Algunas valoraciones y propuestas.

A mucha gente le ha sorprendido la ferocidad de los planes y métodos de Israel. Cerca de 9.000 muertos, 2.000 desaparecidos, la cifra sube cada día, prácticamente todos civiles y de ellos casi la mitad menores de edad. Bombardeos masivos, objetivos civiles. El plan, cada vez lo dicen más claro, es la expulsión a Egipto de cientos de miles de habitantes de Gaza. Si pueden, prácticamente los dos millones que allí estaban confinados después de ser expulsados de sus tierras en el resto de Palestina. Respecto a Cisjordania, el otro enclave palestino, ya veremos en el futuro.
Lo otro que ha sorprendido, y mucho, a amplias capas de la población occidental es el apoyo total de la UE/Europa occidental a Israel “haga lo que haga”. Por supuesto los mensajes gubernamentales van desde la claridad meridiana de Alemania y Francia o Reino Unido, a las lastimosas llamadas, como la del gobierno español, a que Israel se ciña en su respuesta “al derecho internacional”, como si además todo esto hubiese empezado el 7 de octubre de 2023 y no en 1936 como bien cuenta Perry Anderson. También algunos sectores esperaban que Biden, tras reemplazar a Trump, pusiera un poco de freno a todos estos planes y acciones de Israel. Pues bien, el suministro estadounidense de bombas, muchas de ellas de gran potencia, se ha multiplicado en estos días. Por cierto que estaría bien saber si están pasando por Rota, Morón o Torrejón de Ardoz. No sería la primera vez.
Muchas voces migrantes o racializadas han recordado el continuo colonialista de Occidente. Y otros como Philippe Poutou, portavoz del NPA, contaba como hay una Francia que apoya a los colonos israelíes porque le recuerdan a los colonos franceses en Argelia. Pero hay además mar de fondo. Como han contado Nuria Alabao o Gustavo Petro esto va de aviso a navegantes. En sus diferentes reflexiones hablan de un mundo que camina hacia crisis climáticas y crisis de disponibilidad de recursos naturales. Cualquier pueblo del mundo o sectores sociales de los países del “modo de vida imperial” que se oponga a los planes del capitalismo occidental será tratado sin contemplaciones. El resto de capitalismos, que los hay, lo están demostrando con la invasión rusa de Ucrania o una China, que si bien se dedica a la “compra” de regiones cultivables y gobiernos por el mundo, tiene a casi dos millones de uigures en régimen de “severa vigilancia policiaco militar”. A esto habría que añadir como se reprime cualquier sindicalismo social o laboral en estos países. En todos los sitios cuecen habas y la competencia interimperialista hace acelerar la represión en todos los países ante cualquier movilización o cuestionamiento serio. El petróleo, el gas y minerales estratégicos baratos van a escasear en un futuro no muy lejano y los gobiernos occidentales, incluido el español, ignoran deliberadamente la subida de temperaturas: no hay reducción del ritmo de consumo de energía y el “crecimiento económico” sigue siendo el objetivo. Esto significa que las actuales relaciones de control de Oriente Medio se deben mantener sí o sí.
Frente a todo esto lo que ha sido algo nuevo, y esperanzador, es la magnitud de las movilizaciones por Palestina en todas las partes del mundo, incluidos EEUU y Europa. De hecho el relato de Israel como víctima se ha roto en EEUU, en parte por la acción de mucha de la población de origen judío harta de ser usada por el sionismo y el imperialismo de su país. En Europa varias “democracias” no han podido impedir el que cientos de miles de personas con banderas palestinas salieran a las calles a pesar de la represión inicial y que aún continúa.
Esas manifestaciones masivas tienen que presionar a sus gobiernos por objetivos concretos y realizables: ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, cese de la compra y venta de armas con ese país, que deje de ser Socio Comercial Preferente de la UE, que EEUU deje de suministrar las bombas que están diezmando Gaza, fin de las colaboraciones policiales en formación e intercambios de información y, en general, boicot, desinversiones y sanciones. También debemos pensar seriamente en añadir a las manifestaciones masivas acciones que presionen a los múltiples actores que apoyan y colaboran con Israel, desde gobiernos a empresas. Se han realizado bloqueos en algunas ciudades de Europa y EEUU a empresas o bien israelíes o bien que comercian con aquel país. Hay que profundizar en ese camino. Algunas están en polígonos industriales pero otras están en dentro de los núcleos urbanos. También la normalidad institucional tiene que verse afectada por este conflicto. Es nuestra tarea en Occidente.
Para acabar citar dos reflexiones, una sobre la cuestión palestina y otra sobre el mundo árabe. La primera sobre la alternativa a la situación actual. Como plantea la izquierda palestina (FPLP y otras corrientes) o la israelí (movimiento antisionista, o el Alternative Information Center -a través de su portavoz Michel Warschawski-) no son viables dos estados, como plantean socialdemócratas o socialiberales europeos. Solo un estado plurinacional laico puede dar una salida de convivencia a las personas que habitan en Palestina. Esto pasa evidentemente por la disolución del estado sionista de Israel. Si parece estar lejos no está de más recordar los 132 años que duró la colonización francesa en Argelia, de hecho 2 años antes de la independencia la gran mayoría de los franceses la veía imposible, incluida parte de su izquierda. O los 44 años del apartheid sudafricano que también nos parecían eternos a final de los 80. Todas estas luchas son de largo recorrido. Como también lo es, y aquí paso a la segunda reflexión, que las masas del mundo árabe y/o musulmán consigan construir regímenes democráticos que conduzcan a la justicia social. Y organicen un poder popular que barra el imperialismo occidental de sus países pero también a las élites corruptas e integristas desde Irán a Siria pasando por Egipto, Marruecos o Arabia Saudí e incluyendo a la propia Palestina. Solo así habrá una alternativa justa y emancipadora.
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