El día 30 de marzo fue el día internacional de las empleadas de hogar y las mujeres salieron a manifestarse reclamando “no más cuerpos rotos por cuidar”.
El empleo de hogar sigue sosteniendo un sistema que invisibiliza y precariza el cuidado trasladándolo de las mujeres privilegiadas a las mujeres racializadas condicionadas por una ley de extranjería que cancela sus derechos.
A pesar de las reclamaciones feministas por poner los cuidados en el centro, los cuidados siguen sin tener valor en este sistema, se sigue asumiendo que se hacen casi por arte de magia, sin que haya un clamor social que exija que se puedan desarrollar con dignidad.
Pero el trabajo de cuidados es costoso, costoso en carga mental pero también en carga física dentro de hogares donde casi todo se hace a fuerza de voluntad. Todas las personas a quienes les ha tocado cuidar de cerca, la mayoría mujeres, saben a qué nos referimos, pero quienes trasladan esas labores a otras no siempre lo valoran como debieran.
El trabajo de cuidados destroza las espaldas y afecta a las mentes, pero queda mucho trabajo de sensibilización social para que esto se haga consciente y se tomen medidas realmente efectivas para corregirlo.
Cuidar es un trabajo esencial que sigue resolviéndose en los hogares, las administraciones dan una cobertura muy escasa para cubrir las necesidades y el Estado español ocupa el primer puesto de los estados de la UE en la contratación de empleadas de hogar.
Y en esta forma de cuidar es imprescindible hablar de la situación de las personas internas, en las que se aprovechan de la falta de regularización ágil de la situación administrativa de las personas, para perpetuar condiciones de esclavitud con salarios muy por debajo del salario mínimo, ausencia de tiempo propio e invisibilidad de su situación.
A pesar de la fuerte demanda de trabajo de cuidados, el empleo de hogar no entra en el catálogo de trabajos de difícil cobertura para contratar en origen. Aun así, en 2023, el 40,5% de los permisos de trabajo concedidos a mujeres extranjeras fueron para trabajo del hogar pero estas regulan su situación por la vía del arraigo que es mucho más larga, de hecho las mujeres empleadas de hogar tardan hasta casi nueve años de media para conseguir la nacionalidad.
Queda mucho camino por andar para que la ratificación del convenio 189 se traduzca en medidas efectivas que equiparen en derechos laborales este trabajo con cualquier otro y establezca las condiciones para que no se sostenga en la sobre explotación de las vulnerables, la mayoría mujeres migrantes.
Pero este camino no se anda solo y por eso queremos poner en valor la red que tejen las trabajadoras del hogar que permite canalizar su lucha en primera persona del plural y en el que debemos implicarnos toda la sociedad porque cuidar es esencial para la vida y el motivo principal de porque vivimos en sociedad.
El avance en el feminismo pasa por visibilizar ese suelo pegajoso que impide desarrollar las condiciones de vida y no solo en el techo del cristal al que apelan las neoliberales. Un feminismo con conciencia de clase que nos impulse, esta vez de verdad, a no dejar a nadie atrás.

