler de manera que se ajusten al porcentaje máximo recomendado que se debería dedicar al alquiler del salario de una persona, de manera que permita afrontar el resto de gastos básicos de la ciudadanía.
…
El resto lo puede proponer quien haya llegado hasta aquí e incorporarlo al debate ciudadano, en busca de soluciones colectivas.
¡Que no decaiga! El problema es de la inmensa mayoría de la ciudadanía.





