Estudio Historia y la sensación que me queda (con excepciones) después de los exámenes es la de haber vomitado un montón de nombres de señoros y fechas.
Soy de Aragón y hasta hace poco no me sonaba de nada el nombre de Elisa Garrido, ni de Francisco Ponzán. Vivo en Zaragoza y el 90% de las calles tienen nombre de hombres. ¿Soy yo la rarita o vivo en una sociedad con la que no conecto y no me identifico?
Cuando escucho hablar de la II República suena siempre la misma canción “Es que la República no fue tan buena, no la idealicemos, es que los rojos violaban monjas” y me tiene un poco hasta la punta más alta del pelito que se suelta del moño. En este tipo de conversaciones parece que todo el mundo tiene un Doctorado en Historia de España Contemporánea y a mí me viene el tic nervioso. Ojalá fuese tan fácil de resumir de forma tan simplona, pero como no es posible, en esos momentos de monólogo sabelotodo, es mejor hacer como que te llaman al móvil y huir. Así que no seré yo quien haga una síntesis de ese periodo histórico. Creo que los gobiernos los manejan los sillones y quien pone su culo en él, lo importante es qué haces tú con los valores republicanos, si los vives, como una creencia firme y noble de igualdad, solidaridad y fraternidad, todos los días del año.
Luego aparecen los salvadores de la Patria montando “la primera semana democrática”. Oigan, señoros republicanos del PSOE, que llevan los últimos ocho años sentados con las riendas de Aragón, ¿de verdad que nunca se les pasó por la cabeza algo tan valioso como un homenaje anual a la República y sus víctimas? Creo que nunca voy a olvidar un momento clave, os pongo en contexto: jornada sobre las exhumaciones de las fosas comunes en Aragón presentada por la directora general de Patrimonio y Memoria Democrática, llega el turno de preguntas y yo, que soy un poco descarada se me ocurre preguntarle sobre el presupuesto invertido en 2022 y la previsión para 2023. Su respuesta mientras trastea cuatro papeles “Uy, esa información no la tengo”. No entendí que le cortocircuitasen las neuronas o la cara de sorpresa que puso, ¡ni que le hubiese preguntado a cómo compra ella el kilo de pollo!
Como mujer y republicana quiero calles, plazas y avenidas con nombres de gente valiente, que me hagan estar orgullosa de nuestra Historia, que me recuerden que cuando se cruza la senda de la Libertad con la de la venganza, a pesar del dolor y la tragedia, siempre hubo quienes dieron su vida por salvar vidas de las garras de la violencia. Quiero rutas del exilio, quiero un Paseo de Elisa Garrido, una plaza de Francisco Ponzán, una avenida Rosario Sánchez Mora y un parque Ramón Acín. Gente corriente que hizo cosas extraordinarias, héroes y heroínas que viven en el olvido injustamente y a las que mínimo les debemos un presente dignificado.
Estoy segura de que al Señor Lambán le pasó lo mismo que a mí, y que en el proceso post exámenes de olvidar carolingios, griegos y modernos se le escaparon los valores republicanos sin por supuesto, darse cuenta.




