De hogares, bienes de mercado y rescates varios

Un hogar no es un bien de mercado, aunque pueda comprarse, alquilarse, compartirse, cederse e incluso heredarse. Un hogar es un techo, un suelo, unas paredes, ladrillos, tuberías, cables, pero, aunque cada una de sus partes puede considerarse un bien de mercado, no lo es. Un hogar es un espacio seguro, lo opuesto a la intemperie y a pesar de los terribles casos, que algunos se empeñan en negar, en ocasiones, un hogar es una cárcel y una cámara de tortura, pero la mayoría de las veces es la calma, el descanso, el lugar donde sueñas, cuidas, amas, creces, envejeces …

mercado escena

Un hogar no es un bien de mercado, aunque pueda comprarse, alquilarse, compartirse, cederse e incluso heredarse. Un hogar es un techo, un suelo, unas paredes, ladrillos, tuberías, cables, pero, aunque cada una de sus partes puede considerarse un bien de mercado, no lo es. Un hogar es un espacio seguro, lo opuesto a la intemperie y a pesar de los terribles casos, que algunos se empeñan en negar, en ocasiones, un hogar es una cárcel y una cámara de tortura, pero la mayoría de las veces es la calma, el descanso, el lugar donde sueñas, cuidas, amas, creces, envejeces y del que sacas fuerzas para salir a la calle, con o sin mascarilla para seguir ganándote la vida (maldición bíblica a la que se aferran quienes niegan la necesidad y posibilidad de una renta básica universal incondicional).

Otra cosa es una vivienda, o una propiedad inmobiliaria, esas son “bienes de mercado”, espacios que se adquieren para ganar dinero en una reventa provechosa (¿alguien recuerda aquel mantra de pase lo que pase una casa siempre sube de precio?), o para ganarlo, en demasiadas ocasiones, (no negaré la existencia de propietarios justos con el alquiler, porque hay gente decente en todas las clases sociales) con un alquiler calculado en base al mercado.

Un precio calculado con el fiel de la oferta y la demanda, y con un toque chic de mejor vivienda turística que les encantas con tres fotos y les clavas un pastón pero para el rato de vacaciones que han comprado no van a perderlo litigando; o una pizquita de como caben cuatro, calculo lo que pueden pagar cada uno y listo, y con una buena dosis de sana precaución (en la que nada han influido los anuncios de alarmas o las oficinas antiokupas) que te puede llevar a pedir dos nóminas, un aval, tres mensualidades adelantadas y un certificado del cura de tu pueblo, y aun así negar el alquiler si no te gusta su cara (o el color de la misma) sin que nada ni nadie pueda decirte nada, esa vivienda es un bien de mercado y el mercado es libre y no conoce límites.

Quizás el problema con el PSOE es que confunden churras con merinas y no se dan cuenta que cuando se demanda la limitación de los precios del alquiler y el incremento del parque público se está hablando de hogares, no de “viviendas”.

Si repasamos las declaraciones del ministro socialista y sus dos apuestas alternativas a lo que cada día más organizaciones y plataformas y partidos le reclaman, por un lado, la ampliación del parque de vivienda, tampoco podemos echar las campanas al vuelo, salvo iniciativas municipales como las de Barcelona en Común, adquiriendo solares en la ciudad consolidada para construir vivienda pública de alquiler, lo que vemos en nuestro entorno es la venta o cesión de espacios a negocios bien alejados de procurar alquileres asequibles, incrementos solapados de las rentas y desprecio por iniciativas maduras incluso con financiación europea; sin olvidar que mucho más rápido que construir es incorporar al parque público las viviendas de la SAREB.

Y en segundo lugar, los beneficios fiscales, siempre suenan bien (olvidando que suponen una merma en la recaudación de ingresos públicos), pero están muy lejos de ser útiles para la población que realmente no consigue un hogar ya que si son para la compra solo benefician a la minoría que puede arriesgarse a adquirir, y si son para el alquiler, malamente te apaña nada un descuento en el IRPF, que quizás ni siquiera declaras, cuando lo que no te alcanza es el sueldo para pagar el alquiler cada mes, porque si es de otro modo, al estilo del Bono Vivienda del Ayuntamiento de Madrid los únicos beneficiarios son quienes jamás se calificarían como prioritarios con criterios sociales.

Asistimos a mucho ruido y muchas teorías, pero la cuestión que plantea el PSOE es un problema sencillo de resolver, basta repasar el sacrotexto constitucional, leer el artículo 47 “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho (…)” y seguir con el 128 “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”

En la crisis pasada salvamos a los bancos (y seguimos pagando por ello) que se doparon con el bien del mercado inmobiliario hasta explotar con todas dentro, en esta salvaremos a los sectores productivos (no olvidemos el peso de la construcción o el turismo en la economía nacional) y nos dejaremos fuera a la gente, como nos dejamos entonces los hogares por los que hoy seguimos peleando.

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