De nuevo, la crisis griega

El acuerdo firmado por el gobierno heleno tras 17 horas de negociaciones sumirá en una mayor pobreza al pueblo y privatizará al país a costa de un rescate que se quedan los bancos y los mismos acreedores que se lo conceden.

Foto: European Council.

El acuerdo firmado en la mañana del lunes en la cumbre de líderes de la zona euro de la Unión Europea, deja a Grecia en una situación económica lamentable y con un nuevo memorando sobre la mesa que podría ser aprobado por el parlamento griego. Algo para lo dispone un plazo máximo de 72 horas. 

Miles son las voces que parece no haber escuchado Syriza en su país y millones en Europa. Ante una alternativa extrema como era la expulsión del euro, ha aceptado un acuerdo que debilita, todavía más, la escuálida economía del ciudadano griego, y deja en manos privadas el poco patrimonio heleno que quedaba sin vender. Un acuerdo peor que el ofrecido antes del referéndum.

La austeridad impuesta desde Alemania y secundada por una Unión Europea, cada día más alejada de la política, debe ser aprobada por el parlamento griego antes de este miércoles, algo que ya está generando un cisma dentro de la coalición de izquierdas Syriza, donde una parte de sus parlamentarios han anunciado que votarán en contra.

Su oposición es frontal a la venta del país, en forma de bancos, puertos, aeropuertos y compañía eléctrica, pero también a la imposición de cambios legislativos en materia económica, como la subida del IVA, o el ajuste de las pensiones e incluso al cambio del Código Civil. Un acuerdo demasiado malo como para ser aceptado. Demasiado malo para ser cierto.

Akis Badoggianis, miembro del Comité Central de Syriza, decía este lunes en un artículo que el gobierno había cedido "a los enredos de tipo 'religioso', al terrorismo del titular", a lo que añadía que Tsipras había perdido la capacidad de "desafiar a la UE". En la misma línea, Panagiotis Lafazanis, ministro de Reconstrucción Productiva, Medio Ambiente y Energía, expresaba su "profunda e inequívoca oposición a una 'propuesta' que supone el riesgo de perder la custodia de mi país", en relación al acuerdo firmado que impulsa un gran plan de privatizaciones. El Viceministro de Seguridad Social Dimitris Stratoulis también ha anunciado su voto en contra del acuerdo. 

Así, el acuerdo firmado "con una pistola en la sien", como aseguraron fuentes cercanas al gobierno de Tsipras, ha supuesto un cisma, quizá salvable, dentro del gobierno de Syriza, pero la casi segura ruptura de la coaliciónNikos Hountis, viceministro de Relaciones Exteriores, renunciaba este lunes, convirtiéndose en el primer miembro del gobierno en dar la espalda ideológicamente a un acuerdo que muchos consideran inadmisible.

Yanis Varoufakis describía el acuerdo, en una entrevista a una radio australiana, como un "nuevo Tratado de Versalles" para posteriormente compararlo con el golpe de estado de 1967 que dio lugar a la dictadura militar griega. "En el golpe de Estado se eligió un arma para echar abajo la democracia, entonces fueron los tanques. Esta vez son los bancos. Los bancos han sido utilizados por las potencias extranjeras para hacerse cargo del gobierno. La diferencia es que esta vez quieren apoderarse de toda la propiedad pública".

Todas estas declaraciones contrastan con la línea oficialista de la coalición. Nikolas Filis, portavoz parlamentario de Syriza, declaraba que quien no estuviera a favor de la línea tomada por el partido en los últimos días "debería dimitir".

Sumada a esta revuelta dentro de Syriza, Tsipras se va a encontrar, antes de aceptar el paquete de medidas impuestas, con una Grecia sumida en protestas, algo que no ocurría desde enero, cuando del triunfo de Syriza en las elecciones surgió de nuevo un halo de esperanza en muchos griegos. Esta misma tarde mil personas se manifestaban en la Plaza Syntagma.

Para el próximo miércoles se espera una huelga general convocada por el sindicato de funcionarios ADEDY, y que se verá apoyada por una manifestación que ha anunciado la central sindical PEMA y el Partido Comunista Griego (KKE).

La firma de este acuerdo viene a desestabilizar políticamente a un país que vive una inestabilidad continua en lo económico. Un documento que ya ha sido aprobado este lunes por el parlamento alemán, y eso es mucho decir sobre el mismo, y que de aprobarse en el parlamento griego, podría terminar con el gobierno de Syriza y obligar a un adelanto de elecciones en el que la división dentro de la coalición de izquierdas sería un punto muy desfavorable. 

Aún así, si las medidas son aceptadas, la guerra entre democracia y finanzas no habrá terminado, y durante este verano veremos recrudecerse la crisis griega. La que desde hace años vive el pueblo griego. Quizá emerger una nueva. Una crisis impuesta por la troika. Esa misma que sin querer fue capaz de alzar a Syriza al poder y que ahora, con la amenaza premeditada, trata de arrebatárselo

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