A qué llamamos cuidados? a una amplia gama de procesos necesarios para la sostenibilidad de la vida humana, muchos de ellos altamente especializados. Son imprescindibles pero la sociedad en su conjunto no los valora ni se responsabiliza de ellos. Mientras son obviados por sus mayores beneficiarios - hombres, empresas, estado-, las mujeres siguen mayoritariamente haciéndose cargo. Los cuidados no mueven dinero pero son economía en el sentido de que generan calidad de vida, material y emocional: cubren necesidades materiales y necesidades de relación y afectos.
Entre las conclusiones del citado estudio encontramos:
Las mujeres dedican un 40% más de tiempo que los hombres a las tareas de cuidados. Estos disfrutan de más tiempo propio. Ellas se sienten responsables de estas funciones, lo que aumenta su sentimiento de culpa y su mayor implicación en las mismas. Mientras que las mujeres intentan solucionar su sobrecarga en el ámbito privado - ayuda familiar, reducción de jornadas laborales, renuncia a crear familia propia, dedicación a los demás y menor capacidad de elección-, los hombres aluden en mayor medida a la falta de recursos públicos para atender estar tareas, y se muestran reacios a admitir su necesidad de cuidados. Abuelos/as se confirman como apoyos fundamentales en la crianza infantil. El sector femenino se resiente especialmente en los casos de madres solas, de mujeres adultas que cuidan de mayores y de familias con miembros con diversidad funcional. Y por supuesto aparece un alto porcentaje de dobles jornadas.
La crisis agrava la falta de recursos para cuidar, pero las demandas de flexibilidad horaria, servicios, etc., se dirigen hacia las instituciones públicas en mucha mayor medida que hacia las empresas. El modelo clásico de división sexual del trabajo sigue vigente. Es un modelo injusto que considera natural algo que no lo es: la responsabilidad de las mujeres sobre los trabajos de cuidados, que las condena a realizarlos de forma invisible y gratuita, "por amor Necesitamos reformular esa división del trabajo por sexos con una labor educativa dirigida a toda la sociedad. ¿Por dónde empezamos?
Algunas ideas:
-La interdependencia. Todos/as somos interdependientes, todxs necesitamos cuidados. Es necesario mostrar que quien no cuida es porque tiene tras él a otra/s persona/s que suplen su carencia.
-Nombrar y dar valor a las actividades imprescindibles para el cuidado de la vida humana que han permanecido ocultas, sin reconocimiento social y desarrolladas tradicionalmente por mujeres. Se trata de recuperar los espacios privados y domésticos de relación social, de recuperar el mundo invisible, de analizar su participación en el proceso de reproducción humana y constatar cómo el mercado se apoya en este mundo oculto.
-No existe el trabajador champiñón, el estudiante champiñón ni la sociedad champiñón. Llegamos a nuestros quehaceres cotidianos porque nos alimentan, nos lavan la ropa, nos planchan, nos escuchan... mayoritariamente mujeres.
-Es necesario sacar de los hogares un montón de tareas que se hacen dentro, como la atención a la dependencia. Se deben generar empleos de cuidados de calidad, con condiciones de trabajo dignas, y ahí la economía social juega un papel fundamental.
-No hemos aprovechado el momento de crisis para exigir a las empresas unos horarios que nos permitan a todxs atender a niñxs y mayores, y descansar; permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles; la inserción de cláusulas sociales en los contratos que las instituciones establezcan con empresas... unas condiciones laborales que sean compatibles con la vida, y no una vida al servicio del beneficio económico empresarial. El conflicto entre capital y vida es estructural: la lógica de acumulación del capital es incompatible con la lógica del sostenimiento de la vida.
-Preguntarnos qué hacemos con los cuidados es preguntarnos por el modelo económico que queremos. Son los cuidados los que está ajustando el ciclo económico, supliendo todas las carencias que han dejado los recortes en lo público y la falta de implicación de las empresas y de los hombres. La economía tiene que estar al servicio de la gente y no la vida de la gente al servicio de los procesos de acumulación de los mercados. Es ineludible por tanto que partamos de un cuestionamiento previo de la realidad, porque la igualdad real entre mujeres y hombres tanto a nivel social como en el reparto de los cuidados no podrá alcanzarse sin una transformación profunda del modelo socioeconómico actual. En ese sentido, iniciativas como ésta deben aspirar a ser un punto de inflexión, identificando estrategias que permitan dar respuestas aquí y ahora, en el marco de las estructuras actuales, pero sin perder de vista la necesidad de construir nuevas estructuras que aboguen por un modelo de organización colectiva, social y económica corresponsable con el cuidado de las vidas, de manera que sea la vida y no la obtención de beneficios económicos quien guíe el desarrollo económico y social del conjunto social.
-Es necesario que las políticas públicas de igualdad evolucionen desde una concepción que centra la intervención social sobre los problemas de las mujeres y que, en consecuencia, requiere de acciones específicas compensatorias, hacia otra concepción que reconozca la desigualdad entre mujeres y hombres como un déficit democrático y por tanto, como un problema político y de responsabilidad pública colectiva. Ya no se debe poner sólo en el punto de mira a las mujeres, sino también las dinámicas sociales que producen su situación estructural de desigualdad. Esto implica un cambio operativo en el que la igualdad entre mujeres y hombres y la puesta en valor de las esferas invisibilizadas de la economía adquieran estatus de prioridad en la política municipal, creando las estructuras adecuadas para ello.
Pese a su falta de reconocimiento social, es en los cuidados donde se juega la responsabilidad de sostener la vida, por eso, ahora que viene una nueva campaña electoral, no pueden ser el último punto del programa sino su columna vertebral.
